29/12/14
Gafapasta, sí; indie, para nada
1. Creo que en una profesión tan devaluada últimamente como es la del periodismo cultural siempre es una buena noticia que un colega escriba un libro, sea del tema que sea. Por eso, nunca he entendido la polémica que se formó con este “panfleto” (en palabras del propio autor) y por qué una inmensa mayoría de profesionales del ramo se cebaron con él (algunos sin haberlo leído), centrándose solo en las afirmaciones más anecdóticas y más provocadoras, y dejando de lado su verdadero mensaje. Intento encontrar una explicación a este fenómeno –que no pasa, por ejemplo, cuando alguien escribe un libro sobre un grupo indie o un superventas, da igual- y solo se me ocurre una explicación: en el fondo, muchos de los que condenan el libro están de acuerdo con lo que dice, pero les molesta que otro se les haya adelantado. O simplemente, están de acuerdo y no se atreven a reconocerlo públicamente. Por otra parte, ese ataque me parece una falta de respeto a un periodista que, para mí, es un excelente entrevistador (aunque no le perdono el “estropicio” que hizo con Santiago Auserón, a quien yo le habría sometido a un cuestionario totalmente distinto). De todas maneras, con todos esos ataques y puñaladas traperas ha conseguido que Indies, hipsters y gafapastas sea el libro más comentado del año.
2. Esto no pretende ser una crítica: solo intento hacer unas cuantas observaciones sobre aspectos con los que no estoy demasiado de acuerdo y que, dicho sea de paso, son pocos. Cuando lo leía me lo tomé en serio y tenía preparada una libreta para ir escribiendo anotaciones: de las 155 páginas que tiene, solo encontré discrepancias en 9. Haciendo un cálculo chapucero, eso se traduce en el siguiente dato: solo difiero en un 5,8% (o dicho de otra manera, estoy de acuerdo con lo que dice en un 94,2%).
3. Por último, quiero dejar claro que las opiniones aquí vertidas las hago como profesional independiente y como individuo de la calle: no represento absolutamente a ninguna empresa.
Tras este preámbulo, paso a desglosar los aspectos del libro con los que menos coincido:
- En la página 69, se reproducen unas declaraciones de Kim Gordon sobre el resurgimiento a mediados de los ochenta de grupos de rock con raíces en los Estados Unidos. Eso lleva a Lenore a relacionar esta corriente y la del neocountry con el patriotismo yanqui: “La cosa creció con la llegada de los 2000 y la marea de artistas neocountry. En solo veinte años, el underground pasó de quemar cartillas de reclutamiento y banderas a ondearlas con orgullo”, escribe. Un craso error y un análisis muy superficial.
En primer lugar, el “neocountry” no surgió en los 2000, sino a mediados de los ochenta, y apareció, precisamente, como una reacción a la maquinaria de Nashville y al country patriótico, estereotipado y edulcorado, proponiendo una vuelta a las raíces con una energía más propia del punk. Posteriormente llegó el alt. country, que llevaría el estilo a extremos más radicales, con la incorrección política por bandera, apología de las drogas, recuperación de temas tabú como las murder songs, etc. Los sellos creados en torno al alt. country (Bloodshot sería su escudería más representativa) siguen siendo, a día de hoy, más indies que el mitificado Sub Pop. Y, que yo recuerde, ninguno de los artistas de Bloodshot ha actuado en los festivales indies, ha sonado en anuncios televisivos y la atención que se le presta en los medios hipsters es limitada.
En cuanto a la recuperación de las raíces norteamericanas frente a la estética británica, como también apunta Kim Gordon, es algo perfectamente lícito y para nada censurable. Los Estados Unidos ya sufrieron la nefasta British Invasion, que no solo explotó el legado afroamericano y lo hizo digerible para las masas (con los Beatles y los Rolling Stones como máximos ultrajadores), sino que acabó con parte de la industria: se cerraron estudios y los músicos se dispersaron. Una opinión que no es solo mía, sino que me corroboró Willy DeVille cuando le entrevisté en 1992: “Cuando los Beatles vinieron a América, y creo que eso pasó en 1964, fue el principio de la etapa oscura. Todos estos fantásticos artistas norteamericanos no podrían trabajar más: tenías que ser inglés para ser famoso. Esto fue realmente perjudicial para los artistas estadounidenses. Los ingleses pueden robar esta música a través de la moda, la propaganda. Soy muy militante cuando me pongo a hablar de lo que los ingleses han hecho a la música, porque la han llevado a una especie de punto muerto. Después de los Beatles, en los primeros sesenta, la gente empezó con la psicodelia, se dejó el pelo más largo… De hecho, los Beatles eran muy buenos compositores, pero gran parte de su material era una moda, una mierda. Solo querían ganar dinero”. Más claro, imposible.
- En la página 71, Lenore habla del desprecio que sufre Manu Chao por parte de los hipsters. Aparte de que no me considero hipster en absoluto, sí confieso que no me gusta Manu Chao, pero por motivos únicamente musicales: se ha convertido en una caricatura de sí mismo que repite fórmulas de la misma manera que lo hace Jarabe de Palo. El ejemplo es extremo, lo sé, pero canciones como Me gustas tú son, musicalmente, hablando, una tomadura de pelo. Por no hablar de la nociva influencia del exlíder de Mano Negra en varias generaciones de grupos de lo que podríamos llamar “fusión chunga” y que tienen su epicentro en Barcelona y, más concretamente, en el barrio del Raval, generando aberraciones como el “sonido Raval” y mezclas tremendamente indigestas y repetitivas. No hace falta decir nombres.
- En la página 77, bajo el título de "Apartheids culturales", Lenore cita a los jóvenes periodistas que se “ofenden” por entrar en contacto con artistas que gustan “a gente corriente”. Sinceramente esa actitud –que no niego que pueda existir- más allá del hipsterismo es de ser gilipollas y mal profesional. Siento personalizar mi argumentación (bueno, es lo que hace Víctor, ¿no?), pero a lo largo de mi carrera he entrevistado a todo tipo de artistas -de los más mainstream (El Fary, Azúcar Moreno, Europe, Bertín Osborne, Jean Michel Jarre, Gipsy Kings, Roxette, Simply Red, Bryan Ferry o Pet Shop Boys) a los menos conocidos por el gran público (El Vez, Arrested Development, Defunkt, k.d.lang, John Hiatt, Public Enemy, Run DMC, Living Colour, Afrika Bambaataa o Henry Rollins)- y a todos los he tratado igual. Ante todo es una cuestión de respeto por el artista, te guste o no. Recuerdo que el citado Osborne se sorprendió de que hubiera escuchado su disco; pues no solo eso, sino que además acabamos hablando del neocountry y de Dwight Yoakam y Randy Travis. De la misma forma, he entrevistado a grupos llamémosles indies que no me gustaban nada, pero eso no me ha influido ni ha condicionado: nunca he llegado a enfrentarme con artistas como otros han hecho con cuestionarios abiertamente ofensivos.
- En la página 83, Lenore me pone en un brete con unas afirmaciones que respaldo totalmente y otras no tanto. Vayamos a las primeras: qué gran razón tiene cuando afirma que “grupos de culto como Radiohead, Animal Collective o Tortoise nos cuelan los mismos trucos pseudoexperimentales que dinosaurios progresivos como Yes, Pink Floyd o Supertramp”. En cuanto a su mención a Lucinda Williams –“nos partíamos de risa viendo videoclips de Bonnie Tyler, pero pagamos cuarenta euros por los conciertos de la diva country Lucinda Williams, que tiene un registro vocal similar y unas letras en gran parte intercambiables”-, aunque soy bastante fan de la de Louisiana, no le niego parte de razón, sobre todo si comparamos sus discos más recientes con los primeros de su carrera.
Pero en la misma página, por lo que ya no paso es por eso de que Una historia verdadera es la “presunta obra maestra" de David Lynch. No sé de dónde habrá sacado Lenore esa idea, ya que esa película se basa en hechos reales y, por tanto, no parte de una historia del director. Y en el fondo, hay que reconocerlo, por su temática podría ser perfectamente un telefilme de sobremesa de los domingos.
Otra discrepancia unas líneas más abajo: reducir a los protagonistas de Mad Men a personajes de Corín Tellado es una falacia. Lenore ignora u olvida, en este sentido, las influencias de grandes directores como Billy Wilder y Douglas Sirk, autores de obras maestras del cine. Por otra parte, es comprensible el éxito de una serie que evoca una época donde no se conocía la asfixiante “corrección política” actual, eminentemente individualista y competitiva, de acuerdo, pero también muy creativa.
- En la página 91, titulada “Diplo como icono del saqueo posmoderno”, Lenore parece olvidar que la apropiación de músicas “minoritarias” no es una práctica nueva. Elvis Presley, los Beatles, los Rolling Stones, Eric Clapton… todos ellos se apropiaron de la música negra, del blues y del rhythm’n’blues, y lo embellecieron para el gran público blanco. La diferencia es que Diplo cuenta con herramientas tecnológicas que facilitan su saqueo, pero no ha inventado nada (ni siquiera el propio hecho del “robo”).
- En la página 112, el autor afirma que “basta comprobar la diferencia de trato entre el mitificado artista country folk gringo Johnny Cash y el totalmente olvidado Víctor Jara, un doble rasero donde se mezclan prejuicios políticos y raciales”. Alto ahí: primero, antes de que Rick Rubin resucitara la carrera de Johnny Cash y lo presentara a un público joven e indie, en España era un total desconocido y, probablemente, la situación era justamente la inversa; era Víctor Jara el artista admirado, en plena dictadura, por razones obvias. Por otra parte, ciñámonos a lo estrictamente musical: las canciones (y los artistas) surgidas en una determinada coyuntura política y social tienen, nos guste o no, fecha de caducidad. Esto sirve para todos los cantautores y todos los himnos surgidos en el franquismo: ya no se aguantan, ya han perdido su vigencia. Esto no quita el carácter político de las canciones; al contrario. Lo que no puede hacerse es protestar contra la corrupción, la injusticia o los desahucios de 2014 utilizando himnos del siglo pasado; hay que componer otros nuevos que, desgraciadamente, ya estarán obsoletos dentro de diez, veinte años. En cambio –y pese a reconocer su ideología digamos “dudosa”, algo que se desprende leyendo su biografía-, las canciones de Johnny Cash han perdurado y seguirán haciéndolo durante décadas.
- En la página 123, “¿Vanguardias o borregos?”, Lenore cita Twin Peaks como el arranque de la cultura hipster. Esto si que no se sostiene de ninguna manera. En primer lugar, en España no solo lo emitió una cadena comercial, sino la más hortera y chabacana del momento, Telecinco, en la misma época de las famosas Mama Chicho. Cómo llegó a comprar la marcianaza de Lynch es un misterio, de la misma forma que, años después, tuvo el acierto de programar Expediente X. (Recuerdo que, en su momento, se dijo que era un intento de “dignificar” su programación). En segundo lugar, Twin Peaks se convirtió en un fenómeno de masas: fue portada en varias revistas, se publicaron libros… ¡y hasta apareció una colección de fascículos con los VHS de la serie! Así que, de serie de culto y minoritaria, nada de nada. Lo único minoritario fue el público que aguantó hasta el final y que la entendió.
- En la página 140, Lenore describe la tienda de Discos del Sur en Madrid como un paraíso indie elitista y esnob. Parece desconocer el boletín que editaban, La guía de las otras músicas, donde diversos especialistas (entre los que me encontraba, junto a otros compañeros como Luis Lles y Luis Lapuente) comentaban discos de esos estilos que son despreciados por la prensa y el público indie: africana, latina, reggae, soul, jazz, “ritmos del barrio” (rap y raggamuffin), techno y música de baile en sus múltiples variantes, country y blues. ¿Dónde está ahí el elitismo esnob?
- Por último, en la página 146 se encuentra la afirmación que, esta sí, ha hecho que me desternillara: ¡citar a Els Amics de les Arts como grupo indie, en el mismo saco que Belle & Sebastian!
Para terminar, mencionaré los que creo que son los dos errores principales de Indies, hipsters y gafapastas. El primero, considerar el individualismo como algo negativo. El mundo de la ciencia y del arte (y de la música, claro) está lleno de ejemplos de grandes genios que siempre han trabajado solos (su carácter perfeccionista les imposibilita para colaborar con un equipo). Pero la paradoja reside en que los hipsters no son individualistas: en el fondo, aunque quieran ser distintos, son todos iguales. Es el mismo sentimiento de los que solo escuchan los 40 Principales, las fans fatales de los grupos adolescentes o los obsesionados por el reggaetón: a su manera se creen únicos, pero todos son igual de borregos y anhelan pertenecer al rebaño.
El segundo error no es nuevo, y afectó en los años setenta a una gran mayoría de la crítica cinematográfica en España, con revistas como Dirigido Por: esa fobia antiamericana (antiyanqui, sería más propio) que destrozaba cualquier película solo por el hecho de haber sido rodada en Estados Unidos con actores conocidos, para reivindicar un cine europeo o asiático aburrido y amateur o que te tomaba directamente el pelo (estoy hablando del sobrevalorado Godard, por ejemplo). Esos mismos críticos que podían exclamar, sin apenas despeinarse, un “qué bien que se ha muerto Truffaut” porque representaba al “enemigo”. Con el tiempo, la prensa cinematográfica evolucionó y se dio cuenta de su error. El panfleto de Lenore desprende ese tufillo antiyanqui (o antianglosajón, lo mismo da) que se basa más en “prejuicios políticos” (utilizando sus propias palabras) que en términos de calidad. Aunque hablar de calidad en la cultura sea algo tan subjetivo como proclive a la discusión. Pero de ahi a ponerse a reivindicar de repente a Ismael y la Banda del Mirlitón hay un paso, y tal vez no es necesario llegar a esos extremos.
18/9/08
Cordero, l'anyell amb pell de llop fronterer
La cèlebre expressió castellana "un lobo con piel de cordero" cobra un nou sentit quan l'apliquem al projecte musical de la cantant i guitarrista d’origen porto-riqueny Ani Cordero. A principis de 1999, l’antiga component de Man Or Astroman? va crear i liderar una banda bilingüe d’indie rock a Tucson, Arizona, amb músics "robats" de Calexico i Giant Sand, batejada amb el nom de la seva família, Cordero.
El 2000, l'Ani es va mudar a Nova York i va reformar la banda amb el seu marit Chris Verene (bateria), Eric Eble (baix) i Omar Akil (trompeta). Ben aviat van aconseguir popularitat amb els seus primers tres àlbums, i van fer gires com a teloners de Los Lobos, Indigo Girls, Trailer Bride i Calexico, a més de compartir escenaris a les principals capitals nord-americanes amb Ozomatli, Neko Case, Antibalas Afrobeat Orchestra, El Vez, Julie Doiron i molts més.
Cordero va donar el salt definitiu a partir del seu tercer àlbum en estudi, el primer per al segell de Chicago Bloodshot, En este momento (2006). En aquell disc, el grup sorprenia amb la seva estètica taurina, unes cançons recolzades en una contundent i sensual base rítmica que li ha valgut comparacions a Gang Of Four i Pere Ubu, una trompeta de reminiscències mariachi per a aportar l'irresistible toc fronterer, i una veu sinuosa que pertorba en castellà o en anglès.
Com si d'una versió indie de Los Lobos es tractés, el quartet de Brooklyn barrejava proclames reivindicatives (En este momento, o què passa quan l'afany de poder dels governants redueix les llibertats individuals) amb melodies ballables i festives (María Elisa), poblades per matadores de toros envejades pels toreros (Matadora) i entranyables personatges populars (Don Julio), entre la urgència punk i la tradició llatina, sintetitzades en cançons com La piedra.
Ara Cordero acaba de treure el seu nou treball De dónde eres (Bloodshot, 2008). Aquest és el primer vídeo, Ruleta rusa:
Cordero, "Ruleta Rusa" from Bloodshot Records on Vimeo.
14/4/08
americana, un model de recuperació de les arrels
Un noi entra a la petita botiga de discos del seu barri i pregunta "té alguna cosa d’Americana?". I el dependent, que porta trenta anys despatxant els èxits de cada temporada, li respon amb un despectiu "escolta xaval, la sastreria és a la vorera del davant. Aquí venem música, saps?"Aquesta situació és exagerada, però és il·lustrativa del desconeixement del fenomen musical conegut com Americana. Així que el primer que farem és consultar un diccionari com el Webster, on trobem aquesta accepció del terme: "Materials característics d’Amèrica, de la seva civilització, o la seva cultura". Un cas clar seria l’obra del pintor Edward Hopper, amb obres com la de la imatge superior, titulada Gas.
Això ja és una altra cosa: si parlem de cultura, la música és cultura. Per una regla de tres, l’Americana serà la música basada en materials característics d’Amèrica, és a dir, en estils d’arrels nord-americanes.
La denominació Americana aplicada a la música no és nova, i de fet ha patit una evolució des que va ser encunyada i registrada per Jon Grimson, un empleat del departament de promoció del segell discogràfic Warner/Reprise – Nashville. El 1994 va fundar CounterPoint Music Group, LLC, la primera companyia promotora independent de discos especialitzada en Americana. Grimson va ser decisiu en iniciar el format radiofònic d’aquest nom amb la revista Gavin Magazine el 1995.
I arribem a una de les característiques bàsiques d’això que s’anomena Americana: tot i que actualment s’utilitza per parlar d’un estil (o un grup d’estils), en realitat va néixer - i de fet encara ho és – com un format radiofònic als Estats Units, com pugui ser l’anomenat Triple A o AAA (àlbums alternatius adults, adreçat no pas als adolescents sinó als adults, amb una oferta que inclou rock i country alternatiu, jazz, folk, world music i blues, i que exclou el rap i el hard rock).
A diferència d’altres formats, en la gènesi de l’Americana hi van intervenir tots els sectors de la indústria, no només les discogràfiques, sinó també els propis artistes i compositors i fins i tot els mitjans de comunicació especialitzats. La publicació AllMusic Guide ho explica així: "L’Americana es va desenvolupar durant els 90 com una reacció orientada a les arrels davant els sons comercials que dominaven el country mainstream d’aquella dècada. Però mentre el country-rock alternatiu es va desenvolupar a partir del punk, el rock alternatiu i el country, l’Americana va sorgir d’unes fonts menys crues. De fet, moltes de les coses que s’engloben sota l’ombrel·la de l’Americana són un revival d’estils de country inactius o “adormits”, com el western swing i el rockabilly. Tot i ser considerat un format de ràdio alternatiu, no va trencar amb la tradició del country, sinó que la va incorporar".
L’estreta col·laboració entre tots els sectors que va donar vida al format, es va concretar el 1999 amb la creació de l’Americana Music Association (AMA), una organització amb seu a Nashville per a la promoció d’aquesta música, integrada per professionals de tots els àmbits: artistes, compositors, productors, managers, propietaris de locals, programadors de ràdios, segells independents, botiguers, periodistes, etc. En la seva junta directiva hi ha compositors, artistes, representants de segells independents i de mitjans de comunicació.
L’AMA ens dóna una definició molt més precisa de l’Americana: "Música d’arrels americanes basada en les tradicions del country. L’Americana combina els sons tradicionals del country amb influències de rock, blues, bluegrass, folk i molt més. Tot i que el model musical pot remuntar-se a la barreja que Elvis Presley va fer de hillbilly i rhythm & blues i que donaria lloc al rock & roll, l’Americana és un format radiofònic desenvolupat durant els 90 com una reacció al so massa polit que definia la música mainstream d’aquella dècada. En incloure influències que van del folk al bluegrass, el blues i més enllà, l’Americana salva la distància entre el format radiofònic AAA i el country mainstream. Un estudi sobre aquest format va establir que el perfil demogràfic dels seus oients correspon sobre tot a homes d’entre 25 i 44 anys, amb quatre o més anys d’educació universitària, amb uns ingressos superiors als 40 mil dòlars anuals, i molt actius pel que fa a la compra de CD i l’assistència a concerts".
La tasca desenvolupada per l’AMA pel coneixement i l’expansió de l’Americana constitueix un model molt interessant que fins i tot es podria aplicar a altres latituds (i penso per exemple en el mercat català). Entre els seus projectes hi ha l’edició d’àlbums recopilatoris com This Is Americana, la llista Americana Airplay Chart, l’Americana Conference (una fira amb seminaris i concerts), i els Americana Honors & Awards, creats per reconèixer i celebrar els mèrits dins d’aquest gènere i que el 2007, per exemple, van premiar a Patty Griffin, Buddy Miller, Lyle Lovett, Mavis Staples, Ry Cooder, Joe Ely, Willie Nelson o Townes Van Zandt, entre d’altres. A la foto de l'esquerra, un moment de l’actuació d’Elizabeth Cook a la cerimònia d’aquests guardons del 2007.
Si deixem de banda el format radiofònic i ens centrem en l’aspecte musical de l’Americana, trobem que també ha canviat des que va començar a fer-se servir aquest terme. En un principi, es va emprar com a sinònim del country alternatiu. El 1990, una banda anomenada Uncle Tupelo (a la dreta) va editar el seu debut, titulat No Depression, on barrejava temes amb energia punk i balades acústiques de sabor country. De fet, el títol era una versió de No Depression In Heaven, una cançó dels anys 30 de la mítica Carter Family, un dels grups pioners del country tradicional.
Pocs anys després, l’expressió no depression va donar nom a un fòrum d’internet, i el 1995 sorgiria una publicació amb el mateix nom. Per extensió, va aplicar-se aquesta denominació al creixent moviment de country alternatiu, així com altres etiquetes: country insurgent (encunyat pel segell de Chicago Bloodshot), alt. country o Americana.
Així, l’Americana al principi es centrava sobre tot en aquest country alternatiu que pel seu caràcter rebel i poc acomodatici amb el Nashville més comercial estava desterrat de les emissores de ràdio i les llistes d’èxits. Però poc a poc va passar de ser una etiqueta excloent a integradora, en abastar qualsevol estil musical d’arrels característic d’Amèrica del Nord: no només country, sinó tot el que hi ha entre el blues i el bluegrass. Això inclou folk, country alternatiu, tex mex, cajun, zydeco, rockabilly, cantautors, així com el pop que prové del folk, el rock amb arrels, fins i tot jazz.
I és que en el fons tot és música folk, si considerem com a tal un potipoti de tradicions transmeses. Aquesta voluntat d’integració, aquesta tret no excloent, fa possible que fins i tot artistes europeus s’hi puguin veure acceptats, com ha passat amb Elvis Costello, Graham Parker o The Mekons, o amb artistes nord-americans com Lee Wolfe, que viu a l’Estat espanyol i grava amb músics gallecs. Per donar una mesura de la diversitat d’aquest fenomen, no seria molt aventurat imaginar que si tots els músics del món que fan qualsevol cosa excepte Americana morissin demà, el rock gaudiria de sobte del seu millor estat de salut en molts anys.
Així, es pot considerar com Americana tant els Rolling Stones quan canten Dead Flowers, Bruce Springsteen quan evoca Pete Seeger a We Shall Overcome: The Seeger Sessions, Gerard Quintana i Jordi Batiste amb Els miralls de Dylan, o la basca Ainara LeGardon amb In The Mirror, així com a Neil Young, Ryan Adams, Bob Dylan – acústic o elèctric –, i Steve Earle.
A més del seu caràcter integrador, i per sobre d’estils i etiquetes, i el fet de combinar el respecte pel passat amb un desig de dir alguna cosa nova, l’Americana se centra sobre tot en la composició i la instrumentació. Això és un tret molt important, perquè recupera i dignifica la maltractada figura del cantautor. De fet, els artistes més representatius d’aquest moviment són cantautors que no encaixen en cap estil concret perquè n’utilitzen més d’un, i a les multinacionals no hi ha res que les molesti més que un músic que és difícil d’encabir en un sac concret. La llista és molt llarga: Jimmie Dale Gilmore, Delbert McClinton, Guy Clark, Lucinda Williams, Buddy Miller, Emmylou Harris, Lyle Lovett, Joe Ely o Butch Hancock són storytellers, narradors d’històries que la indústria ha arraconat, tot i que porten anys de carrera a la seva esquena.
Però és que fins i tot l’Americana introdueix un concepte innovador de cantautor: aquell que en un mateix concert pot interpretar cançons tradicionals en format acústic en solitari, i a continuació liderar una potent banda de rock, sense ser crucificat pel seu públic, com li va passar a Dylan el 1966 durant la seva primera gira elèctrica. El màxim exponent d’aquesta dualitat és Steve Earle (a la foto de l'esquerra).
I com una herència dels cantautors dels 60, l’Americana ha recuperat el seu esperit reivindicatiu. Tot i que aquest nom podria induir a equívocs patriòtics i ultradretans, és un fet que des de les files d’aquest moviment han sorgit les veus més crítiques amb George Bush i la seva política. Tothom recorda les polèmiques viscudes per les Dixie Chicks per dir que s’avergonyien de ser texanes com el president – el que les va convertir en blanc dels fonamentalistes que cremaven els seus discos - , o per Steve Earle quan va dedicar la cançó John Walker’s Blues al talibà nord-americà, el que li va valer ser acusat d’antipatriota.
Una altra gran diferència de l’Americana respecte a altres etiquetes és que designa a estils que ja existien des de molt abans. El grunge o el hip hop, per exemple, van crear-se per referir-se a uns sons nous i inèdits que van revolucionar la cultura popular. Però aquest no és el cas de l’Americana. El 1996, el músic de bluegrass Tim O’Brien va declarar en un seminari que l’Americana existia molt abans que el format radiofònic o el nom: "L’Americana valida tot el que he estat intentant fer durant molt temps. És l’evidència més concreta de que estàs aconseguint els objectius que t’has proposat". Per la seva banda Buddy Miller assegura que "està bé que hi hagi una etiqueta, un nom. Però la música sempre ha estat allí, encara que no tingués un nom. Sempre han existit grans cantautors i grans músics".
Tot i l’extensa varietat d’estils que abasta l’Americana, es podria dir que es basa en dos grans pilars: el rock i el bluegrass. De fet, alguns dels artistes amb més volum de vendes i més gires de l’Americana són els músics influïts pel bluegrass, com Alison Krauss i Gillian Welch. Un dels senyals de canvi esperançadors per l’Americana va ser l’èxit de la banda sonora de la pel·lícula O Brother, Where Art Thou? (2001), una col·lecció de bluegrass i cançons tradicionals que va encapçalar les llistes de vendes el 2001 i va guanyar cinc Grammys, inclòs l’Àlbum de l’any. Es podria considerar una casualitat, però l’AMA ho va veure com un signe de que existia un mercat per música adulta més sofisticada.
I les xifres canten. Mentre gran part de la indústria musical ha estat perdent beneficis en els darrers anys, alguns segells d’Americana com Lost Highway, Rounder, Sugar Hill, Vanguard, Hightone, Bloodshot, Yep Roc, i New West als Estats Units, i Munich, Fargo, Blue Rose, Glitterhouse o Trocadero a Europa aguanten el tipus. I igualment, algunes de les seves icones com Steve Earle, Emmylou Harris i Lucinda Williams han venut àlbums i omplert concerts durant anys sense tenir singles d’èxit ni gaire difusió radiofònica.
Quan una publicació com The Wall Street Journal diu que "l’Americana és el més excitant que li ha passat a la música popular en moltes dècades", no és casual, i per això se’l considera el moviment musical sorgit als Estats Units més fort des del grunge. Potser no és una coincidència que molts dels compositors que van fer rock dissonant a principis dels 90 hagin utilitzat les eines de l’Americana com una forma més eloqüent d’expressar la seva angoixa: Mark Lanegan, líder dels Screaming Trees de Seattle, ara fa cançons acústiques; i el mateix podem dir d’Evan Dando, cantant de Lemonheads, i de Steve Turner, guitarrista de Mudhoney.
Si d’alguna cosa es pot acusar l’Americana és de ser una mena de calaix de sastre. Però atenció, perquè aquest és un calaix de sastre ple de continguts, no de deixalles inútils.
La majoria de segells i artistes d’Americana tenen una cosa en comú: les emissores de ràdio comercial no programen la seva música. Justament això és el que li va passar a Johnny Cash (a la foto del costat): fins a la seva mort, les seves cançons van estar durant 20 anys sense sonar a la ràdio. Però va ser la seva barreja distintiva – un híbrid de folk, rock i country, escrit i cantat amb sinceritat, saviesa i humor – el que va donar a l’Americana la seva identitat.
I si Cash és el pare espiritual del moviment, Gram Parsons està considerat el sant patró, perquè va créixer com un rocker però sempre va sentir amor pel country pur i tradicional. Per això se’l cita com l’arquitecte còsmic de l’Americana.
Ara bé, posats a buscar paternitats, també podríem atribuir-li el mèrit a Dave Alvin (a la foto inferior), cantant i guitarrista del grup The Blasters, i autor de la cançó American Music, un himne de 1980 que preconitzava el seu estil, una barreja d’arrels de country, rhythm & blues, rockabilly i blues, amb una lletra que deia: "we got the Louisiana boogie and the Delta blues/We got country swing and rockabilly, too/We got jazz, country-western, and Chicago blues/It's the greatest music that you ever knew/It's American music."
Per a Alvin, aquesta música americana té una base idealista: "Amèrica és un país construït sobre un ideal, i aquest ideal és difícil d'aconseguir; per això té una història brutal i violenta. Però la música és l'únic lloc on viu aquest ideal: el jazz és la barreja de l'africà amb la música clàssica europea; el folk és de tot arreu: d'Anglaterra, Escòcia, Irlanda, Espanya; el cajun té les influències franceses... Aquest és l'ideal americà per a mi".
Antecessor involuntari de l’Americana, Alvin té molt clara la seva opinió sobre el fenomen: "Crec que el format és més positiu que negatiu. És negatiu en l'aspecte en el qual tendeix a excloure a la música negra, al blues, i tendeix a concentrar-se més en el country i en els cantautors. Però està bé, ha ajudat a molta gent i a la indústria a descobrir que "alguna cosa està passant". Ho podrien anomenar "rostbeef", com vulguis. En certa forma la música americana està més viva que mai. Hi ha més gent en els Estats Units tocant variacions de la música americana tradicional ara que en els últims 20 anys".
1. Bibliografia:
- No Depression: An Introduction to Alternative Country Music. Whatever That Is (Dowling Press, 1998), de Grant Alden i Peter Blackstock.
- Modern Twang: An Alternative Country Music Guide and Directory (Dowling Press, 1999), de David Goodman (a la foto de la dreta).
- South by Southwest: A Road Map to Alternative Country (Sanctuary, 2003), de Brian Hinton.
2. Revistes: No Depression no és la revista d’una associació de psiquiatria, sinó la primera publicació que va emprar el terme Americana. Fundada el 1995, és la bíblia del moviment, i a les seves pàgines s’han pogut llegir articles sobre un ventall molt ampli d’artistes. Malauradament, i com ja vaig comentar en aquest bloc, No Depression deixarà d’editar-se després del número de maig-juny.
3. Discografia: Més que aconsellar treballs d’artistes concrets, el millor és recórrer als recopilatoris que ofereixen acurades seleccions de les figures més representatives de l’Americana. Aquests són els més interessants:
- Insurgent Country, Vol. 1: For a Life of Sin (Bloodshot, 1994)
- Insurgent Country, Vol. 2: Hell-Bent (Bloodshot, 1995)
- American Songbook (Volume, 1996)
- Exposed Roots: Best of Alt. Country (K-Tel, 1999)
- Down To The Promised Land: 5 Years Of Bloodshot (Bloodshot, 2000)
- Rough Guide To Americana (World Music Network, 2001)
- Making Singles, Drinking Doubles (Bloodshot, 2002)
- Lost Highway: Lost & Found 1 (Lost Highway, 2003)
- This Is Americana (Narm Recordings, 2004)
- No Depression: What It Sounds Like 1 (Dualtone, 2004)
- Borderdreams: La ruta del Americana (Dock, 2004)
- This Is Americana, Vol. 2 (Narm Recordings, 2005)
- For a Decade of Sin: 11 Years of Bloodshot Records (Bloodshot, 2005)
- No Depression: What It Sounds Like, Vol. 2 (Dualtone, 2006)
4. Filmografia:
- Heartworn Highways (1975) de James Szalapski, documental imprescindible per entendre la renovació de la música d’arrels a càrrec d’artistes com Guy Clark, Townes Van Zandt, Rodney Crowell, Steve Earle i John Hiatt. El 2004, va ser publicada en DVD per Snapper/Dock amb una hora de rodatge inèdita.
- També és molt recomanable el DVD Bloodied But Unbowed: Bloodshot Records Life in the Trenches (2006), una recopilació d’actuacions en directe i videoclips del segell Bloodshot, amb artistes com Ryan Adams, Old 97s, Detroit Cobras, Alejandro Escovedo, Waco Brothers, Deadstring Brothers, Bobby Bare Jr, Graham Parker, Wayne Hancock i molts més.
5. Segells: Les discogràfiques més importants es troben a ciutats com Austin, Nashville o Chicago. Les més destacades són Back Porch, Bloodshot, Compadre, Dead Reckoning, Dualtone, Hightone, Lost Highway, New West, Rounder, Sugar Hill, Telarc, Vanguard i Yep Roc. A Europa tenim companyies com Munich, Fargo, Blue Rose, Glitterhouse o Trocadero. Molts d’aquells segells estan distribuïts a l’Estat espanyol per Discmedi, Naïve i Dock.
14/2/08
la millor revista de música no parla de psiquiatria
Un dels petits plaers de la meva vida, és a dir una d'aquestes coses que posaria en la llista d'"el que m'agrada", és rebre correu convencional (no em refereixo als emails, amb els quals també gaudeixo). I sobre tot això em passa quan cada tres mesos m'arriba No Depression, per a mi la millor revista musical que pot trobar-se avui dia. Que consti, és només la meva opinió personal com afeccionat a la música, no pretenc convèncer ningú ni fer una d'aquestes recomanacions que van a missa inflant el pit i fent-me el xulo com si hagués descobert la cura del càncer. Sí, ja sé que els mitjans estan plens de personatges així, però jo no sóc un d'ells.Anem al gra: a pesar del seu nom, la revista no és el butlletí del col•legi de psiquiatres freudians, sinó la primera publicació que va emprar el terme Americana. El nom de la revista també té la seva història. El 1990, una banda anomenada Uncle Tupelo va editar el seu debut, No Depression, on barrejava l’energia punk amb les balades acústiques de sabor country. De fet, el títol era una versió de No Depression In Heaven, una cançó dels anys 30 de la mítica Carter Family.
Pocs anys després, l'expressió no depression va donar nom a un fòrum d'internet, i el 1995 sortiria la publicació amb aquest nom. Per extensió, durant un temps es va aplicar aquesta denominació al creixent moviment del country alternatiu, al costat d'altres etiquetes: country insurgent (encunyat pel segell de Chicago Bloodshot), alt. country o Americana.
No Depression és la Bíblia del moviment, i en les seves pàgines s'han pogut llegir articles sobre un ventall molt ampli d'artistes: de tex mex (Flaco Jiménez), de rhythm & blues (Dr. John), de gospel (Holmes Brothers), de bluegrass (Alison Krauss), de rock (The White Stripes), de soul (Al Green), de jazz (Cassandra Wilson) i fins i tot de hip hop (Michael Franti).
A No Depression també han aparegut figures venerades per les revistes de tendències “modernes” (Devendra Banhart, Josh Rouse) i veterans inqüestionables (Neil Young, Warren Zevon, John Hiatt, Tom Waits), al costat de clàssics del country (Johnny Cash, Loretta Lynn).La mostra no es limita a artistes ianquis, sinó que també inclou a britànics (Billy Bragg, Graham Parker, Joe Strummer, Elvis Costello) i australians (Nick Cave). I si afegim que personatges tan diversos com Norah Jones, Solomon Burke i Elliott Smith han estat distingits en la categoria de Disc del Mes, queda demostrat el caràcter integrador de la publicació i, per extensió, de l'Americana.
Què per què m'agrada No Depression? Doncs perquè parla dels artistes que a mi m'interessen, perquè no margina (només deixa fora el que no té qualitat), perquè no segueix les modes, perquè no té una estètica moderna ni pretenciosa que ofengui pel seu esnobisme, i perquè em recomana bons discos. Es pot demanar més?
