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7/10/11

la muerte al detalle y las iCosas

Steve Jobs, el genio detrás de Apple.

Ayer y hoy (y supongo que durante muchos más días), todo el mundo habla de Steve Jobs. Algunos incluso reflexionan sobre si no nos estamos pasando con el temita. Asunto peliagudo, el de la información post-mórtem. Ya se sabe aquello típico, que se produce en cualquier funeral (y todos lo hemos experimentado), cuando el sacerdote alaba las virtudes de una persona a quien no conocía, en una muestra de hipocresía galopante. Y tú estás allí, escuchando, y piensas: "¡Pero si era un hijoputa que puteó a todo el mundo mientras vivió!". Pero mientras estemos en una sociedad políticamente correcta de "tragar y callar", estoy seguro de que nadie tendrá los arrestos para levantarse en un funeral y exclamar: "¡Todo eso es mentira!".

En la prensa (general o especializada, da igual) el género de las necrológicas (aparte de reflejar también esa tendencia a alabar todo lo bueno –sea cierto o no– y a omitir lo malo), ha caído en la decadencia. Dicen que hace años, en los periódicos norteamericanos, el tema se cuidaba especialmente y existían verdaderos expertos a la hora de escribir hagiografías. Pero en este país, la situación es otra. Yo tengo muy claro qué debe ser una necrológica, qué debe contar y quién debe escribirla.

Con la increíble fuente de saber (muchas veces erróneo) que supone internet, cualquiera puede glosar la vida y los milagros de cualquiera, sea un escritor, un músico, un científico o un deportista, aunque no haya leído sus libros, oído sus discos, estudiado sus teorías o presenciado sus marcas. A golpe de Wikipedia (o copiando los obituarios de Associated Press o cualquier otra agencia de noticias) de repente, y como por ciencia infusa, cualquiera se convierte en el mayor experto del fiambre.
Esto lleva a un replanteamiento del género de la necrológica: más allá de saber dónde nació el personaje, de qué ha muerto, en qué mes y año ha conseguido sus logros y otros detalles que, por abrumadores, acaban por aburrir, y que, encima, puede encontrar cualquiera, hay que aportar datos que nadie conozca o profundizar en lo que significó.

Según esto, solo podría escribir una necrológica alguien que conociera personalmente al difunto, el único capaz de aportar datos que no aparecen en la Wikipedia. Eso, a veces, es posible, pero no siempre. ¿Cuál es entonces la opción? Buscar a alguien que, aunque no fuera íntimo del personaje, sí conociera su obra, y pudiera explicar subjetivamente (y esa es la gran diferencia respecto a las necrológicas actuales, perdidas en fechas y números inútiles pero, eso sí, muuuuy objetivos) lo que significó para él y cómo afectó a su vida.

Lo mejor será poner un ejemplo. Si muere, por decir algo, un pianista de blues de Nueva Orleans, no le encargues el obituario a un periodista todo terreno que te escribiría sobre cualquiera y te reproducirá los mismos detalles que aparecerán en todas partes, porque eso será un artículo frío, sin vida: eso sí, con muchas fechas, títulos de canciones y de álbumes e infinidad de detalles que a pocos interesan (solo a quienes padezcan un TOC) y que pronto se olvidan (a veces tengo la sensación de que de algunos personajes se escribe más cuando han muerto que cuando están vivos; qué raro, ¿no?). En ese caso, tienes dos opciones (descartamos ya la de alguien que le conoció personalmente): o le encargas la necrológica a un periodista que conoce la obra del finado (vamos, que seguía toda su discografía, por rara que fuera), o a un músico que se vio muy influido por el personaje. En ambos casos, contarán cómo les afectó personalmente la música del homenajeado, con lo que sus artículos serán más apasionados. ¿Que les faltan fechas? ¿Y qué? El día que muera Clint Eastwood, a un fan de sus películas lo que realmente le interesará es que alguien le cuente cosas que no sabía o qué sentimientos le provocaba; le importará un comino qué año dirigió "Sin perdón" o si "Los puentes de Madison" se basaba en una novela. A eso deberían tender las necrológicas.


Volvamos al caso de Steve Jobs. Por desgracia, yo no lo conocí personalmente (ni tampoco a Bill Gates, cosa que también me encantaría), pero –y supongo que como miles, millones de personas en el mundo– sí he disfrutado de sus creaciones. Esa simple experiencia (la mía y, repito, la de los miles de usuarios de Apple) me permite (nos permite) hablar de Jobs con más propiedad que el típico redactorcillo que se limita a copiar fechas y datos y a escupirlos de forma mecánica.

He contado en anteriores ocasiones que mi "ingreso" en la informática fue tardío, tras malas experiencias previas con inventos diabólicos como el Amstrad (supuestamente un ordenador; en la realidad, una máquina de escribir que te quemaba la vista con sus letras verde fosforito). Mi primer contacto con un Mac (en aquella época los llamábamos con el nombre completo, Macintosh) fue cuando trabajé como becario en el diario 'Avui', allá por 1985. Recuerdo que era uno de esos modelos primitivos, con pantalla cuadrada y pequeña.

No volvería a ver otro hasta 1990, cuando empecé a trabajar en otro periódico, el desaparecido 'Las Noticias', y allí mi relación con el Mac fue más estrecha, ya que gracias a un (en ese momento) avanzado sistema los redactores podíamos escribir y maquetar el texto. Llegados a este punto, supongo que muchos pensarán que me convertí en un loco de Apple. Pues no, ya que, por el contrario, caí en las redes de la competencia y me convertí en un pecero irreductible, otro esclavo más de la secta Windows. Esto tiene una explicación técnica: en esa época, tener un Mac a nivel de usuario doméstico era poco más o menos una proeza, por las dificultades añadidas que tenía: se encontraban pocos programas, las conexiones a internet no estaban preparadas para su configuración, no abundaban las tiendas...

Naturalmente, Apple no solo es Mac, y tendríamos que hablar del iPod, el iPhone, el iPad... El primero nunca llegué a tenerlo: nunca he sido de llevar música encima (ni en la época de los horribles walkman, ni de los pesados discman). Pienso que, como se dice vulgarmente, hay que salir de casa meado; dicho de otro modo, la música es para escuchar en casa, no en el metro ni corriendo, por mucho que quieras ir de místico a lo Murakami.

En cambio, hace poco más de un año caí en la tentación del iPhone. Yo, que era un usuario a muerte de los Motorola (y, atención, siempre de los modelos de concha o tapa, un recuerdo subliminal de los intercomunicadores de "Star Trek")  y renegaba de las pantallas táctiles y todo eso, ahora no podría vivir sin mi iPhone. Es mi sueño hecho realidad, con todas las aplicaciones que siempre he deseado, por tontas que parezcan: ¿Cuántas veces has estado en un bar y has oído una canción y venderías a tu madre por saber el título? ¿Cuántas veces te has encontrado perdido en una calle de otra ciudad preguntándote dónde puedes encontrar una farmacia? Ahora tienes todas esas respuestas, y muchas más.

¿Y el iPad? Bueno, eso, al igual que el iMac con pantallón para mi casa, tendrá que esperar... a que me toque la lotería, porque de otro modo lo veo difícil. Y estoy seguro de que (lamentablemente ya sin Steve Jobs) Apple seguirá sacando iCosas de todo tipo, siempre útiles y estéticamente bellas (el diseño es una de las grandes bazas de la marca). Y uno, como si fuera Batman con sus bat-artilugios, se sentirá un superhéroe de la tecnología.

Todo eso, gracias a Steve.

28/6/11

una mica d'autobombo

És innegable: tots tenim el nostre orgull. Per això, quan ve algú amb la intenció de fer-te una entrevista perquè parlis de la teva professió, interiorment sents una mena de satisfacció que és molt difícil descriure amb paraules. Vanitat? Potser sí... I què? Teniu algun problema?

La situació és aquesta: fa unes setmanes un estudiant de Periodisme de la Complutense de Madrid, Francisco Javier Molina García, es va posar en contacte amb mi perquè havia de fer un treball per a l’assignatura d’Informació Cultural. El tema escollit era la crítica de música, i em va triar a mi. Abans de tot, li vaig deixar clar que totes les opinions que li donaria són les meves opinions com a persona i professional, no en representació de cap revista (bé, vull dir Rockdelux).

El Francisco Javier em va enviar un parell de qüestionaris i li vaig respondre extensament, amb la condició que m’enviés l’article acabat, que ell va titular amb una de les meves declaracions: “Que te guste el trabajo de un artista no significa que pierdas tu independencia”.

En lloc de reproduir aquí l’article, reproduiré l’entrevista sense editar, molt més interessant perquè inclou respostes que no va posar en el seu treball. Això sí, està en castellà.

PD. No és el primer cop que un universitari contacta amb mi per fer un treball. Anteriorment un altre d’una universitat catalana (ara no recordo si va ser l’Autònoma; és igual), em va contactar per un treball sobre el programa Sputnik. No és per res, i potser no està bé que ho digui, però el cert és que la conclusió de l’extens treball és que la millor etapa del Sputnik va ser aquella en què jo formava part de l’equip. Sincerament, no feia falta un treball per arribar a aquesta conclusió...

I aquí teniu la primera part de l’entrevista:

Lo primero que quería hacer es preguntarte acerca de tu formación. Si no me equivoco, estudiaste Periodismo e hiciste un posgrado en Periodismo Digital. ¿Consideras que un crítico musical debe pasar necesariamente por una carrera, por Periodismo en concreto, o se puede ser un buen crítico autodidacta? ¿Cuál es su formación idónea?

En efecto, estudié Ciencias de la Información-Periodismo y, bastantes años después, un posgrado en Periodismo Digital. En este último caso fue porque consideré necesario un reciclaje para adaptarme a los nuevos medios. Sinceramente, siempre digo que no aprendí nada en la carrera de Periodismo: es decir, si no sabes escribir, no vayas a la universidad creyendo que te enseñarán a hacerlo. En mi caso, creo que sabía escribir, y el paso por esa carrera fue un puro trámite. Me gustaba mucho el cine y era la única carrera en esos momentos que contaba con una asignatura de Historia del cine –de hecho, fue mi única matrícula de honor-. No creo que para ser crítico debas pasar necesariamente por la universidad: lo básico es que sepas escribir correctamente y, en segundo lugar, que tengas curiosidad por investigar y descubrir música más allá de lo que los medios de comunicación marcan. Y, naturalmente, escuchar mucha música, de todas las épocas, no solo los hypes del momento, para tener referencias.

¿Cómo entraste a formar parte del mundo de la crítica musical? ¿Era un objetivo que tenías marcado, o fueron las circunstancias las que te llevaron a él?

Fue algo casual. Aunque me gustaba la música nunca me lo había propuesto o lo tenía como meta. Cuando estaba en tercer curso de la carrera trabajé como becario en un periódico en catalán, 'Avui'. Allí pasé por todas las secciones hasta que terminé en la de Cultura y Espectáculos, algo en principio ideal para mí porque quería dedicarme a la crítica de cine. Pero el cupo de críticos de cine estaba completo y, casualmente, la chica que se encargaba de la crítica musical se marchó y el puesto quedó vacante. Y así empecé. La primera crítica que publiqué fue de un concierto de Ilegales.

¿Son los comienzos en este mundillo mucho más duros que lo que viene después, cuando más o menos te asientas?

Bueno, sí, porque al principio te enfrentas con un mundo desconocido. En mi caso, me pasé un día llamando a discográficas y promotoras de conciertos para presentarme y explicar que a partir de ese momento escribiría las críticas para ese periódico, para que me tuvieran en cuenta en su mailing y en sus envíos de discos. Con el tiempo vas conociendo a gente y haciendo contactos que te permiten acceder a otros medios.

La crítica musical, ¿es un trabajo seguro en lo económico? ¿O es aconsejable tener una fuente de ingresos alternativa?

En absoluto: la crítica y el periodismo musical es una de las profesiones más inestables que existen, aparte de estar poco (por no decir mal) pagada. Durante toda mi carrera he mantenido la crítica musical (y la información musical, porque también hago entrevistas, reportajes, artículos de opinión, etc.) como un “sueldo complementario” mientras trabajo en otras cosas. He tenido la suerte de que esas “otras cosas” siempre han tenido relación con el periodismo (aunque no necesariamente musical). Pero conozco a críticos que tienen ocupaciones que no tienen nada que ver con la música. Además del complemento económico que supone, para muchos también es una “vía de escape” que les permite escapar de la rutina de sus trabajos “oficiales”.

Una de las frases más repetidas en esto del periodismo es que la vocación es fundamental. Aplicada a la crítica, ¿qué opinas? ¿Es así, si no hay una verdadera vocación, no hay crítico?

Más que vocación hablaría de pasión. Evidentemente, si no te apasiona la música es mejor que te dediques a otra cosa. Pero no creo que haya ningún caso de personas que de niños piensen “yo de mayor quiero ser crítico musical”. Así que no creo en la vocación. Nunca he tenido vocación de periodista. Simplemente me gustaba escribir y, con el tiempo, dar a conocer mis “pasiones” a los demás.

¿Es fácil mantenerse independiente? ¿O es difícil olvidarse de que el artista va a leerla, o gente de la industria, y pueden molestarse, tal vez con consecuencias negativas para ti? Sabemos que así debe ser, pero me preguntaba sobre su facilidad o dificultad en la práctica. Sobre todo cuando toca escribir críticas no muy positivas…

Es un tema complejo y depende de cómo entra cada uno en el juego. En mi caso siempre he sido poco amigo de pedir favores: es decir, no suelo pedir que me manden discos expresamente porque me apetece o entradas de conciertos a los que no voy a trabajar. ¿Por qué? Porque como diría Hannibal Lecter, después viene el “quid pro quo”: yo te doy esto pero algún día me devolverás el favor y hablarás bien de lo que a mí interesa. Si de entrada evitas eso, es relativamente fácil mantenerse independiente, ya que no te pueden exigir nada porque no les has pedido nada. Eso solo tiene un problema: que te gastas un dineral en discos y conciertos. Pero al menos, te sientes con la libertad ética de escribir negativamente, si es necesario. Si escribes una crítica negativa de un artista internacional, sabes que difícilmente va a leerla; con un artista nacional sabes que puede leerla, pero eso tampoco debe influirte, porque forma parte del trabajo del artista asumir las críticas: algunos les dan mucha importancia, mientras que otros directamente pasan de lo que se diga de ellos. De todas formas, yo siempre procuro hacer críticas de discos que me gustan y, por tanto, son positivas.

Al hilo de esto, ¿ser crítico musical lleva aparejado tener muchos enemigos? ¿O tener amigos muy amigos, y enemigos muy enemigos?

Curiosamente, me he creado más enemigos entre los fans del artista que he criticado que el propio artista. Cuando trabajé como crítico en el 'Avui' recuerdo haber recibido cartas insultantes e incluso amenazantes de lectores que no estaban de acuerdo con lo que había escrito de su grupo o artista favorito. En cambio, sí recuerdo haber recibido alguna felicitación de algún artista. De hecho, en más de una ocasión yo mismo he enviado una copia de una crítica positiva a un artista, y luego la ha colgado en su web o me ha expresado su agradecimiento.

¿Hay compañerismo en este oficio? ¿O vuelan los cuchillos entre colegas?

Bueno, ni una cosa ni la otra. Hay algo que no me gusta demasiado que podríamos denominar la “unanimidad de criterios”. Es normal que los críticos que se encuentran en un concierto, por ejemplo, comenten sus impresiones. Para mí eso es algo negativo, porque al día siguiente prácticamente todos escriben lo mismo. Eso es lo que crea fenómenos inexplicables como el de Manel, por ejemplo. Nunca he sido amigo de esos “consensos” y por eso en más de una ocasión mi opinión no coincide con la del resto de críticos.

El protagonismo del crítico en sus textos es otro tema llamativo. ¿Crees que hay gente que abusa de ello, en lugar de concentrarse en la obra o el artista? ¿Hay mucho músico frustrado en el mundillo?

Lo del músico frustrado es un tópico, como lo que se dice de los críticos de cine, que son cineastas frustrados. Pero sí, creo que la tendencia actual de mezclar situaciones personales con el comentario de un disco es nefasta. Cuando escribo una crítica, tengo muy claro lo que a mí me gustaría leer e intento aplicarlo: background sobre el artista (de dónde procede, qué ha hecho antes), datos sobre el disco (quién colabora, quién produce), información sobre las canciones (de qué hablan las letras, si son temas originales o versiones) y descripción del estilo. En resumen, lo básico para que alguien que lo lea tenga una idea aproximada de cómo suena el disco y decida comprarlo o no. Desgraciadamente, me encuentro con un montón de críticas que me dejan indiferente, porque describen más las sensaciones o los recuerdos que le provocan las canciones al crítico que las propias canciones, o utilizan comparaciones absurdas. Y después de leerlas piensas: “Sí, ¿pero vale la pena o no?”.

¿Cuál es el, o los, críticos musicales referencia para ti? ¿Hay algún país donde la calidad de la crítica musical te parezca especialmente destacable? La del mundo anglosajón siempre ha parecido gozar de una cierta jerarquía sobre el resto.

Yo me “crié” con la escuela de Radio 3, es decir Jesús Ordovás, Diego A. Manrique y Rafael Abitbol, entre otros. A nivel catalán, era seguidor de un crítico de La Vanguardia llamado Mingus B. Formentor. Dicho esto, no me parece que la prensa anglosajona sea la mejor: creo que se mueve demasiado por hypes, por el grupo sensación del momento, y olvida las carreras de largo recorrido. Pongamos el ejemplo de Pitchfork, la web musical norteamericana seguida por todos los que se precian de ser indies y estar al día. Si la analizas profundamente, te encuentras con dos problemas: uno, que paradójicamente incluye muy poca información de artistas norteamericanos que no encajan en las modas (por ejemplo, apenas hay información de Howe Gelb, líder de Giant Sand y muchas cosas más), y no digamos ya de bandas que no pertenecen al mundo anglosajón; y dos, que muchos de los grupos que ensalzan son un bluf, capaces únicamente de grabar un “buen” álbum pero absolutamente incompetentes a la hora de llevarlo al directo. Eso nos llevaría a otro tema, que es el triunfo del amateurismo y de los grupos de aspecto “casual”, un fenómeno que está perjudicando seriamente a la música. Prefiero la prensa francesa, representada por revistas como Les Inrockuptibles, mucho más abierta de miras (se acerca a todas las músicas, no solo las interpretadas en inglés) y con menos interés en sentar cátedra.

¿Qué opinas de la democratización de la crítica a través de internet? Que cualquiera pueda crear un blog y hacer de crítico, ¿pone en peligro el oficio de algún modo? ¿Lees a alguno de estos críticos amateurs? ¿Te parecen buenas las críticas que hacen?

Por una parte, el hecho de que cualquiera pueda crear un blog me parece fantástico. Pero con la música ocurre como con el fútbol: todos son expertos. Es decir, si eres un gran fan de, pongamos por caso, Prince, y quieres dedicarle un blog, hazlo, como lo harías si fueras un aficionado a la filatelia. Pero en general, esos blogs donde cualquiera ejerce de crítico, escribe con faltas ortográficas, comete errores de nombres, fechas y títulos, etc etc, acaba por desprestigiar a la profesión porque extiende la idea de que cualquiera puede ser crítico. No niego que puede haber algún crítico bueno entre estos blogs; es como cuando antes se escribía en fanzines. Pero la falta de rigor que muchos de ellos tienen nos perjudica a todos. No sigo a ninguno.

No puedo dejar de preguntarte sobre el estado de la industria y el impacto de internet sobre ella. ¿Cuál crees que es el futuro de la industria del disco a corto plazo? ¿Optimismo o pesimismo? ¿Eres de los que apoyan la ley Sinde?

Es un tema complejo. No creo que internet sea el gran enemigo de la industria, como esta nos hace creer. La industria está mal, pero se lo ha buscado ella sola despilfarrando durante muchos años, invirtiendo millones en artistas que luego no han funcionado, y siendo incapaz de adaptarse a los tiempos. Creo que tal como está la cosa actualmente, el mejor escenario posible es que los artistas se autogestionen y pasen de discográficas e intermediarios, vendan sus discos directamente en sus webs o en sus conciertos y tomen las riendas de su carrera. Creo que vamos a ir hacia un modelo parecido. En cuanto a la ley Sinde, no la apoyo en absoluto.

Hay músicos que parecen aceptar la situación y utilizan internet, por no decir sus discos, como algo así como formas de promoción de sus conciertos. Por ejemplo, Rulo y la Contrabanda, antiguos miembros de La Fuga, lanzaron a través de Spotify un adelanto de su último disco. Que se hagan estas cosas, ¿significa que el paciente está muy mal? ¿Qué opinas del fenómeno Spotify? ¿Es un robo a los artistas?

Todo eso significa que actualmente los músicos ganan más dinero en los conciertos y en la venta directa de discos y merchadising en esos conciertos. Eso tiene un doble aspecto positivo: por un lado, obliga a los grupos a girar más, lo que revierte en una mejora de su sonido. Siempre he pensado que, al menos en España, aunque ahora también se extiende a los grupos indie anglosajones, a las bandas les falta rodaje, les falta chupar carretera, para dejar de dar esa penosa impresión de hacer conciertos que parecen fiestas de fin de curso o veladas musicales en casa de un amigo. Por otra parte, si te quieres comprar el disco de un grupo, te costará más barato en el puesto de merchandising del concierto que en una tienda, y además tendrás la oportunidad de conocer al grupo y llevártelo firmado. En cuanto a Spotify no es ningún robo: los artistas cobran aunque, eso sí, cantidades ridículas.

Socialmente, ¿cuál te parece que es el papel actual del crítico en España? ¿Se le valora? ¿Se le lee suficientemente? ¿Te parece que el lector español es un lector culto, o es de los que prefieren leer lo que dicen sobre el último disco de Lady Gaga en una revista que puede parecer papel couché, antes que la crítica de la última grabación de Nacho Vegas?

Creo que el crítico está desprestigiado por lo que decía antes, el auge de blogueros sin rigor. Además, está ese carácter tan típicamente español, que hacer creer a todos que son expertos en música, fútbol, política y mil cosas más. En ese contexto, ¿qué utilidad tiene un crítico? ¿Quién le va a hacer caso? En cuanto a cultura musical (y general, todo hay que decirlo), es obvio que somos un país atrasado. Por una parte tenemos una gran cantidad de personas que solo compran dos discos al año, por Navidad y por su cumpleaños, y evidentemente no se rompen la cabeza y van a lo fácil, a lo que vende más. Por otra parte, el supuesto público indie no se da cuenta de que el indie ya no existe y se ha convertido en una moda más; antes la gente seguía los 40 Principales, ahora siguen lo que dicta Pitchfork. No tienen curiosidad en descubrir cosas nuevas y siguen fielmente los dictados de lo que consideran su Biblia. Es la misma situación de adocenamiento, por mucho que intentes disfrazarla. Para mí es lo mismo un oyente de los 40 Principales que un lector de Pitchfork: ambos han perdido toda capacidad de crítica y de análisis, y provocan el éxito de artistas mediocres que son flor de un día. Porque en la música indie también ha llegado la cultura del triunfo rápido, y las carreras de largo recorrido son vistas como una rareza.

I aquí teniu la segona tongada de preguntes, per ampliar algun dels temes:

¿Qué recuerdos tienes de tu primera crítica, de aquel concierto de Ilegales? ¿Nervios, sentías que recaía sobre ti una cierta responsabilidad, pensabas que te la jugabas y tenías que hacer una crítica fantástica para convencer a tus jefes de que valías para esto?

Sinceramente, no recuerdo nada especial. Además, como suele ocurrir en la prensa diaria, los jefes de sección (en este caso, Espectáculos), no controlan lo suficiente para valorar con precisión lo que escribes.

¿Recuerdas haber vivido algún episodio tenso con algún artista que fuera objeto de una crítica dura, y haber coincidido después con él y que te guardara rencor por ello?

No. Eso solo me ocurrió una vez, pero no fue por una crítica publicada en un medio sino por mis opiniones en un foro de fans de un artista, lo que provocó que los fans se indignaran y que el propio artista llegara a escribirme un mail preguntándome si tenía algún problema con él. El "artista" en cuestión era Miqui Puig, ex Sencillos.

Por lo que me comentas sobre la casi necesidad de tener otro trabajo simultáneo, ¿es realmente difícil encontrar un crítico musical a tiempo completo?

Solo puedes encontrar un crítico musical a tiempo completo si este colabora en diferentes medios (radio, prensa, televisión, etc). es la única manera de vivir de esto.

¿Alrededor de cuántos discos tienes? ¿Cuántos puedes adquirir al año?

Calculo unos seis mil CDs y unos 500 LPs (me deshice de muchos por cuestión de espacio). Antes compraba más que ahora, y muchos los descargo de internet.

Siempre que un crítico musical escucha música, ¿está trabajando el 100% del tiempo? Es decir, ¿puede comprarse discos sin tener la intención de trabajar sobre ellos, por puro esparcimiento personal, o llega un momento en que el crítico se come a la persona?

Es difícil, porque cuando estás todo el día trabajando en esto lo último que se te ocurre es llegar a casa y ponerte música. Es evidente que muchas veces compro (o me descargo) discos que sé que no voy a utilizar para hacer críticas, pero tal vez es cierto que a veces el crítico se come a la persona, sí.

Cuando un artista te felicita por alguna crítica, ¿cómo se lo tiene que tomar uno? ¿Como una prueba de que está haciendo las cosas bien y lo que hace gusta y tiene repercusión, o como un toque de atención sobre que puede estar acercándose demasiado a los artistas que critica y quizá alterándose así su independencia?

Yo me lo tomo como un elemento para alimentar mi vanidad personal. Que te guste el trabajo de un artista no significa que pierdas tu independencia. Es más: pienso que la palabra "crítica" goza de mala prensa porque se asocia a algo negativo: una crítica no tiene por qué ser siempre negativa, al contrario. Pero muchos solo ven esa parte negativa.

¿Podrías comentarme un poco tu opinión sobre el fenómeno del grupo Manel?

Bueno, pienso que es el epítome de esos grupos "indie" que parecen triunfar ahora: individuos normales y corrientes, sin pretensiones, que podrían ser tus vecinos o como tú, con los que es fácil identificarse, representando esa tendencia "casual" que tanto gusta ahora. Si además unimos el hecho de que le gustan a ciertos personajes públicos (el entrenador del Barça, por ejemplo), ya lo tenemos todo. Muchos dicen que la diferencia de los nuevos grupos catalanes respecto a los que surgieron en los ochenta (Sopa de Cabra, Els Pets, etc) es que el público de aquellos también los admiraban por motivos digamos "políticos". no creo que haya tanta diferencia entre unos y otros. Manel han tenido la suerte de recibir el beneplácito de la mayoría de críticos, pero ya empiezan a surgir voces disonantes (la mía, por ejemplo). no me gusta esta tendencia de artistas "que son como tú". se ha perdido ese espíritu que antes tenían las bandas: esos grupos que admirabas porque "querías ser como ellos", por su imagen rompedora, porque envidiabas su éxito con las chicas, su aspecto de "chicos peligrosos", etc. sinceramente, no quiero ser como uno de los componentes de Manel, porque eso significa ser un individuo normal y corriente y eso rompe con todo lo que supone el espíritu del rock (su carácter contra las normas, rompedor, etc). además , son uno de los ejemplos de que el indie ha muerto: ¿qué tiene de indie un grupo que se convierte en número 1 en ventas y que agota las entradas de todos sus conciertos?

¿Cuál es tu opinión sobre las revistas musicales que se publican en España (excepción hecha de Rockdelux…)? ¿Qué opinas de que algunas, como Rolling Stone y Revista 40, pertenezcan a imperios mediáticos como Prisa, con cadenas de radio, TV, etc., en contraposición con aquellas en que la revista es la revista y ya está?

Las revistas musicales en España son, en general, nefastas. Pero no es un problema de las revistas en sí, sino del público, con una incultura musical galopante, a años luz de la que se tiene, por ejemplo, en Francia o Inglaterra. si a la gente le gusta la basura, ofrezcámosle basura, es un pez que se muerde la cola (eso es algo aplicable a la programación televisiva). y las que pertenecen a imperios mediáticos no son independientes, sino que están en la línea del grupo al que pertenecen. solo hay que echar una mirada a Rolling Stone, y comparar la edición española con la norteamericana: la de aquí está adaptada a los gustos nefastos de los aficionados españoles. Pondré otro ejemplo: cuando abrió Virgin Megastore en Barcelona, duró poco porque se adaptó al mercado español en lugar de conservar su carácter, y se convirtió en una tienda como la del Corte Inglés; en cambio, en el Virgin de París el disco de la semana era uno de Miles Davis (jazz) y la sección de música étnica era impresionante. eso era (y es) impensable en el mercado español.

Planteabas la autogestión de los artistas en la venta de sus discos como posible futuro de esta industria; pero en ese escenario las descargas seguirían ahí. Por ello, ¿el problema es que la intermediación hace que los discos sean demasiado caros y por ello hay que eliminarla? ¿Es esta la clave, o va más bien en la dirección de que las discográficas filtran a las bandas pensando en su potencial comercial, con una caída de la calidad de la música que acaba pasando factura a las ventas?

Si un grupo vende su disco en la web a 10 euros y en la tienda está a 20, es evidente que el problema es el de los intermediarios. eso pasa con los discos y con los productos alimentarios, por poner otro ejemplo, y con todo en general. curiosamente, creo que la música de "mala calidad" (léase los subproductos de OT, los grupos de los 40, etc) son los que más venden. difícilmente encontrarás en el top manta a grupos muy alternativos, solo se hacen copias piratas de los superventas. la palabra "filtrar" me parece muy interesante: la industria discográfica siempre busca culpables de las filtraciones de los discos, y ha llegado a acusar a los críticos (lo que les ha llevado a enviar cds promocionales superprotegidos, etc). siempre he pensado que las filtraciones proceden de la propia industria. lo que pasa es que eso nunca lo van a reconocer.

21/4/08

les lavatives del balneari de Battle Creek

Crec que ja ho he explicat en alguna ocasió. La feina de periodista, a no ser que tinguis la sort d’estar fix en un diari, una ràdio o una tele, és una ruleta russa. Hi ha temporades durant les quals pots treballar en coses que t’agraden, però d’altres vegades has d’acceptar feines per qüestions purament pràctiques (pagar les factures i tot això).

Naturalment, jo he tingut algun d’aquests períodes. El primer va ser quan vaig treballar a la Generalitat, concretament al Departament d’Agricultura, Ramaderia i Pesca (DARP), avui conegut com a Departament d’Agricultura, Alimentació i Acció Rural. Vaig aterrar al DARP el 1995, a l’oficina de premsa, com a redactor. Un incís: quan estava a mitjans com l’AVUI o TV3, sempre pensava que en els darrers anys de la meva carrera voldria treballar a una oficina de premsa de l’administració o d’una empresa, perquè seria una feina tranquil·la i sense mal de caps... Què equivocat estava...

El dia que vaig arribar al DARP, recordo que el llavors cap de gabinet, Xavier M., em va dir que si havia treballat a la redacció d’un diari, allò seria com estar a un balneari. Després vaig entendre que es referia al balneari de Battle Creek, aquell on l’excèntric doctor Kellogg apaigava el desig sexual a base de descàrregues elèctriques i lavatives.

Això sí, jugava amb avantatja: coneixia a qui seria el meu cap, el cap de premsa, perquè havia treballat amb ell a l’AVUI i a LAS NOTICIAS. El més estrany d’entrada era que no tenia una taula pròpia, i al matí ocupava la d’un assessor informàtic que només venia a les tardes, Víctor A. (un personatge que al principi em resultava totalment estrany i que amb el temps es convertiria en un amic al qual admirava pel ritme de vida que portava, i que més tard es va descobrir com escriptor), i a la tarda em traslladava a l’oficina de premsa.

Per als qui mai no hagin tingut l’experiència de treballar en un lloc com aquest, els hi diré que és una de les coses més ingrates i que més disgustos produeix a un periodista. El símil més exacte és que et trobes entre dos focs: primer, has d’atendre les peticions dels "companys" de la premsa sobre temes que, normalment són conflictius; i segon, has de barallar-te amb els responsables d’aquests temes en el departament perquè atenguin a la premsa. Et converteixes en un missatger, en un intermediari que sovint és massacrat per totes dues bandes. Una de les coses que més nerviós em posa de l’administració és la seva lentitud, perquè tot ha de seguir el seu protocol, el conducte reglamentari. Per exemple, un tècnic expert en un tema no pot fer declaracions si abans no l’autoritza el seu director general. I tot això alenteix el procés, mentre a l’altra banda els periodistes no paren de trucar-te exigint-te respostes.

He de reconèixer que en aquest ambient vaig perdre la paciència en més d’una ocasió, i vaig engegar literalment a la merda a algun periodista, sense importar-me si era de La Vanguardia o d’on fos. Aquest tipus de feina fa sortir el pitjor que tens dins, i de sobte et converteix en l’enemic dels teus companys de professió, el que sempre posa pegues i entrebancs. I repeteixo, la culpa mai no és teva, és d’un sistema caduc com l’administració. Per cert, en aquella època em vaig dedicar a col·leccionar acudits del Forges sobre funcionaris, com els que il·lustren aquest post.

El meu debut al DARP també va tenir altres entrebancs: em van contractar per fer un horari una mica estrany, des del migdia a última hora de la tarda. Algú pensarà que les tardes són tranquil·les: res més lluny de la veritat. El fet és que et trobes sol davant del perill: si passa alguna cosa, no trobes ningú que pugui fer declaracions ni donar explicacions, perquè la majoria han plegat a quarts de sis o abans, però els diaris just acaben de començar a treballar. I jo vaig tenir la desgràcia que el 1995 va ser l’any dels grans incendis a Catalunya, i en aquella època la direcció general de Medi Natural (avui integrada a Medi Ambient), depenia del DARP. No cal explicar el que va suposar allò: només diré que, fins i tot quan era a casa, quan sentia sonar el telèfon ja tremolava, literalment.

La meva tasca diària a l’oficina de premsa era curiosa: a primera hora, m’encarregava de repassar els diaris (en especial els comarcals), per fer un buidat de totes les notícies relacionades amb el DARP. De fet, d’això se n’encarregava una empresa externa, però sempre es deixava coses. L’objectiu final era fer un recull de premsa que després es repartia als peixos grossos. Estic segur que la majoria de vegades acabava a la paperera. Avui dia, crec que aquest procés s’ha digitalitzat, amb el que això suposa d’estalvi en paper.

Després, és clar, redactava notes de premsa: bé, en realitat arreglava o feia entenedores notes que ens passava un director general o un tècnic que potser en sabia molt d’agricultura, però de redacció (no ja periodística, sinó elemental) no en tenia ni idea. Un cop arreglades, aquestes notes s’enviaven als mitjans. L’altra tasca, la més ingrata per a mi, era atendre les trucades telefòniques, des del pesat habitual de La Mañana o el Segre que volia un informe sobre els ajuts de cereals a les comarques lleidatanes, a l’estudiant de batxillerat que volia entrevistar al conseller per a un treball de classe. I per últim, la feina més surrealista era la d’escriure per al conseller pregons, discursos o textos introductoris per a determinades publicacions. La meva especialitat era tot el relacionat amb la dieta mediterrània.

Sense entrar en detalls escabrosos, l’ambient al DARP es va anar enrarint, i es van produir alguns canvis de personal bastant increïbles. Així, per exemple, la que era la secretària del conseller, Montse C. (avui flamant senadora de CIU a Madrid), es va convertir com per art de màgia en cap de gabinet, i aquell va ser el principi del meu precipici a l’oficina de premsa.

Fa poc, l’impresentable del David Madí va publicar un llibre on treia tots els draps bruts del PSC. Jo podria fer el mateix amb els de CIU, perquè en el meu pas per la Generalitat sempre va ocupar el poder aquest partit. Per exemple, podria explicar històries tan maques com la dels "discos sol·licitats" o, el que és el mateix, les trucades al director d’informatius de TV3 perquè sortís determinada notícia al Telenotícies o perquè s’entrevistés determinat personatge, sempre per ordre de les instàncies més altes (sovint molt més altes que el propi conseller, directament des de Presidència). O també podria recordar una altra vegada quan la cap de gabinet em va obligar a trucar a una periodista de l’Agència EFE perquè canviés el text d’una informació que no li agradava. Aquest és el joc net dels teus, amic Madí.

La cosa va arribar al seu límit quan, per la publicació inoportuna d’un publireportatge sobre el DARP (i ara no recordo si va ser pel seu contingut o perquè estàvem en període electoral), havia de caure algun cap, i en lloc de caure el de la cap de gabinet, responsable en última instància perquè era la que supervisava i autoritzava aquests reportatges, la víctima va ser el meu amic, el cap de premsa, a qui van destituir. Per a substituir-lo, van portar un personatge del partit, un comissari polític de cognom napoleònic i aspecte de Mister Bean que ni tan sols havia acabat la carrera de Periodisme, que abans era arxiver o una cosa similar, i que es passava el dia trucant per telèfon. Naturalment, no vaig aguantar gaire tenir a un individu tan negat i ineficaç com a superior, i ben aviat vaig sol·licitar el trasllat a un altre secció del departament. Vaig sentir que havia traït tots els principis ètics com a periodista (per situacions com les explicades abans) i, a més, no vaig tolerar que la cap de gabinet em digués que no m’implicava prou (el que en el seu llenguatge significava que no fos un convergent de cap a peus, fins i tot a l'hora de cardar).

Per sort, quan treballava a l’oficina de premsa vaig començar a col·laborar amb el que s’anomenava Servei d’Organització, la tasca del qual era bàsicament dissenyar tots els procediments administratius del departament, encarregar-se dels punts d’informació i, això era el més interessant, de la web i la intranet.

I ara un altre incís: quan vaig arribar al DARP era un negat total en informàtica, de fet fins aquell any encara utilitzava una vella màquina d’escriure, després del trauma que em va suposar treballar amb un Amstrad, la pitjor experiència que es pot tenir. Però de sobte, i en un obligat procés d’immersió, vaig haver de començar a treballar amb ordinadors (tant PC com Apple).

Tornem a la web del DARP: quan el 1997 es va decidir tirar-la endavant, es va reunir un equip amb persones procedents de l’oficina de premsa (un servidor), el Servei d’Organització i algun dissenyador, i ens van enviar al Centre Informàtic de la Generalitat per fer un curset intensiu de 25 hores titulat Desenvolupament, edició i telemanteniment de pàgines HTML.

Amb aquests coneixements, vam començar a construir la web del DARP a pèl (és a dir, només amb codi HTML, sense cap editor tipus Dreamweaver ni similar). Aquesta col·laboració va fer que, quan vaig decidir marxar de l’oficina de premsa, pogués anar al Servei d’Organització. D’entrada, per a un funcionari això suposaria una "degradació": era passar de la planta vuitena, la noble, la que acollia les oficines de protocol, premsa, cap del gabinet i els despatxos del conseller i del secretari general, a una planta inferior. Però com jo no era funcionari, tant em feia.

En aquest nou servei no tot van ser flors i violes. Tot i que l’ambient de treball era més relaxat (o potser no tant conflictiu), tenia una doble tasca que vorejava el surrealisme: d’una banda, la que m’agradava, la de la web, però d’altra, la relativa als processos administratius. I és que havia de repartir el meu temps entre els temes d’internet i l’elaboració de processos per a l’obtenció dels ajuts de vaques alletants, per posar un exemple. I no hi ha feina més avorrida i absurda que aquesta: per sintetitzar-ho, es tracta de llegir-te la legislació referent al tema que arriba del ministeri de Madrid (que demostra que els advocats no tenen ni puta idea de redactar, i que són absolutament ambigus i recargolats per explicar coses que es podrien dir de forma molt més senzilla), fer un resum i intentar dissenyar un procés dels passos que ha de seguir un pagès per demanar l’ajut (quins documents necessita, quin termini té, etc), i consensuar-ho amb el tècnic del departament que porta els ajuts en qüestió (que sovint era un paio heredat del Ministerio de Agricultura). Per una persona que odia el llenguatge dels advocats com jo, era una tasca infernal.

En canvi, la meva dedicació a internet era molt més engrescadora: no només m’encarregava, amb altres companys, de dissenyar i estructurar la informació de la web i de la intranet del departament, sinó que a més fèiem una tasca d’evangelització, és a dir, d’intentar convèncer als directors generals de la importància d’internet (per la qual cosa sol·licitàvem la seva col·laboració i la de la gent a les seves ordres), i fins i tot de formar al personal en la utilització i fins i tot en l’elaboració de pàgines web.

Mentre era al Servei d’Organització van passar dues coses que crec són dignes d’esment: una, per intentar fugir de l’ambient quadriculat de l’administració, a part de seguir col·laborant amb Rockdelux i altres coses, vaig començar a escriure una sèrie de fan fictions de The X-Files, és a dir, relats que utilitzaven els personatges d’Expediente X, barrejats amb persones reals del departament, des dels companys més directes al secretari general. L’èxit d’aquets relats va ser inesperat: van arribar fins i tot a les oficines comarcals i als despatxos dels peixos grossos.

La segona cosa és aquella tant coneguda de "donde tengas la olla no metas la polla". Vaig tenir la desgràcia d’enamorar-me de dues companyes de feina: la primera, la Pilar P., era un advocada del servei jurídic (un servei format íntegrament per dones). La segona, la Clara R., era la meva cap, la webmaster. No cal dir que cap de les dues relacions va sortir bé, i que l’ambient es va enrarir una mica. Finalment, vaig deixar el DARP el 2001 per un motiu molt senzill: jo ocupava una plaça d’interí, i si es convocaven oposicions i algú la sol·licitava, me n’anava al carrer. La única solució era que em presentés a les oposicions, cosa a la qual em vaig negar per dos motius: primer, no tinc esperit de funcionari, i quan algun que sí ho era explicava que portava 30 anys a l’administració, em deprimia; i segon, si m’haguessin fet unes oposicions a mida com fan amb molta gent (és a dir, amb un temari específic sobre la tasca que desenvolupes, i no amb collonades jurídiques i sobre la constitució), m’ho hauria pensat.

En realitat, crec que no tenien interès en conservar-me, perquè al departament hi havia gent amb situació similar a la meva a la que simplement li feien un contracte mercantil o una altra opció i tot quedava solucionat. En fi, ells s’ho van perdre. No cal dir que després d’això, difícilment se m’acudirà tornar a treballar a l’administració o a una oficina de premsa. El que sí vaig treure de bo és tot el que vaig aprendre d’internet, que fins i tot em va motivar a tornar a la universitat per estudiar un postgrau de periodisme digital a la Universitat Ramon Llull – Blanquerna el 1999-2000.

27/2/08

el diari que no es venia als quioscos

Retorn al passat. El 1990, després de l'etapa a l'AVUI, la meva següent aventura professional també seria un diari. Però no un diari qualsevol, no. Avui dia, tothom està acostumat a que uns paios reparteixin premsa al carrer. Però fa 18 anys, no.

Malauradament, els creadors de LAS NOTICIAS (així es deia l’invent) es van equivocar. L’idea era fer un diari popular – tirant a sensacionalista – amb una particularitat: no es venia als quioscos, sinó que d’això s’encarregava una brigada de venedors al carrer. Però el projecte es va trobar amb dos problemes: un, el perfil dels venedors no era el dels polits repartidors dels actuals (i gratuïts) ADN, Què! o Metro, sinó que semblava el resultat d’un càsting per a una pel•lícula de Santiago Segura, entre ionquis i delinqüents acabats de sortir de la Model. I dos, es va trobar amb l’oposició i el boicot de la màfia dels quiosquers de Barcelona, indignats perquè el diari no el podien vendre ells (una actitud curiosa, tenint en compte que ells venen de tot, de tabac a piles, de DVD a bonolotos).

Per culpa d’aquests problemes, Las Noticias va durar uns quatre mesos, i va acabar amb un conflicte laboral impressionant, perquè ens devien els darrers mesos de sou. A més, els venedors ambulants es van rebotar i van provocar alguns aldarulls, amb llançaments d’ous inclosos contra els periodistes.

Com vaig anar a parar a un projecte com aquest? Doncs novament de la mà del meu àngel protector professionalment parlant, S.R., el meu antic cap de l’AVUI que després de sortir del diari català va anar a petar a Las Noticias.

Tot i que se suposa que havia de ser un diari sensacionalista, els qui hi treballàvem vam fer un producte molt més digne que alguns d’aquests que es reparteixen de franc avui dia. Això sí, el format del diari era curiós: primer, tenia l’avantatge que els mateixos redactors fèiem les maquetes de les nostres pàgines – bé, les adaptaven a unes plantilles ja elaborades que simplement havíem d’escollir.

Després, tenia la particularitat que la majoria de titulars eren d’una sola línia: això obligava a trencar-se el cap amb frases que gairebé eren eslògans publicitaris, una situació amb la qual vaig aprendre molt. Així per exemple, recordo que vaig titular una entrevista amb Azúcar Moreno amb la frase “Chicas Prince”, perquè elles confessaven que haurien volgut treballat amb el músic de Minneapolis. Però el millor de tot del diari era el que en conya anomenaven com “l’editorial”. I és que, en lloc d’un article d’opinió sobre un tema d’actualitat, consistia en una foto d’una tia en boles amb un peu de foto enginyós escrit pel director, en la línia dels diaris sensacionalistes anglesos.

A Las Noticias, i dins de la Secció d’Espectacles i Ràdio i Televisió, vaig exercir de redactor i crític musical. I com era un diari popular, vaig fer tota mena d’entrevistes, amb personatges del pop i el rock, però també amb El Fary, Joaquín Sabina o Las Xoxonees. També vaig cobrir grans concerts com els de Prince, Madonna i els Rolling Stones. Però sense dubte, una de les millors experiències va ser com enviat especial a la darrera edició del festival Ibiza’92, un pessebre del promotor Pino Sagliocco que durant un parell de dies reunia a diversos artistes en un festival a una macrodiscoteca d’Eivissa, la famosa Ku. Això sí, la majoria actuaven en playback.

Aquell any, el cartell reunia personatges tant diversos com el mític Ryuichi Sakamoto, Los Ronaldos, Ian McCulloch (d’Echo & The Bunnymen), Adamski, Ramoncín o Brigitte Nielsen, coneguda per ser l’ex de Sylvester Stallone. Amb aquesta experiència també vaig entendre perquè Televisió Espanyola va arrossegar dèficits durant molts anys: el festival estava patrocinat per TVE i en tenia l’exclusiva dels drets d’emissió, i va convidar els mitjans perquè ho cobrissin.

Però no només va convidar crítics musicals, sinó també de televisió. I no cal dir que et tractaven a cos de rei: a més de estar allotjats en un cèntric hotel de luxe d’Eivissa i de tenir tots els àpats pagats als restaurants que ens venien de gust, teníem a la nostra disposició una furgoneta per anar on volguéssim. Així, vam poder anar a la platja de dia i al festivals de nit. Un dels dies més surrealistes va ser quan vam anar a una cala de Portinatx: el fet de veure el prestigiós i desaparegut crític televisiu de La Vanguardia Josep Maria Baget totalment vestit a la platja és un record inesborrable.

Però pels problemes que ja he explicat Las Noticias va arribar a la seva fi. Després començaria una altra etapa encara més interessant i intensa... Sputnik. Però això és una història molt més llarga.