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27/1/13

Tarantino, un DJ de película (4)

DEL ROCK'N'ROLL A LA TELEVISIÓN

Rock’n’roll. Una de las escenas más recordadas de “Pulp Fiction” es la del baile de Travolta y Uma Thurman con el clásico de Chuck Berry “You Never Can Tell”, mientras que en “Abierto hasta el amanecer” se recupera a otros veteranos del género, The Blasters, con “Dark Night”, y en “Death Proof” se acuerda de Willy DeVille, con “It’s So Easy”. El precedente del rock’n’roll, el rockabilly, también tiene cabida en las dos partes de “Kill Bill” con el legendario Charlie Feathers (“That Certain Female” y “Can't Hardly Stand It”).

Soul. Como buen conocedor de la música negra, Tarantino introduce diversas joyas del soul, ya sea orquestal, con la etiqueta de Memphis o “de ojos azules”. En “Reservoir Dogs”, “I Gotcha” de Joe Tex; en “Pulp Fiction”, “Let’s Stay Together” de Al Green y “Son Of A Preacher Man” de Dusty Springfield; en “Jackie Brown”, “Who Is He” de Bill Whiters, “Natural High” de Bloodstone e “Inside My Love” de Minnie Riperton; y en “Death Proof”, “The Love You Save (May Be Your Own)” de Joe Tex y “Good Love, Bad Love” de Eddie Floyd.

Spaghetti western Al igual que el blaxploitation, el spaghetti western es uno de los géneros a los cuales Tarantino rinde un tributo más claro, especialmente en “Kill Bill”, con fragmentos de bandas sonoras de maestros como Luis Bacalov (“The Grand Duel” en el Vol.1) y, sobre todo, Ennio Morricone (“Il tramonto” de “El bueno, el feo y el malo”, “A Silhouette Of Doom” de “Navajo Joe” y “L'arena” de “Il mercenario” en el Vol. 2). Morricone repite en “Malditos bastardos” con varios cortes como “The Verdict (La Condanna)” y “The Surrender (La resa)”; de hecho, se dice que Tarantino quería que compusiera el score, pero estaba trabajando en un filme de Giuseppe Tornatore y no pudo hacerlo por problemas de agenda. En otro sentido, en “Abierto hasta el amanecer” Tito & Tarantula actualizan el sonido con temas como “After Dark”. 

Surf. Ya ha quedado para la historia del cine el vibrante comienzo de “Pulp Fiction” con el “Misirlou” de Dick Dale, pero no es la única pieza de surf instrumental que se puede escuchar: también encontramos el “Bustin’ Surfboards” de The Tornadoes, el “Bullwinkle Part II” de The Centurions, el “Comanche” de The Revels y el “Surf Rider” de The Lively Ones. En “Jackie Brown”, a pesar del predominio de música negra, se repite con “Monte Carlo Nights” de Elliot Easton’s Tiki Gods, y en “Kill Bill Vol. 1” con el “Woo Hoo” de las japonesas The 5.6.7.8’s. 

Televisión. Muy a menudo los personajes de las películas de Tarantino hablan sobre series de televisión. Esto también tiene su equivalencia en las bandas sonoras, lo que queda de manifiesto en “Kill Bill Vol. 1” (con el “Green Hornet” de Al Hirt y el “Ironside” de Quincy Jones), y en “Four Rooms” (con “Bewitched”). De forma mucho más sutil, en “Pulp Fiction”, tras la traumática experiencia de Butch y Marsellus con los rednecks violadores, se podían escuchar las primeras notas de “The Twilight Zone”, pero esto no se incluyó en el disco.

Tarantino, un DJ de película (1)

El reciente estreno de “Django desencadenado” vuelve a demostrar la habilidad de Quentin Tarantino para encajar las canciones más adecuadas para cada escena de sus magníficas películas. Por eso, es un buen momento para analizar sus obsesiones musicales, desde su debut “Reservoir Dogs” hasta “Malditos bastardos”. 

EL COLECCIONISTA DE VINILOS

En el cine contemporáneo, la utilización de canciones en una película responde la mayoría de veces a motivaciones simplemente comerciales: para promocionarla gracias a la presencia del cantante de moda y ganar más con las ventas del disco correspondiente. Con su debut “Reservoir Dogs” (1992), Quentin Tarantino alteró el panorama de las bandas sonoras al prescindir del score y sustituirlo íntegramente por canciones. Y es que para él, “colocar la canción adecuada en la secuencia adecuada es una de las cosas más cinemáticas que un director puede hacer”. 

  

Así deja muy claro el papel destacado de la música en sus películas, tan fundamental como la glorificación de la violencia: “Siempre he creído que mis bandas sonoras funcionan muy bien, porque básicamente son el equivalente de una ‘mixtape’ que haría para un amigo en casa. Para mí, las películas y la música van cogidas de la mano. Cuando escribo un guión, una de las primeras cosas que hago es encontrar la música que pondré en la primera secuencia. No puedo avanzar hasta que imagino cómo comenzaré y cómo será la música inicial”. 



Si siempre se ha dicho que Tarantino es un gran cinéfilo, con la música le pasa lo mismo: “Soy un gran coleccionista de vinilos. Tengo una habitación para los discos en casa. Cuando escribo un guión, lo que hago es revisar todos estos discos, para intentar encontrar buenas canciones”.

Lo mejor de todo es que el director raramente escoge temas demasiado conocidos para el gran público. De esta forma, la recuperación y utilización de algunas canciones las ha asociado para siempre a sus películas y las ha desvinculado de todo lo que pudieron suponer cuando fueron grabadas. Eso es lo que ha pasado, por ejemplo, en “Reservoir Dogs”, con “Stuck In The Middle” en la escena de la tortura, o el “Hooked On A Feeling” con su inconfundible “uka-chaka-uka-uka”, o en “Pulp Fiction” (1994) con el “Let's Stay Together” durante el discurso de Marsellus sobre el orgullo.



Al margen de la habilidad de Tarantino para saber encajar las canciones en las escenas apropiadas, también hay que destacar otro aspecto de sus filmes: la presencia de la música en los diálogos (la discusión sobre Madonna en “Reservoir Dogs”, por ejemplo) o en la propia narrativa de las historias (los personajes a menudo escuchan la radio en el coche).

La especial relación de la música con Tarantino se hace evidente en internet, donde puede encontrarse desde foros dedicados a sus bandas sonoras hasta una compilación de las letras de las canciones y diálogos incluidos en los discos.

Para conocer un poco mejor lo que significa la música en el mundo de Tarantino, lo más práctico es repasar por orden alfabético algunas de sus obsesiones, que encontramos repetidas en toda su obra: