23/7/14

mi disco preferido de Charlie Haden

El contrabajista de jazz Charlie Haden murió el pasado 11 de julio, y es muy difícil resumir una carrera como la suya o escoger uno de sus discos. Pero cada uno tiene sus gustos personales, y en mi caso lo tengo muy claro: "Sophisticated Ladies" (Emarcy, 2011).

Tras un sorprendente disco de bluegrass -"Rambling Boy" (2008)- y su colaboración con Keith Jarrett -"Jasmine" (2010)-, Charlie Haden volvía al frente de su Quartet West (con Ernie Watts al saxo, Alan Broadbent al piano y Rodney Green a la batería) para entregar otra muestra más de su fascinación por el cine negro, con una portada retro que rendía tributo a las femme fatales del género.

Según se explicaba en los créditos, el álbum se concibió como una secuela de “The Art Of The Song” (1999), donde el cuarteto contó con Shirley Horn y Bill Henderson. La diferencia fue que, en esta ocasión, se acompañó de algunas de las vocalistas más destacadas del momento –aunque, a título personal, echaría en falta a Stacey Kent, Madeleine Peyroux y hasta a Dayna Kurtz-, para defender una colección de apasionadas torch songs. Entre las afortunadas brillaban la cálida Melody Gardot (con la romántica "If I’m Lucky"), la todoterreno Norah Jones (rebosando intimidad en "Ill Wind"), Cassandra Wilson y la esposa del contrabajista, Ruth Cameron, muy por encima de la reina gélida Diana Krall y la soprano operística Renée Fleming.

Derrochando elegancia, el Quartet West evocaba la sensualidad de la atmósfera del film noir en los instrumentales "Sophisticated Lady", "Theme From Markham" y "Angel Face", para que nos sintiéramos los protagonistas de una historia detectivesca en blanco y negro mientras entre las volutas del humo de un cigarrillo aparecía la mujer fatal que nos llevaría a la perdición. ¿Damas sofisticadas? Sí, pero tremendamente seductoras.

Aquí podéis escuchar "Sophisticated Ladies" en su integridad. A disfrutar...

19/7/14

Lionel Ferbos, el jazzman centenario

Dos días después de cumplir 103 años, el trompetista y cantante Lionel Ferbos ha fallecido hoy. Considerado el músico de jazz más longevo en activo de Nueva Orleans, hasta hace poco estuvo sobre el escenario: su última actuación en público fue el pasado 30 de marzo.

Reconocido como un icono del jazz tradicional, Ferbos tocó en todos los locales de Nueva Orleans y sus alrededores durante décadas. Su habilidad para leer partituras lo convirtió en un músico muy solicitado para bolos en parques, escuelas, iglesias, salas de baile e incluso cárceles. Hasta el año pasado actuó en todas las ediciones del New Orleans Jazz And Heritage Festival.

Nacido en el distrito séptimo de Nueva Orleans en 1911, empezó a actuar cuando era un adolescente durante la Gran Depresión. Como sufría asma desde niño, sus padres no le dejaban tocar un instrumento de viento. Pero a los 15 años, tras ver a una orquesta femenina, se dijo que él era capaz de hacer lo mismo que una chica; se compró una vieja corneta en una tienda de empeños y empezó a tomar lecciones.

Lionel Ferbos, a los 85 años, junto a Lars Edregan.
Sus primeros trabajos profesionales fueron para bandas de jazz en locales como el Pythian Roof Garden, San Jacinto Hall y The Pelican Club. En 1932, se unió a los Captain John Handy’s Louisiana Shakers; más tarde acompañó a la cantante de blues Mamie Smith mientras tocaba con la Fats Pichon Band.

Desde 1967 formó parte de la New Orleans Ragtime Orchestra, de la que fue miembro fundador, y que grabó la banda sonora de la película "La pequeña" (1978) de Louis Malle. Además, todas las semanas actuaba en el Palm Court de Decatur Street, donde lideró la Palm Court Jazz Band durante más de dos décadas. Apegado a su familia y a su ciudad, Ferbos forjó la mayor parte de su carrera en Nueva Orleans. Aun así, hizo ocho giras por Europa con la New Orleans Ragtime Orchestra.

A pesar de su larga carrera, publicó pocos discos. Entre ellos, varios con la New Orleans Ragtime Orchestra, además de "At the Jazz Band Ball" (1987), al frente de The Creole Swingers; "5 Minutes More" (1996), con la Lars Edegran’s New Orleans Band; y "Place Of My Dreams" (2002), con Dennis Browne.

Ferbos, en una escena de la serie "Treme" junto al personaje de Antoine Batiste.
Ferbos inspiró a varios de los jóvenes intérpretes con quienes colaboró en los últimos años, como los trompetistas Irvin Mayfield y Troy Andrews, más conocido como Trombone Shorty. Recientemente se dijo que participaría en el concierto de Dr. John con el espectáculo "Homenaje a Louis Armstrong" del 17 de julio en el Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz, pero finalmente la organización del certamen lo desestimó dada la avanzada edad del trompetista. Hace un par de años también hizo un cameo en un episodio de la serie "Treme", en el que el personaje de Antoine Batiste llevaba a uno de sus jóvenes estudiantes a conocerlo por su carácter de leyenda viva.

Lionel Ferbos tuvo problemas de salud durante toda su vida. A los 50 años, su médico le dijo que no viviría mucho más… evidentemente, se equivocó.

Como despedida, una actuación de 2009 (cuando tenía 98 años) en Nueva Orleans, interpretando "When You're Smiling":

Johnny Winter, mucho mejor desenchufado


Hace un par de días (el 17 de julio) nos llegaba la noticia de la muerte del guitarrista de blues-rock de Texas Johnny Winter a los 70 años. Mi opinión sobre él es contradictoria: me gustaban sus discos, sobre todo la trilogía que grabó en Alligator –especialmente, "Third Degree" (1986), con Dr. John, que incluía, además, un par de temas acústicos interpretados con una National- y, aún más, sus dos álbumes para Pointblank –mi preferido es "Hey, Where's Your Brother?" (1992), donde incidía en su faceta de bluesman acústico-.

Sin embargo, en directo –lo vi, al menos, en dos ocasiones: como telonero de Robben Ford en el Palau d’Esports de Barcelona el 18 de mayo de 1990, y en el Festival de Blues de Cerdanyola el 8 de mayo de 1993- no me parecía lo mismo: su tendencia al heavy blues acababa por cansarme y echaba de menos esos brillantes remansos acústicos de sus últimos discos. Sinceramente, pienso que Winter pretendía satisfacer a su público, poco dado a las sutilezas, y quién sabe cómo habría reaccionado si su guitar hero sacara al escenario, de pronto, una National.

Estos sentimientos encontrados sobre el desaparecido guitarrista los expresé en su momento en la crítica de su disco "Live In NYC 97" (Pointblank, 1998), que recupero aquí en su memoria.

Albino y tatuado, Johnny Winter representa lo mejor de la tradición de la guitarra blues de Texas, siguiendo la senda iniciada por T-Bone Walker y Clarence Brown, perpetuada después por Albert Collins y Freddie King, y más recientemente por Billy Gibbons (de ZZ Top) y Stevie Ray Vaughan.

Grabado durante dos noches en el club Bottom Line, "Live In NYC 97" es el primer disco de Winter desde hace cinco años, y en él muestra su respeto y gratitud por sus héroes: Freddie King, Elmore James y Muddy Waters. El álbum es un fiel reflejo de los conciertos del guitarrista texano, donde potencia el blues de "acoso y derribo" frente a las delicias acústicas con que suele sorprender en sus grabaciones en estudio. Dotado de una voz demasiado "blanca", está claro que su fuerte es la digitación veloz de su guitarra.

En formación de trío, junto a Mark Epstein (bajo) y Tom Compton (batería), Winter pasa revista a algunos de los temas que le han hecho famoso: el poderoso instrumental de Freddie King "Hideaway"; una acerada fusión de "Sen-sa-shun" y "Got My Mojo Working" con base funk; el acelerado boogie de Frankie Lee Sims "She Likes To Boogie Real Low", donde realmente hace "cantar" a su instrumento; el slow de Ray Charles "Black Jack"; y el trepidante "Johnny Guitar" de Johnny "Guitar" Watson.

Cuando toca la slide, Winter no pierde efectividad, sino todo lo contrario: es lo que ocurre en "The Sun Is Shining" de Jimmy Reed, y en "The Sky Is Crying" de Elmore James, un tema que hizo popular otro ilustre texano, Stevie Ray Vaughan: la comparación entre ambos es inevitable, y lo que puede decirse a favor de Johnny es que su versión no es ni mejor ni peor, solo diferente. El albino también sale airoso en el rhythm’n’blues vacilón con influencias de Chuck Berry ("Just A Little Bit"), y en el funk de New Orleans ("Drop The Bomb", de Snooks Eaglin).

Según cuenta el propio Winter, "las canciones que he escogido para este disco están dedicadas a todos mis fans, que me han apoyado al venirme a ver actuar". Seguro que después de escucharlo, seguirán apoyándolo.

Aquí lo podemos ver en directo en 1979, junto a Jon Paris (bajo) y Bobby Torello (batería), interpretando "Hideaway":

10/4/14

francotirador… y a mucha honra

En el programa de anoche de ‘Alaska y Coronas’ (La 2), la cantante de Fangoria hizo un comentario con el que estoy totalmente de acuerdo: afirmaba que antes la gente publicaba fanzines donde hablaba de las cosas que le gustaban y que su equivalente actual eran los blogs. Esa reflexión me hizo recordar que hacía unos meses había escrito un post para museu del rock que, por el motivo que fuera, dejé “congelado” para publicar en el futuro. Ese día ha llegado.

El 29 de enero de 2008, hace algo más de cinco años, nacía este blog. Desde entonces he publicado un total de 330 posts (331, si contamos este). Sí, un número más bien bajo para tanto tiempo y del que no me siento especialmente orgulloso si lo comparo con la actividad de muchas bitácoras.

Pero para mantener vivo un blog (y, sobre todo, uno de estas características) se necesita algo que, en estos momentos, no me sobra precisamente: tiempo. Solo hace falta echar un vistazo al número de entradas de 2008: nada más y nada menos que 173. Si las comparamos a las solo ¡12! de 2010, es evidente que en estos años ha pasado algo. Dejando aparte la ilusión inicial cuando empiezas un proyecto de estas características, que te lleva a publicar día sí, día también, en ese lejano 2008 vivía uno de los momentos profesionales más felices, recién inaugurada mi condición de profesional autónomo, ganándome bien la vida, trabajando para varios clientes desde casa, sin horarios ni jefes, y con una gestión del tiempo mucho más eficiente que redundaba en una mayor productividad en todos los sentidos (todo el que trabaje en estas condiciones sabe a qué me refiero: la calidad de vida -al menos en cuanto a tranquilidad de espíritu- es inmejorable).

Tal vez (y digo tal vez) si este blog hubiera mantenido su planteamiento inicial de diario personal o memorias, esto me hubiera permitido publicar más asiduamente, porque un diario es sencillamente eso: transmitir ideas, pensamientos, sin más florituras… Pero pronto me dí cuenta de que eso no me bastaba, y de un período inicial durante el cual me dediqué a repasar mis experiencias profesionales (destapando los trapos sucios de algunas empresas) pasé a colgar críticas de discos y conciertos, entrevistas, listas de lo mejor del año y reportajes. Y eso, para que tenga gracia, debe hacerse utilizando todos los medios (imagen y sonido) que la red pone a nuestro alcance: no solo texto y fotos, sino también hiperenlaces y, sobre todo, audio y vídeo. No voy a descubrir nada del otro mundo si digo que todo ese trabajo requiere su tiempo…y encima intento tiendo a ser perfeccionista y a no dejar ningún cabo suelto…

Hace unos meses, cuando repasaba el blog con su nueva imagen (tras la desastrosa experiencia de probar las plantillas dinámicas de Blogger), pensé que realmente incluía contenidos que no ha publicado ninguna revista en papel ni ninguna web: aunque peque de autobombo y falta de modestia, en museu del rock se han podido leer antes que en ningún lugar artículos sobre series de culto como Californication, Perdidos, Hijos de la anarquía, True Blood y, sin ninguna duda, el artículo más profundo y más riguroso sobre Treme escrito en este país.

Eso, sin contar la incorporación de géneros periodísticos como las microcríticas de discos, los artículos más personales sobre músicos como Willy DeVille, Steve Earle o Howe Gelb, además de desenmascarar a farsantes como Ferran Monegal, Xavier Sala-Martín, Esteban Linés o Jordi Tardà. Y no querría dejar de citar extensos reportajes que solo habrás podido encontrar aquí, como los dedicados a la relación entre superhéroes y rock o a las bandas sonoras de Quentin Tarantino. Artículos que no podrían haberse publicado en ningún medio impreso ni digital por una sencilla razón: los he escrito como he querido, sin límite de extensión ni de medios (audio, vídeo…), sin que nadie me censurara ni me cambiara una coma. Creo que con mi experiencia profesional tengo el suficiente filtro de calidad y, además, qué diablos, este es mi blog y estas son mis reglas. Es el placer de escribir para uno mismo.

Y es que ya estoy harto de que la gente diga de forma despectiva: “¡Si quiere, que lo escriba en su blog!”. ¿Qué significa eso? Un momento, hay mucha calidad ahí fuera: existe una gran cantidad de blogs que publican artículos y opiniones mucho más valiosos que los que pueden leerse en la prensa “convencional”. En las últimas semanas, por ejemplo, he leido una gran cantidad de artículos sobre la serie True Detective de una profundidad y un análisis ausentes en cualquier publicación escrita. Así que ya está bien de criticar, denigrar, destrozar, vejar e insultar a los blogs. ¿A qué viene esa rabia contra los blogs? No recuerdo que en la época de los fanzines -que a) estaban muchísimo peor hechos desde un punto de vista estético y de rigor informativo; y b) su calidad era muy discutible (por no decir infame)- hubiera esa actitud tan hostil… ¿O es que, en el fondo, sus detractores envidian su libertad, su inmediatez, sus herramientas ágiles? Y lo curioso es que muchos de esos detractores empezaron, precisamente, con fanzines "de chichinabo", utilizando la terminología de Joaquín Reyes.

Por no hablar del creciente fenómeno de periodistas musicales de prestigio –Jordi Bianciotto, Ramon Súrio, Ignacio Julià, Rafa Cervera, Patricia Godes, César Luquero y un largo etcétera- que se han liado la manta a la cabeza y han creado su propio blog. ¿Qué motivos les han llevado a hacerlo? …y descartamos el económico, porque desgraciadamente es difícil obtener ganancias. ¿Cuál es entonces el valor principal: la libertad para escribir, la satisfacción personal? Es evidente que algo está pasando, y el que no quiera verlo está ciego. La proliferación de esta guerrilla de francotiradores –entre los que me incluyo- es una consecuencia directa del desprecio de las empresas por nuestro trabajo, viéndonos sometidos a sueldos miserables, por no decir insultantes, y del maltrato al que nos somete la industria, ahogada en su propio vómito, cada vez más ineficaz. ¿Qué sentido tiene la "delegación española" de un sello cuando internet te permite contactar directamente con el artista o con la oficina principal ubicada en Londres, Los Ángeles o donde sea?

Bueno, quitémonos la máscara. Solo hay algo que echo de menos con este blog: conseguir llegar a más gente, tener más lectores/seguidores porque, sinceramente –y no quisiera que se malinterpretara como una falta de modestia- creo que vale la pena y en él puedes encontrar contenidos que no podrás ver en ningún otro lugar o, al menos, con la calidad que aquí poseen. Porque esa sensación de “escribo para mí y para mis amigos” no deja de ser frustrante, sobre todo cuando tienes tantas cosas que contar y, encima, sabes contarlas tan bien. Y repito, no soy un caso único: los antes mencionados y muchos más han conseguido con sus blogs mantener un nivel de calidad que difícilmente encontrarás en otros lugares. Soy uno de esos idealistas que siguen pensando que la unión hace la fuerza (sí, ya sé que es una expresión un tanto tópica), y creo que todos los francotiradores deberíamos hacer algo.

Por último, espero que nadie interprete este post como un aviso de que tiro la toalla y cierro el museu del rock… Todo lo contrario. Recuerda el lema de este blog: “The power of words, don’t take it for granted”.

16/2/14

Prince, desmontando el mito


Escribir un libro sobre cualquier artista muerto o grupo desaparecido (léase Elvis Presley, Lou Reed, The Beatles o The Velvet Underground) tiene poco mérito y es relativamente sencillo, porque se trata de personajes que tienen un opus acabado (solo ampliado con grabaciones post-mortem, generalmente de poco valor y con voluntad sacaperras). En cambio, hacerlo sobre un músico en activo es algo mucho más complejo. Y si, además, es un músico de culo inquieto como Prince, la tarea ya puede convertirse en titánica.

A lo largo de casi quinientas páginas (más sesenta de notas y dieciséis de fotografías, bibliografía aparte), el novelista británico Matt Thorne (Bristol, 1974) intenta escribir el tratado definitivo sobre el genio de Minneapolis en “Prince” (2012; Alba Editorial, 2013). Y digo intenta porque, dada la frenética actividad del protagonista en los últimos meses, el libro queda ya desfasado a la semana de su publicación, aunque ha tardado siete años en elaborarse. Pero salvo ese problema, esta voluminosa biografía tiene más aciertos que fallos. A pesar de que el autor es un fan irredento de Prince, raramente cae en la hagiografía y tiende a ser bastante crítico con sus obras más discutibles.

“Prince” se articula sobre dos ejes básicos: las entrevistas con personas muy cercanas a nuestro héroe (y no hablamos de segundones, sino de Wendy Melvoin, Lisa Coleman, Alan Leeds, Eric Leeds, Arthur Baker y Dez Dickerson, e incluso de admiradores como Stephin Merritt y Alexis Taylor, de Hot Chip), y el análisis exhaustivo (y cuando digo exhaustivo, no exagero; a veces llega a agotar tanto detallismo) de las diversas etapas y discos (los editados y los inéditos) del artista, de sus colaboraciones y de sus pupilos (con una especial atención a sus proyectos con mujeres, desde Apollonia 6 hasta Ingrid Chavez), de su relación con el hip hop y de su carácter de pionero de la utilización de internet para distribuir su obra.

Lo mejor de todo es que Thorne, lejos de caer en la admiración del fan que se lo traga todo, tiende a la desmitificación. Por ejemplo, en el capítulo dedicado a la hazaña de las veintiuna noches de conciertos en Londres: de acuerdo, reconoce que estuvo en diecinueve de esos conciertos y en trece de los catorces shows post-bolos, pero en su pormenorizado análisis de ellos no se corta en llegar a decir que “al principio, me preocupaba acabar cada artículo diciendo que ésa había sido la mejor noche de todas; ahora, mi preocupación era que cada una de las noches que quedaban iba a ser la peor”.

No es el único mito sobre Prince que Thorne desmonta: por ejemplo, la tan cacareada colaboración con Miles Davis fue menos brillante de lo que se esperaba, los conciertos “secretos” después de los oficiales no siempre son tan espectaculares y únicos como se creía, y el material inédito que guarda a cal y canto tal vez no es tan bueno y es mejor que siga enterrado.

En cualquier caso, con esta obra los fans del autor de “Kiss” quedarán satisfechos, y los que no lo son, podrán admirar el trabajo obsesivo de un personaje que, guste o no, es uno de los artistas más importantes de la música actual. Eso sí, se habría agradecido un apéndice con la discografía completa. Y, a nivel personal, dos últimas reflexiones: una, nunca había tomado tantas notas al leer un libro como en este caso (básicamente, para volver a escuchar discos o canciones a los que no presté demasiada atención en su momento); y dos, para seguir día a día la trayectoria de Prince, más que un volumen como este, se necesita una web, y eso es lo que hacen los creadores de Princevault, la fuente de información más actualizada que puede encontrarse hoy en día sobre Prince.