Llevo un par de días escuchando “Train A Comin’” (1995) de Steve Earle una y otra vez. “Vuelta y vuelta”, como decía mi ex cuando viajábamos en su coche y no dejaba de sonar “En la imaginación”, el disco de Sílvia Pérez Cruz junto a Javier Colina que le regalé –y su mejor trabajo, por cierto, pese a quien pese-.
¿Tendrá algún significado? Raramente me pongo un mismo CD dos o tres veces seguidas, pero es que “Train A Comin’” es algo extraordinario, una obra con la que he conectado de forma especial en estos días aciagos.
Una vez liberado de sus demonios personales (adicciones variadas, cárcel…), Earle editó este disco a su gusto, totalmente personal, que marcó su declaración final de independencia de la factoría de Nashville, y mostró a un artista que regresaba a sus raíces y volvía a comenzar. Con exquisitos arreglos acústicos, un plantel de virtuosos de las cuerdas (Peter Rowan, Norman Blake y Roy Huskey Jr) y Emmylou Harris a las armonías vocales, recuperó canciones compuestas antes de los ochenta.
Su genio narrativo brillaba en tremendas baladas como la emotiva “Goodbye” o “Sometimes She Forget”, en el country-blues irónico de “Hometown Blues”, en la épica fronteriza de “Mercenary Song”, en las story songs “Tom Ames’ Prayer” y “Ben McCulloch” y en el hillbilly retro de “Mystery Train Part II” y “Angel Is The Devil”, compuesta “durante mis vacaciones en el ghetto”.
Y junto a sus magníficas composiciones, bordaba versiones de Townes Van Zandt (“Tecumseh Valley”), de artistas tan odiados por mí como los Beatles (“I’m Looking Through You”) y hasta del famoso “The Rivers Of Babylon” (otro de los temas que incluiría en mi ranking de “Canciones que aborrezco con toda mi alma”, pero que Steve transformaba en algo digno). Por si alguien lo dudaba, Earle dejaba claro que "este no es mi disco unplugged... Dios, ¡odio a la MTV!".
Por alguna extraña razón, no puedo quitarme de la cabeza este disco de resurrección y redención de un artista que reivindica con orgullo su talento entre la mediocridad reinante. Repito la pregunta: ¿tendrá algún significado oculto? ¿Debo leerlo/escucharlo entre líneas como una dirección a tomar en un momento en que mi vida va a la deriva? Ni puta idea…
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25/8/14
10/4/14
francotirador… y a mucha honra
En el programa de anoche de ‘Alaska y Coronas’ (La 2), la cantante de Fangoria hizo un comentario con el que estoy totalmente de acuerdo: afirmaba que antes la gente publicaba fanzines donde hablaba de las cosas que le gustaban y que su equivalente actual eran los blogs. Esa reflexión me hizo recordar que hacía unos meses había escrito un post para museu del rock que, por el motivo que fuera, dejé “congelado” para publicar en el futuro. Ese día ha llegado.
El 29 de enero de 2008, hace algo más de cinco años, nacía este blog. Desde entonces he publicado un total de 330 posts (331, si contamos este). Sí, un número más bien bajo para tanto tiempo y del que no me siento especialmente orgulloso si lo comparo con la actividad de muchas bitácoras.
Pero para mantener vivo un blog (y, sobre todo, uno de estas características) se necesita algo que, en estos momentos, no me sobra precisamente: tiempo. Solo hace falta echar un vistazo al número de entradas de 2008: nada más y nada menos que 173. Si las comparamos a las solo ¡12! de 2010, es evidente que en estos años ha pasado algo. Dejando aparte la ilusión inicial cuando empiezas un proyecto de estas características, que te lleva a publicar día sí, día también, en ese lejano 2008 vivía uno de los momentos profesionales más felices, recién inaugurada mi condición de profesional autónomo, ganándome bien la vida, trabajando para varios clientes desde casa, sin horarios ni jefes, y con una gestión del tiempo mucho más eficiente que redundaba en una mayor productividad en todos los sentidos (todo el que trabaje en estas condiciones sabe a qué me refiero: la calidad de vida -al menos en cuanto a tranquilidad de espíritu- es inmejorable).
Tal vez (y digo tal vez) si este blog hubiera mantenido su planteamiento inicial de diario personal o memorias, esto me hubiera permitido publicar más asiduamente, porque un diario es sencillamente eso: transmitir ideas, pensamientos, sin más florituras… Pero pronto me dí cuenta de que eso no me bastaba, y de un período inicial durante el cual me dediqué a repasar mis experiencias profesionales (destapando los trapos sucios de algunas empresas) pasé a colgar críticas de discos y conciertos, entrevistas, listas de lo mejor del año y reportajes. Y eso, para que tenga gracia, debe hacerse utilizando todos los medios (imagen y sonido) que la red pone a nuestro alcance: no solo texto y fotos, sino también hiperenlaces y, sobre todo, audio y vídeo. No voy a descubrir nada del otro mundo si digo que todo ese trabajo requiere su tiempo…y encima intento tiendo a ser perfeccionista y a no dejar ningún cabo suelto…
Hace unos meses, cuando repasaba el blog con su nueva imagen (tras la desastrosa experiencia de probar las plantillas dinámicas de Blogger), pensé que realmente incluía contenidos que no ha publicado ninguna revista en papel ni ninguna web: aunque peque de autobombo y falta de modestia, en museu del rock se han podido leer antes que en ningún lugar artículos sobre series de culto como Californication, Perdidos, Hijos de la anarquía, True Blood y, sin ninguna duda, el artículo más profundo y más riguroso sobre Treme escrito en este país.
Eso, sin contar la incorporación de géneros periodísticos como las microcríticas de discos, los artículos más personales sobre músicos como Willy DeVille, Steve Earle o Howe Gelb, además de desenmascarar a farsantes como Ferran Monegal, Xavier Sala-Martín, Esteban Linés o Jordi Tardà. Y no querría dejar de citar extensos reportajes que solo habrás podido encontrar aquí, como los dedicados a la relación entre superhéroes y rock o a las bandas sonoras de Quentin Tarantino. Artículos que no podrían haberse publicado en ningún medio impreso ni digital por una sencilla razón: los he escrito como he querido, sin límite de extensión ni de medios (audio, vídeo…), sin que nadie me censurara ni me cambiara una coma. Creo que con mi experiencia profesional tengo el suficiente filtro de calidad y, además, qué diablos, este es mi blog y estas son mis reglas. Es el placer de escribir para uno mismo.
Y es que ya estoy harto de que la gente diga de forma despectiva: “¡Si quiere, que lo escriba en su blog!”. ¿Qué significa eso? Un momento, hay mucha calidad ahí fuera: existe una gran cantidad de blogs que publican artículos y opiniones mucho más valiosos que los que pueden leerse en la prensa “convencional”. En las últimas semanas, por ejemplo, he leido una gran cantidad de artículos sobre la serie True Detective de una profundidad y un análisis ausentes en cualquier publicación escrita. Así que ya está bien de criticar, denigrar, destrozar, vejar e insultar a los blogs. ¿A qué viene esa rabia contra los blogs? No recuerdo que en la época de los fanzines -que a) estaban muchísimo peor hechos desde un punto de vista estético y de rigor informativo; y b) su calidad era muy discutible (por no decir infame)- hubiera esa actitud tan hostil… ¿O es que, en el fondo, sus detractores envidian su libertad, su inmediatez, sus herramientas ágiles? Y lo curioso es que muchos de esos detractores empezaron, precisamente, con fanzines "de chichinabo", utilizando la terminología de Joaquín Reyes.
Por no hablar del creciente fenómeno de periodistas musicales de prestigio –Jordi Bianciotto, Ramon Súrio, Ignacio Julià, Rafa Cervera, Patricia Godes, César Luquero y un largo etcétera- que se han liado la manta a la cabeza y han creado su propio blog. ¿Qué motivos les han llevado a hacerlo? …y descartamos el económico, porque desgraciadamente es difícil obtener ganancias. ¿Cuál es entonces el valor principal: la libertad para escribir, la satisfacción personal? Es evidente que algo está pasando, y el que no quiera verlo está ciego. La proliferación de esta guerrilla de francotiradores –entre los que me incluyo- es una consecuencia directa del desprecio de las empresas por nuestro trabajo, viéndonos sometidos a sueldos miserables, por no decir insultantes, y del maltrato al que nos somete la industria, ahogada en su propio vómito, cada vez más ineficaz. ¿Qué sentido tiene la "delegación española" de un sello cuando internet te permite contactar directamente con el artista o con la oficina principal ubicada en Londres, Los Ángeles o donde sea?
Bueno, quitémonos la máscara. Solo hay algo que echo de menos con este blog: conseguir llegar a más gente, tener más lectores/seguidores porque, sinceramente –y no quisiera que se malinterpretara como una falta de modestia- creo que vale la pena y en él puedes encontrar contenidos que no podrás ver en ningún otro lugar o, al menos, con la calidad que aquí poseen. Porque esa sensación de “escribo para mí y para mis amigos” no deja de ser frustrante, sobre todo cuando tienes tantas cosas que contar y, encima, sabes contarlas tan bien. Y repito, no soy un caso único: los antes mencionados y muchos más han conseguido con sus blogs mantener un nivel de calidad que difícilmente encontrarás en otros lugares. Soy uno de esos idealistas que siguen pensando que la unión hace la fuerza (sí, ya sé que es una expresión un tanto tópica), y creo que todos los francotiradores deberíamos hacer algo.
Por último, espero que nadie interprete este post como un aviso de que tiro la toalla y cierro el museu del rock… Todo lo contrario. Recuerda el lema de este blog: “The power of words, don’t take it for granted”.
El 29 de enero de 2008, hace algo más de cinco años, nacía este blog. Desde entonces he publicado un total de 330 posts (331, si contamos este). Sí, un número más bien bajo para tanto tiempo y del que no me siento especialmente orgulloso si lo comparo con la actividad de muchas bitácoras.
Pero para mantener vivo un blog (y, sobre todo, uno de estas características) se necesita algo que, en estos momentos, no me sobra precisamente: tiempo. Solo hace falta echar un vistazo al número de entradas de 2008: nada más y nada menos que 173. Si las comparamos a las solo ¡12! de 2010, es evidente que en estos años ha pasado algo. Dejando aparte la ilusión inicial cuando empiezas un proyecto de estas características, que te lleva a publicar día sí, día también, en ese lejano 2008 vivía uno de los momentos profesionales más felices, recién inaugurada mi condición de profesional autónomo, ganándome bien la vida, trabajando para varios clientes desde casa, sin horarios ni jefes, y con una gestión del tiempo mucho más eficiente que redundaba en una mayor productividad en todos los sentidos (todo el que trabaje en estas condiciones sabe a qué me refiero: la calidad de vida -al menos en cuanto a tranquilidad de espíritu- es inmejorable).
Tal vez (y digo tal vez) si este blog hubiera mantenido su planteamiento inicial de diario personal o memorias, esto me hubiera permitido publicar más asiduamente, porque un diario es sencillamente eso: transmitir ideas, pensamientos, sin más florituras… Pero pronto me dí cuenta de que eso no me bastaba, y de un período inicial durante el cual me dediqué a repasar mis experiencias profesionales (destapando los trapos sucios de algunas empresas) pasé a colgar críticas de discos y conciertos, entrevistas, listas de lo mejor del año y reportajes. Y eso, para que tenga gracia, debe hacerse utilizando todos los medios (imagen y sonido) que la red pone a nuestro alcance: no solo texto y fotos, sino también hiperenlaces y, sobre todo, audio y vídeo. No voy a descubrir nada del otro mundo si digo que todo ese trabajo requiere su tiempo…y encima intento tiendo a ser perfeccionista y a no dejar ningún cabo suelto…
Hace unos meses, cuando repasaba el blog con su nueva imagen (tras la desastrosa experiencia de probar las plantillas dinámicas de Blogger), pensé que realmente incluía contenidos que no ha publicado ninguna revista en papel ni ninguna web: aunque peque de autobombo y falta de modestia, en museu del rock se han podido leer antes que en ningún lugar artículos sobre series de culto como Californication, Perdidos, Hijos de la anarquía, True Blood y, sin ninguna duda, el artículo más profundo y más riguroso sobre Treme escrito en este país.
Eso, sin contar la incorporación de géneros periodísticos como las microcríticas de discos, los artículos más personales sobre músicos como Willy DeVille, Steve Earle o Howe Gelb, además de desenmascarar a farsantes como Ferran Monegal, Xavier Sala-Martín, Esteban Linés o Jordi Tardà. Y no querría dejar de citar extensos reportajes que solo habrás podido encontrar aquí, como los dedicados a la relación entre superhéroes y rock o a las bandas sonoras de Quentin Tarantino. Artículos que no podrían haberse publicado en ningún medio impreso ni digital por una sencilla razón: los he escrito como he querido, sin límite de extensión ni de medios (audio, vídeo…), sin que nadie me censurara ni me cambiara una coma. Creo que con mi experiencia profesional tengo el suficiente filtro de calidad y, además, qué diablos, este es mi blog y estas son mis reglas. Es el placer de escribir para uno mismo.
Y es que ya estoy harto de que la gente diga de forma despectiva: “¡Si quiere, que lo escriba en su blog!”. ¿Qué significa eso? Un momento, hay mucha calidad ahí fuera: existe una gran cantidad de blogs que publican artículos y opiniones mucho más valiosos que los que pueden leerse en la prensa “convencional”. En las últimas semanas, por ejemplo, he leido una gran cantidad de artículos sobre la serie True Detective de una profundidad y un análisis ausentes en cualquier publicación escrita. Así que ya está bien de criticar, denigrar, destrozar, vejar e insultar a los blogs. ¿A qué viene esa rabia contra los blogs? No recuerdo que en la época de los fanzines -que a) estaban muchísimo peor hechos desde un punto de vista estético y de rigor informativo; y b) su calidad era muy discutible (por no decir infame)- hubiera esa actitud tan hostil… ¿O es que, en el fondo, sus detractores envidian su libertad, su inmediatez, sus herramientas ágiles? Y lo curioso es que muchos de esos detractores empezaron, precisamente, con fanzines "de chichinabo", utilizando la terminología de Joaquín Reyes.
Por no hablar del creciente fenómeno de periodistas musicales de prestigio –Jordi Bianciotto, Ramon Súrio, Ignacio Julià, Rafa Cervera, Patricia Godes, César Luquero y un largo etcétera- que se han liado la manta a la cabeza y han creado su propio blog. ¿Qué motivos les han llevado a hacerlo? …y descartamos el económico, porque desgraciadamente es difícil obtener ganancias. ¿Cuál es entonces el valor principal: la libertad para escribir, la satisfacción personal? Es evidente que algo está pasando, y el que no quiera verlo está ciego. La proliferación de esta guerrilla de francotiradores –entre los que me incluyo- es una consecuencia directa del desprecio de las empresas por nuestro trabajo, viéndonos sometidos a sueldos miserables, por no decir insultantes, y del maltrato al que nos somete la industria, ahogada en su propio vómito, cada vez más ineficaz. ¿Qué sentido tiene la "delegación española" de un sello cuando internet te permite contactar directamente con el artista o con la oficina principal ubicada en Londres, Los Ángeles o donde sea?
Bueno, quitémonos la máscara. Solo hay algo que echo de menos con este blog: conseguir llegar a más gente, tener más lectores/seguidores porque, sinceramente –y no quisiera que se malinterpretara como una falta de modestia- creo que vale la pena y en él puedes encontrar contenidos que no podrás ver en ningún otro lugar o, al menos, con la calidad que aquí poseen. Porque esa sensación de “escribo para mí y para mis amigos” no deja de ser frustrante, sobre todo cuando tienes tantas cosas que contar y, encima, sabes contarlas tan bien. Y repito, no soy un caso único: los antes mencionados y muchos más han conseguido con sus blogs mantener un nivel de calidad que difícilmente encontrarás en otros lugares. Soy uno de esos idealistas que siguen pensando que la unión hace la fuerza (sí, ya sé que es una expresión un tanto tópica), y creo que todos los francotiradores deberíamos hacer algo.
Por último, espero que nadie interprete este post como un aviso de que tiro la toalla y cierro el museu del rock… Todo lo contrario. Recuerda el lema de este blog: “The power of words, don’t take it for granted”.
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26/9/12
MICROCRÍTICA: emmylou harris y amigos
"Concerts
For A Landmine Free World" (Vanguard, 1999)
Emmylou reúne a su peña, la flor y nata de los cantautores
folk y country, y organiza una serie de conciertos para una campaña a favor de
las víctimas de las minas. Un formato íntimo y acústico por el que desfilan las
voces angelicales de Mary Chapin Carpenter, Nanci Griffith y la propia Harris,
la morbidez de Gillian Welch, la crudeza de Steve Earle, y la narrativa de Guy
Clark. Un buen disco y una
buena causa. (415 caracteres)
31/8/12
psychobilly para cowboys espaciales
El próximo 18 de septiembre Dwight Yoakam publicará su nuevo álbum en siete años, titulado "3 Pears", que incluye un par de canciones coproducidas por Beck. Por eso, recuperamos el artículo que un servidor escribió para el libro "Antología del Country" (Editorial Celeste, 1996). En él se repasa la primera época de su trayectoria (hasta 1995), para muchos (entre los que me incluyo) la mejor del carismático cantante.
Ya habían pasado tres años desde que un ataque al corazón acabó con el vía crucis vital de Hank Williams. Corría 1956, y Stonewall Jackson había ahorrado suficiente dinero para ir a Nashville. Y en las mismas fechas, Buck Owens grabó sus primeros singles con su propio nombre. 1956 aún deparaba más sorpresas: un 23 de octubre nacería Dwight Yoakam, el enfant terrible destinado a remover los cimientos del country.
Un inciso para hablar de injusticias: que los medios de comunicación y la industria coincidan en nombrar a Garth Brooks el padre oficial del nuevo country, no es más que una nueva muestra de que lo diferente nunca es aceptado. Aquí no hay opiniones subjetivas, sino pruebas fehacientes: a mediados de los ochenta, Yoakam encabezó el neotradicionalismo junto a Nanci Griffith, Steve Earle, Randy Travis, Lyle Lovett y k.d.lang, aunque la propia industria se esmerara por enterrar sus hallazgos.
Volvamos al 56. El escenario, Pikesville, Kentucky, tierra de mineros, con un pequeño Dwight fascinado por el honky tonk, esa desviación del country que recurrió a la electricidad y al volumen alto para poder ser oída entre el barullo de los garitos donde abundaba la bebida y las mujeres fáciles. Su escuela, la carretera: forjó su estilo en los bares a lo largo de la Ruta 23, en el sur de Ohio. A mediados de los setenta, el salto a Nashville. Allí corrían malos tiempos para el country: la herencia se había perdido e imperaban los sonidos blandos. En el reinado de los John Denvers y los Kenny Rogers, Yoakam fue rechazado por ser "demasiado country".
Desanimado, se trasladó a Los Ángeles en 1978, donde le esperaba nuevamente el circuito de clubs. Hasta que juntó una banda, The Babylonian Cowboys, con la que teloneó a Los Lobos, The Blasters y Lone Justice. El contacto con el público rock le hizo ganar adeptos, pero aún tenía la espina clavada de su fracaso en Nashville. El deseo de recapturar la esencia original del country le llevó a concebir el neotradicionalismo, un vehículo para actualizar el sonido del country clásico, y demostrar que es tan excitante, apasionado y dinámico como el rock.
Para ilustrar su teoría, invocó el espíritu de Hank Williams, el precursor del rock’n’roll por su sonido y por su modo de vida. Dwight no podía olvidar tampoco que estaba en California, el feudo del estilo Bakersfield creado por Buck Owens, un honky tonk potente con letras sobre amor y bebida. Y, aunque no se considerara un estricto revivalista, quería recuperar el mismo tipo de eco que se escuchaba en los discos de Stonewall Jackson, eso sí, utilizando la tecnología punta.
Mezclando esas influencias, grabó un tema para el recopilatorio A Town South Of Bakersfield (1986), y llamó la atención del productor Pete Anderson. Este excelente guitarrista es el responsable directo del vigor rockista de Yoakam y de las guitarras incendiarias que pueblan sus grabaciones. Tras editar un miniLP, fichó en 1984 para Reprise y regrabó algunas de las canciones en su debut, Guitars Cadillacs Etc. Etc. (1986), con versiones de Honky Tonk Man (Johnny Horton) y Ring Of Fire (Johnny Cash), junto a himnos propios como Guitars, Cadillacs o Bury Me. El disco causó revuelo en Nashville: gracias al apoyo de su excelente directo se vendió bien, y parecía que la meca del country daría la bienvenida a Yoakam como una estrella. Pero su condición de bocazas le privó de una fama mayor: algunos comentarios a la prensa sobre la "basura de Nashville" le condenaron a la lista negra y le convirtieron en un outsider.
Su segundo LP, Hillbilly De Luxe (1987), contaba con recreaciones de Always Late With Your Kisses (Lefty Frizzell) y Little Sister (Elvis Presley), mientras que el tercero Buenas Noches From A Lonely Room (1988), ofrecía actualizaciones de Home Of The Blues (Johnny Cash), I Hear You Knockin' y, sobre todo, Streets Of Bakersfield (con su intérprete original, Buck Owens, y el acordeonista tex mex Flaco Jiménez).
La primera etapa de la carrera de Yoakam se cerró con el grandes éxitos Just Lookin' For A Hit (1989), que aparte de incluir algunos de los temas más conocidos de sus anteriores discos, presentaba dos versiones inéditas: Long White Cadillac (Blasters), y Sin City (Gram Parsons), a dúo con k.d.lang.
If There Was A Way (1990) iniciaría un cambio de rumbo en la trayectoria del cantante, alejándose de las versiones para profundizar cada vez más en sus propias composiciones, dando lugar a su álbum más "blues". Aprovechando la coyuntura del éxito de Garth Brooks, Reprise intentó apuntarse un tanto con Yoakam con La Croix d'Amour (1992), un disco destinado al mercado europeo que reunía sus temas más cercanos al pop y al rock, con versiones de Things We Said Today (Beatles), Here Comes The Night, Let's Work Together, Suspicious Minds (Elvis) y Truckin' (Grateful Dead). Tras este paréntesis, Dwight volvió al nuevo material con This Time (1993), poblado de grandes canciones que demostraron su madurez como compositor. Y en 1995, otro paréntesis con Dwight Live, grabado en directo en San Francisco, retrato de sus vibrantes shows.
En su último álbum, Gone (1995), Yoakam intenta responder a preguntas existenciales que no se había planteado anteriormente en su trabajo, y que le han llevado a declarar que este disco ha supuesto su experiencia más gratificante como compositor. A pesar de esta pátina trascendental, puede ser disfrutado también solo a nivel superficial: en Sorry You Asked, sobre un ritmo a lo Johnny Cash, un tipo borracho le cuenta a otro por qué se ha separado de su mujer, mientras unas trompetillas mexicanas rompen la melodramática situación; Near You se acerca al pop de los Everly Brothers, con los coros de The Rembrandts; Don't Be Sad y Gone aportan su ritmo honky tonk trotón a unas letras teñidas de cinismo; Nothing se abre con una atmósfera inquietante a lo Twin Peaks, mientras que Never Hold You ofrece un insólito tratamiento blues-rock; This Much I Know es una balada marcada por un redoble casi marcial, mientras que Heart Of Stone utiliza una intro orquestal a lo Patsy Cline; y el exotismo aparece en la polka tex mex con acordeón de Baby Why Not, y en el sitar de One More Night.
En el corazón de Texas, los expertos aseguran que el country auténtico es aquel que se toca en bares de mala muerte para gente que quiere bailar, mientras escucha historias de la vida real con las que se puede identificar, cantadas con pasión y convicción.
Y eso es, precisamente, lo que ofrece Yoakam: country puro y duro hecho con honestidad, que bebe en las fuentes del rock’n’roll, cruza la frontera con México, expresa sentimientos teñidos de cinismo o desgarro emocional, entona himnos de autodestrucción utilizando el tópico del alcohol, y calienta los honky tonk con ritmos trotones. El mismo Dwight lo llama "psychobilly": es un sonido country, pero como ironizaba en los dibujos de cowboys espaciales de su segundo LP, un country con visión de futuro, con un pie plantado firmemente en las raíces, y el otro saltando hacia un porvenir híbrido y mutante, donde se mezclan el pop, el blues y el rockabilly.
Su papel de llevar el country a una audiencia nueva, más joven, ha sido determinante: las portadas de sus discos, sus videoclips, sus grandes canciones y su carisma claman a horizontes mucho más amplios que los impuestos por el corsé de Nashville: aquí no hay camisas de diseño, ni rodeos... hay ambiciones artísticas: relojes blandos de Dalí, pinturas abstractas, guiones insanos a lo David Lynch o Barry Gifford... demasiado para los redneck de a pie.
A pesar del ostracismo sufrido por su aplastante sinceridad, este cantante-a-un-Stetson-pegado ha sobrevivido gracias a la fuerza de su trabajo, y ha madurado convirtiéndose en un clásico como sus admirados Williams, Jackson y Owens.
Y para terminar, aquí tenéis una lista con la mayoría de canciones que se citan en el artículo. A disfrutarla...
Ya habían pasado tres años desde que un ataque al corazón acabó con el vía crucis vital de Hank Williams. Corría 1956, y Stonewall Jackson había ahorrado suficiente dinero para ir a Nashville. Y en las mismas fechas, Buck Owens grabó sus primeros singles con su propio nombre. 1956 aún deparaba más sorpresas: un 23 de octubre nacería Dwight Yoakam, el enfant terrible destinado a remover los cimientos del country.
Un inciso para hablar de injusticias: que los medios de comunicación y la industria coincidan en nombrar a Garth Brooks el padre oficial del nuevo country, no es más que una nueva muestra de que lo diferente nunca es aceptado. Aquí no hay opiniones subjetivas, sino pruebas fehacientes: a mediados de los ochenta, Yoakam encabezó el neotradicionalismo junto a Nanci Griffith, Steve Earle, Randy Travis, Lyle Lovett y k.d.lang, aunque la propia industria se esmerara por enterrar sus hallazgos.
Volvamos al 56. El escenario, Pikesville, Kentucky, tierra de mineros, con un pequeño Dwight fascinado por el honky tonk, esa desviación del country que recurrió a la electricidad y al volumen alto para poder ser oída entre el barullo de los garitos donde abundaba la bebida y las mujeres fáciles. Su escuela, la carretera: forjó su estilo en los bares a lo largo de la Ruta 23, en el sur de Ohio. A mediados de los setenta, el salto a Nashville. Allí corrían malos tiempos para el country: la herencia se había perdido e imperaban los sonidos blandos. En el reinado de los John Denvers y los Kenny Rogers, Yoakam fue rechazado por ser "demasiado country".
Desanimado, se trasladó a Los Ángeles en 1978, donde le esperaba nuevamente el circuito de clubs. Hasta que juntó una banda, The Babylonian Cowboys, con la que teloneó a Los Lobos, The Blasters y Lone Justice. El contacto con el público rock le hizo ganar adeptos, pero aún tenía la espina clavada de su fracaso en Nashville. El deseo de recapturar la esencia original del country le llevó a concebir el neotradicionalismo, un vehículo para actualizar el sonido del country clásico, y demostrar que es tan excitante, apasionado y dinámico como el rock.
Para ilustrar su teoría, invocó el espíritu de Hank Williams, el precursor del rock’n’roll por su sonido y por su modo de vida. Dwight no podía olvidar tampoco que estaba en California, el feudo del estilo Bakersfield creado por Buck Owens, un honky tonk potente con letras sobre amor y bebida. Y, aunque no se considerara un estricto revivalista, quería recuperar el mismo tipo de eco que se escuchaba en los discos de Stonewall Jackson, eso sí, utilizando la tecnología punta.
Mezclando esas influencias, grabó un tema para el recopilatorio A Town South Of Bakersfield (1986), y llamó la atención del productor Pete Anderson. Este excelente guitarrista es el responsable directo del vigor rockista de Yoakam y de las guitarras incendiarias que pueblan sus grabaciones. Tras editar un miniLP, fichó en 1984 para Reprise y regrabó algunas de las canciones en su debut, Guitars Cadillacs Etc. Etc. (1986), con versiones de Honky Tonk Man (Johnny Horton) y Ring Of Fire (Johnny Cash), junto a himnos propios como Guitars, Cadillacs o Bury Me. El disco causó revuelo en Nashville: gracias al apoyo de su excelente directo se vendió bien, y parecía que la meca del country daría la bienvenida a Yoakam como una estrella. Pero su condición de bocazas le privó de una fama mayor: algunos comentarios a la prensa sobre la "basura de Nashville" le condenaron a la lista negra y le convirtieron en un outsider.
Su segundo LP, Hillbilly De Luxe (1987), contaba con recreaciones de Always Late With Your Kisses (Lefty Frizzell) y Little Sister (Elvis Presley), mientras que el tercero Buenas Noches From A Lonely Room (1988), ofrecía actualizaciones de Home Of The Blues (Johnny Cash), I Hear You Knockin' y, sobre todo, Streets Of Bakersfield (con su intérprete original, Buck Owens, y el acordeonista tex mex Flaco Jiménez).
La primera etapa de la carrera de Yoakam se cerró con el grandes éxitos Just Lookin' For A Hit (1989), que aparte de incluir algunos de los temas más conocidos de sus anteriores discos, presentaba dos versiones inéditas: Long White Cadillac (Blasters), y Sin City (Gram Parsons), a dúo con k.d.lang.
If There Was A Way (1990) iniciaría un cambio de rumbo en la trayectoria del cantante, alejándose de las versiones para profundizar cada vez más en sus propias composiciones, dando lugar a su álbum más "blues". Aprovechando la coyuntura del éxito de Garth Brooks, Reprise intentó apuntarse un tanto con Yoakam con La Croix d'Amour (1992), un disco destinado al mercado europeo que reunía sus temas más cercanos al pop y al rock, con versiones de Things We Said Today (Beatles), Here Comes The Night, Let's Work Together, Suspicious Minds (Elvis) y Truckin' (Grateful Dead). Tras este paréntesis, Dwight volvió al nuevo material con This Time (1993), poblado de grandes canciones que demostraron su madurez como compositor. Y en 1995, otro paréntesis con Dwight Live, grabado en directo en San Francisco, retrato de sus vibrantes shows.
En su último álbum, Gone (1995), Yoakam intenta responder a preguntas existenciales que no se había planteado anteriormente en su trabajo, y que le han llevado a declarar que este disco ha supuesto su experiencia más gratificante como compositor. A pesar de esta pátina trascendental, puede ser disfrutado también solo a nivel superficial: en Sorry You Asked, sobre un ritmo a lo Johnny Cash, un tipo borracho le cuenta a otro por qué se ha separado de su mujer, mientras unas trompetillas mexicanas rompen la melodramática situación; Near You se acerca al pop de los Everly Brothers, con los coros de The Rembrandts; Don't Be Sad y Gone aportan su ritmo honky tonk trotón a unas letras teñidas de cinismo; Nothing se abre con una atmósfera inquietante a lo Twin Peaks, mientras que Never Hold You ofrece un insólito tratamiento blues-rock; This Much I Know es una balada marcada por un redoble casi marcial, mientras que Heart Of Stone utiliza una intro orquestal a lo Patsy Cline; y el exotismo aparece en la polka tex mex con acordeón de Baby Why Not, y en el sitar de One More Night.
En el corazón de Texas, los expertos aseguran que el country auténtico es aquel que se toca en bares de mala muerte para gente que quiere bailar, mientras escucha historias de la vida real con las que se puede identificar, cantadas con pasión y convicción.
![]() |
| El legendario Buck Owens, junto a Dwight Yoakam: unidos por el sonido Bakersfield. |
Su papel de llevar el country a una audiencia nueva, más joven, ha sido determinante: las portadas de sus discos, sus videoclips, sus grandes canciones y su carisma claman a horizontes mucho más amplios que los impuestos por el corsé de Nashville: aquí no hay camisas de diseño, ni rodeos... hay ambiciones artísticas: relojes blandos de Dalí, pinturas abstractas, guiones insanos a lo David Lynch o Barry Gifford... demasiado para los redneck de a pie.
A pesar del ostracismo sufrido por su aplastante sinceridad, este cantante-a-un-Stetson-pegado ha sobrevivido gracias a la fuerza de su trabajo, y ha madurado convirtiéndose en un clásico como sus admirados Williams, Jackson y Owens.
Y para terminar, aquí tenéis una lista con la mayoría de canciones que se citan en el artículo. A disfrutarla...
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28/5/12
silencio: habla el dobro de Jerry Douglas
Paradójicamente, desde su debut en solitario en 1979 con Fluxology, Jerry Douglas apenas ha grabado una decena de discos con su propio nombre. Restless On The Farm es, justamente, su décimo trabajo. Como virtuoso que es, Douglas ha explotado el sonido resonante del dobro, ha potenciado su toque agresivo, y con su rápida digitación y el uso del steel le ha dado un nuevo brillo a un instrumento típico del bluegrass.
Más allá de la simple música tradicional, como Ry Cooder Douglas utiliza las raíces para construir paisajes donde reina la tensión y el sentimiento, estampas con vocación cinematográfica: el exotismo fronterizo de Turkish Taffee, la lánguida evocación irlandesa de A Tribute To Peador O'Donnell, el bucolismo de For Those Who'Ve Gone Clear y, sobre todo, la fuerza del vibrante Passing The Bar, donde junto a Sonny Landreth (dobro) y Sam Bush (mandolina) diseña la perfecta sintonía para un programa radiofónico de country. Y aún se guarda un par de ases en la manga: el genial swing jazz de Erroll Garner Like It Is , y ese mano a mano entre dobro y banjo que se marca con otro virtuoso, Bela Fleck, en The Ride.No todo son instrumentales en este disco: Douglas recurre a algunos amigos cantantes, como Tim O'Brien en el bluegrass Things In Life, Maura O'Connell en la balada de Paul Brady Follow On, John Cowan en el poderoso rhythm’n’ blues de Johnny Winter TV Doctor, y Steve Earle en el clásico de Johnny Cash Don't Take Your Guns To Town.
Cuando toca su instrumento, las notas hablan, gimen y murmuran como la voz humana: eso es lo que consigue Jerry Douglas, todo un mérito que hay que reconocerle. Así no es extraño que haya sido elegido seis veces como mejor intérprete de dobro del año.
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21/4/12
el peso de la voz de Levon Helm
El pasado jueves, 19 de abril, murió a los 71 años Levon Helm, el batería y cantante de The Band, entre muchas otras cosas. Aunque con retraso, le rendimos homenaje con la crítica de uno de sus mejores discos en solitario, “Dirt Farmer”, publicado en 2007 en el sello Vanguard.
Quién podría imaginar que tras recuperarse de un cáncer de garganta y del incendio que casi acabó por completo con su estudio de grabación, Levon Helm volvería a editar un disco. Pero el antiguo batería de la mítica The Band no solo ha grabado su primer álbum en estudio como solista en veinticinco años, sino que, además, Dirt Farmer es excelente.
Con la coproducción de su hija Amy (del grupo Ollabelle, varios de cuyos componentes también colaboran) y del multiinstrumentista Larry Campbell (guitarrista habitual de la banda de Bob Dylan), Levon rinde tributo a su familia, con canciones tradicionales que aprendió de niño en la Arkansas rural.
A pesar del carácter vetusto de la mayoría del material (por la época en la que fue compuesto), el álbum no suena retro en absoluto, sino con la misma pátina de modernidad –moderada, eso sí– que Ollabelle impone a sus grabaciones, en una hábil combinación de instrumentos eléctricos, junto a acordeones, violines y mandolinas, y efectivas armonías vocales. Eso sí, la peculiar voz de Levon no desentonaría en las grabaciones de campo de Alan Lomax de los años veinte y treinta.
En Dirt Farmer, Helm rescata cánticos bluegrass (False Hearted Lover Blues, Little Birds, Blind Child, Anna Lee) y cajun (The Girl Left Behind, el vals Poor Old Dirt Farmer), junto a adaptaciones de la Carter Family (Single Girl, Married Girl) y J.B. Lenoir (el blues gospel Feelin’ Good). Pero también flirtea con material más contemporáneo, e interpreta grandes versiones de The Mountain de Steve Earle, Wide River To Cross de Buddy & Julie Miller, y el country-blues Got Me a Woman de Paul Kennerley.
Como decía al principio, nadie habría apostado un euro por el regreso de Levon Helm, y sin embargo Dirt Farmer es un retorno por todo lo grande.
Aquí tenemos a Levon en el Ryman Auditorium de Nashville, en 2011, interpretando uno de los temas del disco, Anna Lee.
Quién podría imaginar que tras recuperarse de un cáncer de garganta y del incendio que casi acabó por completo con su estudio de grabación, Levon Helm volvería a editar un disco. Pero el antiguo batería de la mítica The Band no solo ha grabado su primer álbum en estudio como solista en veinticinco años, sino que, además, Dirt Farmer es excelente.
Con la coproducción de su hija Amy (del grupo Ollabelle, varios de cuyos componentes también colaboran) y del multiinstrumentista Larry Campbell (guitarrista habitual de la banda de Bob Dylan), Levon rinde tributo a su familia, con canciones tradicionales que aprendió de niño en la Arkansas rural.
A pesar del carácter vetusto de la mayoría del material (por la época en la que fue compuesto), el álbum no suena retro en absoluto, sino con la misma pátina de modernidad –moderada, eso sí– que Ollabelle impone a sus grabaciones, en una hábil combinación de instrumentos eléctricos, junto a acordeones, violines y mandolinas, y efectivas armonías vocales. Eso sí, la peculiar voz de Levon no desentonaría en las grabaciones de campo de Alan Lomax de los años veinte y treinta.
En Dirt Farmer, Helm rescata cánticos bluegrass (False Hearted Lover Blues, Little Birds, Blind Child, Anna Lee) y cajun (The Girl Left Behind, el vals Poor Old Dirt Farmer), junto a adaptaciones de la Carter Family (Single Girl, Married Girl) y J.B. Lenoir (el blues gospel Feelin’ Good). Pero también flirtea con material más contemporáneo, e interpreta grandes versiones de The Mountain de Steve Earle, Wide River To Cross de Buddy & Julie Miller, y el country-blues Got Me a Woman de Paul Kennerley.
Como decía al principio, nadie habría apostado un euro por el regreso de Levon Helm, y sin embargo Dirt Farmer es un retorno por todo lo grande.
Aquí tenemos a Levon en el Ryman Auditorium de Nashville, en 2011, interpretando uno de los temas del disco, Anna Lee.
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5/11/11
recordando a Gram Parsons
Tal día como hoy nacía Gram Parsons. Para recordar al padre del country-rock, nada mejor que la crítica de uno de los mejores discos de tributo que se le dedicaron, Return Of The Grievous Angel. A Tribute To Gram Parsons, editado en 1999 por el sello Almo.
Gram Parsons es un artista de culto, y motivos no le faltan: como Hank Williams, nació bajo el signo de la fatalidad, y se quemó mucho antes que el propio Hank, al morir a los 26 años víctima de una sobredosis; su compañera Emmylou Harris se ha convertido a su vez en leyenda; y, tal vez lo más importante, fue pionero en introducir, a finales de los sesenta, el country en el rock y, de rebote, el rock en el country.
Con su presencia en grupos como International Submarine Band, Byrds y Flying Burrito Brothers, y con solo dos álbumes en solitario, edificó un estilo descrito por él mismo como "música cósmica americana". Por ello se le considera padre del country-rock y del actual country alternativo, aunque su influencia ha alcanzado a artistas de todos los estilos.
Un personaje de este calibre ha sido objeto de varios tributos, pero este, editado al cumplirse veintiséis años de su muerte, es tal vez el mejor. La razón es simple: se trata de un proyecto promovido por Emmylou Harris, quien ha sabido escoger sabiamente a los participantes, todos ellos apasionados por la obra de Parsons.
En Return Of The Grievous Angel encontramos a algunos de los herederos de Gram, pertenecientes a la facción del country insurgente, como Wilco y Whiskeytown; a colegas como Chris Hillman y la propia Emmylou; y a fervientes admiradores como Beck, Elvis Costello o Sheryl Crow. No sobra ninguno, pero sí se echa en falta la presencia de Dwight Yoakam, por ejemplo.
El repertorio escogido repasa en primer lugar canciones del disco de los Byrds Sweetheart Of The Rodeo (1968): Wilco recupera el rock'n'roll One Hundred Years From Now, y Gillian Welch desnuda hasta lo esencial, casi en tono de plegaria, la preciosa balada Hickory Wind.
La estancia de Parsons en Flying Burrito Brothers es recordada con canciones de The Gilded Palace Of Sin (1969) y Burrito Deluxe (1970): del primero proceden el precioso vals Sin City, a cargo de Beck y Emmylou, rupturista por lo respetuoso de su sonido, sin ningún desliz; la angelical Juanita, con Sheryl Crow y Emmylou armonizando sus voces a la perfección; y la insólita Hot Burrito #1, con los Mavericks y su curioso tratamiento al colocar una base de ritmo programado a este monumental temazo. Y de Burrito Deluxe, Chris Hillman y Steve Earle recuperan con brío el honky tonk High Fashion Queen.
Del primer LP de Gram en solitario, GP (1973), se incluyen dos versiones: She, que reune a Emmylou y a los Pretenders; y el plácido A Song For You, un ejercicio de estilo a cargo de Whiskeytown. Y cuatro son los temas procedentes de Grievous Angel (1974): $ 1,000 Wedding, con Evan Dando y Julianna Hatfield; Return Of The Grievous Angel, con Lucinda Williams y el ex Byrd David Crosby; el gospel con aires celtas In My Hour Of Darkness, con The Rolling Creekdippers, un supergrupo integrado por Buddy y Julie Miller, Victoria Williams, Mark Olson y Jim Lauderdale; y el inquietante Ooh Las Vegas, con los Cowboy Jukies, donde el canto de sirena de Margot Timmins se sumerge en una recreación fantasmal.
En este tributo hay solo una canción que no fue compuesta por Parsons y que apareció posteriormente en uno de sus innumerables álbumes póstumos, Sleepless Nights, donde Elvis Costello aplica su temblorosa voz para darle un carácter de nana crepuscular.
Según Gillian Welch, Parsons "abrió el alma del country para que varias generaciones lo descubrieran". Gracias a este emotivo y sincero tributo, seguro que otras nuevas generaciones también lo descubrirán.
Gram Parsons es un artista de culto, y motivos no le faltan: como Hank Williams, nació bajo el signo de la fatalidad, y se quemó mucho antes que el propio Hank, al morir a los 26 años víctima de una sobredosis; su compañera Emmylou Harris se ha convertido a su vez en leyenda; y, tal vez lo más importante, fue pionero en introducir, a finales de los sesenta, el country en el rock y, de rebote, el rock en el country.
Un personaje de este calibre ha sido objeto de varios tributos, pero este, editado al cumplirse veintiséis años de su muerte, es tal vez el mejor. La razón es simple: se trata de un proyecto promovido por Emmylou Harris, quien ha sabido escoger sabiamente a los participantes, todos ellos apasionados por la obra de Parsons.
En Return Of The Grievous Angel encontramos a algunos de los herederos de Gram, pertenecientes a la facción del country insurgente, como Wilco y Whiskeytown; a colegas como Chris Hillman y la propia Emmylou; y a fervientes admiradores como Beck, Elvis Costello o Sheryl Crow. No sobra ninguno, pero sí se echa en falta la presencia de Dwight Yoakam, por ejemplo. El repertorio escogido repasa en primer lugar canciones del disco de los Byrds Sweetheart Of The Rodeo (1968): Wilco recupera el rock'n'roll One Hundred Years From Now, y Gillian Welch desnuda hasta lo esencial, casi en tono de plegaria, la preciosa balada Hickory Wind.
La estancia de Parsons en Flying Burrito Brothers es recordada con canciones de The Gilded Palace Of Sin (1969) y Burrito Deluxe (1970): del primero proceden el precioso vals Sin City, a cargo de Beck y Emmylou, rupturista por lo respetuoso de su sonido, sin ningún desliz; la angelical Juanita, con Sheryl Crow y Emmylou armonizando sus voces a la perfección; y la insólita Hot Burrito #1, con los Mavericks y su curioso tratamiento al colocar una base de ritmo programado a este monumental temazo. Y de Burrito Deluxe, Chris Hillman y Steve Earle recuperan con brío el honky tonk High Fashion Queen.
Del primer LP de Gram en solitario, GP (1973), se incluyen dos versiones: She, que reune a Emmylou y a los Pretenders; y el plácido A Song For You, un ejercicio de estilo a cargo de Whiskeytown. Y cuatro son los temas procedentes de Grievous Angel (1974): $ 1,000 Wedding, con Evan Dando y Julianna Hatfield; Return Of The Grievous Angel, con Lucinda Williams y el ex Byrd David Crosby; el gospel con aires celtas In My Hour Of Darkness, con The Rolling Creekdippers, un supergrupo integrado por Buddy y Julie Miller, Victoria Williams, Mark Olson y Jim Lauderdale; y el inquietante Ooh Las Vegas, con los Cowboy Jukies, donde el canto de sirena de Margot Timmins se sumerge en una recreación fantasmal.
En este tributo hay solo una canción que no fue compuesta por Parsons y que apareció posteriormente en uno de sus innumerables álbumes póstumos, Sleepless Nights, donde Elvis Costello aplica su temblorosa voz para darle un carácter de nana crepuscular.
Según Gillian Welch, Parsons "abrió el alma del country para que varias generaciones lo descubrieran". Gracias a este emotivo y sincero tributo, seguro que otras nuevas generaciones también lo descubrirán.
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2/10/11
Treme: Let The Good Times Roll (5)
![]() |
| Blake Leyh, el genio tras la selección musical de "Treme". Foto: Arnold Finkelstein |
Decíamos
antes que la trama principal de “Treme” es la recuperación de la cultura, una
cultura que tiene en la música uno de sus pilares básicos. Hasta ahora, todas
las producciones (televisivas y cinematográficas) ambientadas en Nueva Orleans habían
considerado la música como un simple atrezo exótico y localista. Uno de los
principales artífices de la riqueza y calidad de la banda sonora de “Treme” es
su supervisor musical Blake Leyh, quien ya ejerció la misma función en “The
Wire”. A través del correo electrónico nos desentraña su método de trabajo.
En
“Treme” la música desempeña literalmente un papel central, no solo como telón
de fondo, sino que se convierte en un personaje más de la narración y se entrelaza
con ella orgánicamente: es el “pegamento” que une todas las piezas y está en
todas partes: en la radio, en los funerales, en los carnavales, en los bares,
en los aeropuertos y hasta en las casas. Además, se percibe el esfuerzo por
atrapar la música de forma natural, casi como en forma de grabaciones de campo
(todas las actuaciones se registran en directo, incluidos los desfiles
callejeros, y muchas de ellas se solapan).
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| "Treme": la calle como escenatio. |
“Toda
la música se escoge en colaboración con los guionistas y conmigo. La música en
directo se elige sobre todo durante la fase de escritura y se incluye en el
guión. La música ‘’fuente’, la que suena en bares, coches, etc., se escoge
sobre todo durante la fase de montaje. Los guionistas y yo tenemos una amplia
colección de música favorita que siempre intentamos incluir, pero el elemento
principal que motiva la elección es responder a esta pregunta: ‘¿Qué música
estaría sonando de verdad si esta escena ocurriera en la vida real?’”, explica
Leyh.
Sin
embargo, no cree que la música tenga un papel más determinante que la propia
trama: “No, la historia es lo más importante. La música sirve a la historia. En
el nivel más básico, la historia trata de cómo la cultura salvó la ciudad, y la
música es una enorme piedra angular de la cultura, así que es necesariamente
fundamental. Pero la música sirve a la historia, y no al contrario”.
Nuevamente,
siguiendo las pautas habituales en busca de la autenticidad de las producciones
de David Simon, en “Treme” hay un cuidado especial en utilizar música que
pertenezca a la línea temporal de la historia (2006-2007 en las dos primeras
temporadas). “En ‘The Wire’ ya nos preocupamos en incluir música que fuera
adecuada al lugar y el período temporal. Y en ‘Treme’ somos muy cuidadosos en
escoger música que realmente sonara en el tiempo y el lugar en que transcurre
la historia”, reconoce Leyh.
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| Ron Carter incrédulo ante las explicaciones de Albert Lambreaux. |
Los
guiones de “Treme” están plagados de referencias y guiños en los diálogos que
difícilmente captará el espectador medio. Unos cuantos ejemplos: “En Nueva
Orleans les gusta la música, pero no quieren a los músicos”; “Olvida todo lo
que te han dicho de Jesús, Buda, Alá, porque solo existe un Dios y se llama
Professor Longhair”; o “Eso es como decirle a una puta cómo debe acabar su
trabajo” (la frase lapidaria que exclama Dr. John cuando el personaje de Albert
Lambreaux enseña a tocar el contrabajo ¡¡¡al mismísimo Ron Carter!!!). “El
enfoque de David Simon sobre el ‘storytelling’ se basa en no explicarlo todo.
Todo su trabajo utiliza ese enfoque básico, contando la historia desde el punto
de vista de alguien que está dentro de ella”, aclara el supervisor musical de
la serie.
¿Y qué
decir de los títulos de cada capítulo? Todos ellos, sin excepción, pertenecen a
canciones asociadas a Nueva Orleans y a sus artistas: “Do You Know What It
Means?”, “Meet Da Boys On The Battlefront”, “Right Place, Wrong Time”, “At The
Foot Of Canal Street”, “I’ll Fly Away”, “Everything I Do Gonh Be Funky” o “All
On A Mardi Gras Day”, solo por citar algunos.
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| John Hiatt: "Feels Like Rain" post-Katrina. |
Pero más
allá de los diálogos y los títulos, hay multitud de escenas con situaciones que
solo pueden ser apreciadas en su plenitud por parte del espectador si posee un
cierto background musical: a Delmond, que quiere grabar un disco que funda el
jazz moderno con la tradición de los indios, le aconsejan tener presencia en
internet (Facebook, MySpace, etc.) para llegar a más público; DJ Davis le da
discos de Public Enemy, The Clash y Woody Guthrie al rapero Lil Calliope para
que se inspire; Harley y Annie van a un concierto de John Hiatt y el primero le
explica por qué “Feels Like Rain” es una gran canción; los músicos ponen pegas
a interpretar esos temas que todo el mundo identifica con Nueva Orleans, como “When
The Saints Go Marchin’ In”, o se niegan a actuar la concurrida Bourbon Street
porque lo consideran un desprestigio y una vergüenza (y más si es en locales de
striptease). Y solo son unos pocos
ejemplos.
No solo
de jazz y blues vive Nueva Orleans; al contrario, en su calidad de ciudad
crisol de culturas, acumula todos los sonidos inimaginables. Y ese eclecticismo
es, al mismo tiempo, una dificultad: muchos seguidores de “Treme” criticaron la
primera temporada porque, por ejemplo, no contaba nada sobre la escena bounce (un
sensual subestilo de hip hop local que, de hecho, aparece desarrollado en la
segunda) y se centraba básicamente en el jazz. Leyh se defiende: “No puedes
incluirlo todo. Estamos contando una historia específica. Pero esperamos tener
una gran variedad de los diferentes estilos de la música de Nueva Orleans antes
de que la serie acabe”.
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| DJ Davis & The Brassy Knoll: hip hop + brass band |
En
términos musicales, en la serie hay una lucha constante entre la tradición y
los sonidos modernos: el jefe de la WWOZ quiere que se emitan lo que podríamos
llamar “canciones típicas asociadas a Nueva Orleans”, pero Davis quiere poner
bounce; Albert Lambreaux pertenece a los Indians pero su hijo Delmond está
metido en el jazz moderno… Y, nuevamente, ficción y realidad se entrecruzan: la
fusión que quiere llevar a cabo Davis con su grupo no está muy lejos de lo que
los orleanos Galactic han hecho en álbumes como “From The Corner To The Block”
(2007). “Personalmente, me gustan todos los estilos en la historia de la música
de Nueva Orleans. Aunque los músicos y las bandas necesariamente se centran en
una parte determinada de la música, en la serie intentamos mostrarlo todo
–replica Leyh–. No creo que Galactic estén intentando combinar lo viejo y lo
nuevo, solo están cogiendo de todas las tradiciones musicales de la ciudad. Lo
mismo ocurre con The Brassy Knoll, nuestra banda ficticia. A McAlary le
apasionan las brass bands, el bounce y el hip hop, así que es natural para él
combinar todo eso. Nueva Orleans es una ciudad pequeña y la comunidad musical
es muy dinámica; hay muchos músicos que se ponen una máscara en una banda de
los indios del Mardi Gras y también interpretan bounce”.
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| Elvis Costello: recordando la grabación de "The River In Reverse". |
Y
queda, claro está, la enorme cantidad de cameos de músicos que aparecen a lo
largo de la serie, interpretándose a sí mismos, ya sea en conciertos, en
grabaciones o con breves diálogos. La lista es sencillamente increíble, pero
ahí va una aproximación de los más destacados: Kermitt Ruffins, Tremé Brass
Band, Coco Robicheaux (montando el pollo, y nunca mejor dicho, al sacrificar a
un ídem en los estudios de la WWOZ como parte de una ceremonia vudú), Trombone
Shorty, Galactic, Elvis Costello y Allen Toussaint (durante la grabación de su
disco conjunto “The River In Reverse”, de 2006), Dr. John, John Boutté, McCoy
Tyner, Ron Carter, Donald Harrison, Pine Leaf Boys, Dumpstaphunk, Terence
Blanchard, Cassandra Wilson, Jon Cleary, Lloyd Price, Irma Thomas, Dave
Bartholomew, Christian Scott, Bonerama, Dirty Dozen Brass Band, The subdudes,
Mem Shannon, Shawn Colvin, Big Freedia, Walter “Wolfman” Washington, John Hiatt, Henry
Butler, Cyril Neville, Chris Thomas King, Iguanas, Lucinda Williams…
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| Dr John: presencia inevitable. |
Esta apabullante
selección, cómo no, responde también al rigor “histórico”, al incluir
únicamente a artistas que realmente estuvieran en la ciudad en ese período
post-Katrina. “Sí, solo se utilizan a músicos que estuvieran realmente
presentes en esa época. Es una manera sencilla de mantener la ‘autenticidad’ de
la historia”. El colmo de la obsesión por reconstruir lo que pasó realmente se
puede ver en el último capítulo de la segunda temporada, ambientado durante la
celebración del New Orleans Jazz & Heritage Festival, con conciertos de
Lucinda Williams y The Iguanas. “Ambos tocaron realmente en 2007, pero
recreamos sus conciertos para la serie”. Impresionante.
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| John Boutté, la voz de Nueva Orleans. |
Por
último, y no por ello menos importante, no puede olvidarse el brillante tema
principal que abre la serie, “Treme Song”, interpretado por un (hasta el momento)
desconocido John Boutté. Una canción incluida en su álbum “Jambalaya” (2003) y
que ahora, con la fuerza de las imágenes documentales de la careta, cobra una
relevancia especial que, además, encaja perfectamente con el espíritu de la
serie. John es hermano de la cantante de jazz y gospel Lillian Boutté, y es un
ejemplo del carácter único de la ciudad, al albergar una pléyade de dinastías
familiares de músicos: Marsalis, Andrews, Neville, Batiste… Leyh nos da una
primicia: “Actualmente estoy produciendo su nuevo álbum. Creo que es ‘La voz de
Nueva Orleans’ y uno de los cantantes norteamericanos actuales con más talento.
Supimos desde el primer momento que ‘Treme Song’ era la canción perfecta para
la serie”.
Aprovechando
el tirón de la serie, se han organizado diversos conciertos benéficos. El 28 de
agosto de 2010, en el quinto aniversario del Katrina, diversos artistas asociados
con la banda sonora -John Boutté, Irma Thomas, Kermit Ruffins, Lloyd Price, Jon
Cleary, James Andrews, Coco Robicheaux, Paul Sanchez, Rebirth Brass Band y
Mardi Gras Indians, entre otros- actuaron en el House Of Blues de Nueva Orleans
en el espectáculo "A Night Of Treme”, a beneficio de la fundación Make It Right, para apoyar su programa de construcción de casas seguras y sostenibles
para las familias del distrito noveno que lo perdieron todo. El show sirvió
también como avance de la banda sonora.
Posteriormente,
el 12 de febrero de 2011 se montó otro concierto con The Pfister Sisters, John
Boutté, Tom McDermott, Matt Perrine, Washboard Chaz, Glen David Andrews y
varios actores de la serie, cuyos beneficios se destinaron a la New Orleans Musician's Clinic y The Roots Of Music. Y actualmente está en marcha una gira denominada
“A Night In Treme”, con una formación cambiante de músicos de Nueva Orleans que
incluye a Rebirth Brass Band, Donald Harrison y Glen David Andrews, entre otros.
“Una de las consignas específicas de la serie ha sido ayudar a la comunidad
musical de Nueva Orleans de cualquier forma que pudiéramos. Utilizamos música
controlada por artistas locales siempre que sea posible como una manera
específica de devolver el dinero a la economía local”: las palabras de Leyh
corroboran, nuevamente, que “Treme” no es una producción más que se aproveche
de una localización atractiva, sino que tiene entre sus objetivos formar parte
de la vida de su comunidad.
Con
todo, es inevitable que haya generado el merchandising habitual, en este caso
con la edición de la banda sonora y el DVD de la primera temporada. Es una
lástima que la gran cantidad de excelente material musical filmado ex profeso
para la serie no se incluya en los DVDs –en cambio, pueden descargarse previo
pago en iTunes–. Pero está claro que, cuando termine esta producción (tenga
tres, cinco o las temporadas que sean), debería publicarse una caja con varios
CDs –algo similar a “Doctors, Professors, Kings & Queens: The Big Ol' Box Of
New Orleans” (2004), por ejemplo-, que recogiera todas las canciones que han
sonado a lo largo de sus capítulos. Por desgracia, no hay planes de hacer algo
parecido, según confiesa Leyh: “Todo es una cuestión económica. La gente ya no
compra discos, y es un reto incluso editar la banda sonora de la serie.
Personalmente, me encantaría ver una enorme caja con la música de la serie,
pero no sé si eso pasará”.
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Treme: Fear, Hate, Envy, Jealousy (4)
Muchos
se llenan la boca diciendo que “Treme” es una serie coral, pero no lo es en el
sentido lineal de una película de Berlanga, por ejemplo, sino que toma el
modelo más enrevesado inaugurado por “Vidas cruzadas” (Robert Altman, 1993),
con personajes que, por un motivo u otro, se interrelacionan e interactúan a lo
largo de los episodios, aunque se cuenten sus peripecias en paralelo.
Una de
las muestras más evidentes de la obsesión por la autenticidad que impregna
todas las producciones de David Simon la encontramos en el hecho de que muchos
de los protagonistas de la trama están inspirados en personas reales, algunas
de los cuales se han convertido en asesores de la serie. Aquí tenemos una lista
de los principales personajes de “Treme”:
| Antoine Batiste: músico a pesar de todo |
![]() |
| Davis (en el centro), grabando su álbum. |
![]() |
| Janette Desautel: el arte gastronómico de Nueva Orleans. |
![]() |
| Creighton Bernette: la revolución será televisada... en YouTube. |
![]() |
| Albert Lambreaux: orgullo indio. |
| Delbert Lambreaux: nouveau swing. |
![]() |
| Harley y Annie: ganándose la vida en las calles. |
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29/6/11
el talent, la millor herència
El seu pare és un dels grans de la música nord-americana, i ell porta camí de superar-lo i passar-li la mà per la cara. Estem parlant de Justin Townes Earle, evidentment. El mes de juliol fa una gira per Europa (Anglaterra, bàsicament) que, és clar, no passa per l’Estat espanyol.
Aquest és el primer vídeo oficial del darrer disc de Justin, Harlem River Blues (2010). Slippin' And Slidin', dirigit per Joshua Black Wilkins, mostra una mirada intimista de la ciutat de Nova York on el fill de Steve Earle viu actualment en clau de balada soul clàssica, metalls inclosos.
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10/7/09
quan el deixeble supera al mestre
"De bien nacido es ser agradecido", diuen els castellans. Steve Earle (a la foto superior) mai no ha amagat la seva devoció per Townes van Zandt (1944-1997, a la foto inferior). Es van conèixer a Houston el 1972, quan el desaparegut cantautor texà assistia a un dels seus concerts; a partir d'aquell moment, es va convertir en el seu amic, mentor i font d'inspiració. Per això, un disc com Townes –el primer que treu des de Washington Square Serenade (2007)- havia d'aparèixer un moment o altre, i el més estrany és que Earle hagi trigat tant a gravar un projecte d'aquestes característiques.
Dedicat íntegrament a l'obra de Van Zandt, la selecció inclou les cançons amb les quals Steve sent una especial connexió; així, no apareixen temes interpretats en àlbums anteriors, com Tecumseh Valley de Train A Comin’ (95) i, de fet, alguns els ha hagut d'aprendre.
Des d’un punt de vista discogràfic, la relació entre tots dos cantautors és ben curiosa: hi ha per exemple un àlbum, Together At The Bluebird Café (95), acreditat a Earle, Van Zandt i un altre il·lustre texà, Guy Clark, on malgrat el títol no hi ha duets ni trios, sinó que cadascú va a la seva. I també es pot recordar el documental Heartworn Highway (James Szalapski ,1975), imprescindible per conèixer com es va gestar l’escena dels nous tradicionalistes del country, on Earle i Van Zandt eren dues figures decisives.
Sense trencar l'esperit de les composicions originals, l'autor de Guitar Town ha adornat de sonoritat bluegrass –amb la col·laboració de Dennis Crouch, Tim O’Brien, Darrel Scott i Shad Cobb–, prenyada de violins, mandolines i banjos virtuosos, clàssics com White Freightliner Blues, Delta Momma Blues i el vals Don’t Take It Too Bad.
Però també ha utilitzat loops i programacions al country-blues Lungs –amb veu de megàfon i la guitarra elèctrica de Tom Morello (Rage Against The Machine)– i Loretta –aquí al costat de guitarres acústiques, violí i els cors de la seva esposa Allison Moorer–, i s’ha lliurat al blues elèctric més ortodox –harmònica inclosa- a Brand New Companion.
A Townes, no obstant això, abunda la sensibilitat folk, des de la coneguda balada Pancho And Lefty (un dels clàssics del seu repertori en directe) fins al càntic recitat de Mr. Mudd And Mr. Gold, a duo amb el seu fill Justin Townes. El disc va començar com una col·lecció de cançons gravades solament amb veu i guitarra a Nova York, a les quals després es van afegir altres instruments a Nashville i Los Àngeles. Per això, l'edició especial limitada inclou un altre CD, The Basics, amb onze de les quinze cançons en aquest format original.
Amb Townes, Steve Earle ha aconseguit el que semblava impossible: un cop assolit el grau de maceració adequat en la seva veu i amb la seva turbulenta trajectòria vital, el deixeble supera al mestre i el pot tutejar en igualtat de condicions.
Aquí podeu veure el Steve amb una versió acústica en directe de Brand New Companion:
I aquí Townes, també en directe, amb Pancho And Lefty l’any 1993:
Ah, per cert, aquest disc no ha estat editat encara a l’estat espanyol... i això que Earle vindrà de gira després de l’estiu: el 17 de setembre a Bilbao (Kafe Antzokia), el 18 a Madrid (Joy Eslava) i el 19 a Barcelona (Apolo).
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