Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris lucinda williams. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris lucinda williams. Mostrar tots els missatges

29/12/14

Gafapasta, sí; indie, para nada

Lo prometido es deuda. Hace tiempo dije que me leería Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural (Capitán Swing, 2014) de Víctor Lenore y escribiría mis impresiones al respecto. Pero antes de empezar, unas cuantas consideraciones (algunas de las cuales ya he expresado públicamente en más de una ocasión en las redes sociales):

1. Creo que en una profesión tan devaluada últimamente como es la del periodismo cultural siempre es una buena noticia que un colega escriba un libro, sea del tema que sea. Por eso, nunca he entendido la polémica que se formó con este “panfleto” (en palabras del propio autor) y por qué una inmensa mayoría de profesionales del ramo se cebaron con él (algunos sin haberlo leído), centrándose solo en las afirmaciones más anecdóticas y más provocadoras, y dejando de lado su verdadero mensaje. Intento encontrar una explicación a este fenómeno –que no pasa, por ejemplo, cuando alguien escribe un libro sobre un grupo indie o un superventas, da igual- y solo se me ocurre una explicación: en el fondo, muchos de los que condenan el libro están de acuerdo con lo que dice, pero les molesta que otro se les haya adelantado. O simplemente, están de acuerdo y no se atreven a reconocerlo públicamente. Por otra parte, ese ataque me parece una falta de respeto a un periodista que, para mí, es un excelente entrevistador (aunque no le perdono el “estropicio” que hizo con Santiago Auserón, a quien yo le habría sometido a un cuestionario totalmente distinto). De todas maneras, con todos esos ataques y puñaladas traperas ha conseguido que Indies, hipsters y gafapastas sea el libro más comentado del año.

2. Esto no pretende ser una crítica: solo intento hacer unas cuantas observaciones sobre aspectos con los que no estoy demasiado de acuerdo y que, dicho sea de paso, son pocos. Cuando lo leía me lo tomé en serio y tenía preparada una libreta para ir escribiendo anotaciones: de las 155 páginas que tiene, solo encontré discrepancias en 9. Haciendo un cálculo chapucero, eso se traduce en el siguiente dato: solo difiero en un 5,8% (o dicho de otra manera, estoy de acuerdo con lo que dice en un 94,2%).

3. Por último, quiero dejar claro que las opiniones aquí vertidas las hago como profesional independiente y como individuo de la calle: no represento absolutamente a ninguna empresa.

Tras este preámbulo, paso a desglosar los aspectos del libro con los que menos coincido:

- En la página 69, se reproducen unas declaraciones de Kim Gordon sobre el resurgimiento a mediados de los ochenta de grupos de rock con raíces en los Estados Unidos. Eso lleva a Lenore a relacionar esta corriente y la del neocountry con el patriotismo yanqui: “La cosa creció con la llegada de los 2000 y la marea de artistas neocountry. En solo veinte años, el underground pasó de quemar cartillas de reclutamiento y banderas a ondearlas con orgullo”, escribe. Un craso error y un análisis muy superficial.

En primer lugar, el “neocountry” no surgió en los 2000, sino a mediados de los ochenta, y apareció, precisamente, como una reacción a la maquinaria de Nashville y al country patriótico, estereotipado y edulcorado, proponiendo una vuelta a las raíces con una energía más propia del punk. Posteriormente llegó el alt. country, que llevaría el estilo a extremos más radicales, con la incorrección política por bandera, apología de las drogas, recuperación de temas tabú como las murder songs, etc. Los sellos creados en torno al alt. country (Bloodshot sería su escudería más representativa) siguen siendo, a día de hoy, más indies que el mitificado Sub Pop. Y, que yo recuerde, ninguno de los artistas de Bloodshot ha actuado en los festivales indies, ha sonado en anuncios televisivos y la atención que se le presta en los medios hipsters es limitada.

En cuanto a la recuperación de las raíces norteamericanas frente a la estética británica, como también apunta Kim Gordon, es algo perfectamente lícito y para nada censurable. Los Estados Unidos ya sufrieron la nefasta British Invasion, que no solo explotó el legado afroamericano y lo hizo digerible para las masas (con los Beatles y los Rolling Stones como máximos ultrajadores), sino que acabó con parte de la industria: se cerraron estudios y los músicos se dispersaron. Una opinión que no es solo mía, sino que me corroboró Willy DeVille cuando le entrevisté en 1992: “Cuando los Beatles vinieron a América, y creo que eso pasó en 1964, fue el principio de la etapa oscura. Todos estos fantásticos artistas norteamericanos no podrían trabajar más: tenías que ser inglés para ser famoso. Esto fue realmente perjudicial para los artistas estadounidenses. Los ingleses pueden robar esta música a través de la moda, la propaganda. Soy muy militante cuando me pongo a hablar de lo que los ingleses han hecho a la música, porque la han llevado a una especie de punto muerto. Después de los Beatles, en los primeros sesenta, la gente empezó con la psicodelia, se dejó el pelo más largo… De hecho, los Beatles eran muy buenos compositores, pero gran parte de su material era una moda, una mierda. Solo querían ganar dinero”. Más claro, imposible.

- En la página 71, Lenore habla del desprecio que sufre Manu Chao por parte de los hipsters. Aparte de que no me considero hipster en absoluto, sí confieso que no me gusta Manu Chao, pero por motivos únicamente musicales: se ha convertido en una caricatura de sí mismo que repite fórmulas de la misma manera que lo hace Jarabe de Palo. El ejemplo es extremo, lo sé, pero canciones como Me gustas tú son, musicalmente, hablando, una tomadura de pelo. Por no hablar de la nociva influencia del exlíder de Mano Negra en varias generaciones de grupos de lo que podríamos llamar “fusión chunga” y que tienen su epicentro en Barcelona y, más concretamente, en el barrio del Raval, generando aberraciones como el “sonido Raval” y mezclas tremendamente indigestas y repetitivas. No hace falta decir nombres.

- En la página 77, bajo el título de "Apartheids culturales", Lenore cita a los jóvenes periodistas que se “ofenden” por entrar en contacto con artistas que gustan “a gente corriente”. Sinceramente esa actitud –que no niego que pueda existir- más allá del hipsterismo es de ser gilipollas y mal profesional. Siento personalizar mi argumentación (bueno, es lo que hace Víctor, ¿no?), pero a lo largo de mi carrera he entrevistado a todo tipo de artistas -de los más mainstream (El Fary, Azúcar Moreno, Europe, Bertín Osborne, Jean Michel Jarre, Gipsy Kings, Roxette, Simply Red, Bryan Ferry o Pet Shop Boys) a los menos conocidos por el gran público (El Vez, Arrested Development, Defunkt, k.d.lang, John Hiatt, Public Enemy, Run DMC, Living Colour, Afrika Bambaataa o Henry Rollins)- y a todos los he tratado igual. Ante todo es una cuestión de respeto por el artista, te guste o no. Recuerdo que el citado Osborne se sorprendió de que hubiera escuchado su disco; pues no solo eso, sino que además acabamos hablando del neocountry y de Dwight Yoakam y Randy Travis. De la misma forma, he entrevistado a grupos llamémosles indies que no me gustaban nada, pero eso no me ha influido ni ha condicionado: nunca he llegado a enfrentarme con artistas como otros han hecho con cuestionarios abiertamente ofensivos.

- En la página 83, Lenore me pone en un brete con unas afirmaciones que respaldo totalmente y otras no tanto. Vayamos a las primeras: qué gran razón tiene cuando afirma que “grupos de culto como Radiohead, Animal Collective o Tortoise nos cuelan los mismos trucos pseudoexperimentales que dinosaurios progresivos como Yes, Pink Floyd o Supertramp”. En cuanto a su mención a Lucinda Williams –“nos partíamos de risa viendo videoclips de Bonnie Tyler, pero pagamos cuarenta euros por los conciertos de la diva country Lucinda Williams, que tiene un registro vocal similar y unas letras en gran parte intercambiables”-, aunque soy bastante fan de la de Louisiana, no le niego parte de razón, sobre todo si comparamos sus discos más recientes con los primeros de su carrera.

Pero en la misma página, por lo que ya no paso es por eso de que Una historia verdadera es la “presunta obra maestra" de David Lynch. No sé de dónde habrá sacado Lenore esa idea, ya que esa película se basa en hechos reales y, por tanto, no parte de una historia del director. Y en el fondo, hay que reconocerlo, por su temática podría ser perfectamente un telefilme de sobremesa de los domingos.

Otra discrepancia unas líneas más abajo: reducir a los protagonistas de Mad Men a personajes de Corín Tellado es una falacia. Lenore ignora u olvida, en este sentido, las influencias de grandes directores como Billy Wilder y Douglas Sirk, autores de obras maestras del cine. Por otra parte, es comprensible el éxito de una serie que evoca una época donde no se conocía la asfixiante “corrección política” actual, eminentemente individualista y competitiva, de acuerdo, pero también muy creativa.

- En la página 91, titulada “Diplo como icono del saqueo posmoderno”, Lenore parece olvidar que la apropiación de músicas “minoritarias” no es una práctica nueva. Elvis Presley, los Beatles, los Rolling Stones, Eric Clapton… todos ellos se apropiaron de la música negra, del blues y del rhythm’n’blues, y lo embellecieron para el gran público blanco. La diferencia es que Diplo cuenta con herramientas tecnológicas que facilitan su saqueo, pero no ha inventado nada (ni siquiera el propio hecho del “robo”).

- En la página 112, el autor afirma que “basta comprobar la diferencia de trato entre el mitificado artista country folk gringo Johnny Cash y el totalmente olvidado Víctor Jara, un doble rasero donde se mezclan prejuicios políticos y raciales”. Alto ahí: primero, antes de que Rick Rubin resucitara la carrera de Johnny Cash y lo presentara a un público joven e indie, en España era un total desconocido y, probablemente, la situación era justamente la inversa; era Víctor Jara el artista admirado, en plena dictadura, por razones obvias. Por otra parte, ciñámonos a lo estrictamente musical: las canciones (y los artistas) surgidas en una determinada coyuntura política y social tienen, nos guste o no, fecha de caducidad. Esto sirve para todos los cantautores y todos los himnos surgidos en el franquismo: ya no se aguantan, ya han perdido su vigencia. Esto no quita el carácter político de las canciones; al contrario. Lo que no puede hacerse es protestar contra la corrupción, la injusticia o los desahucios de 2014 utilizando himnos del siglo pasado; hay que componer otros nuevos que, desgraciadamente, ya estarán obsoletos dentro de diez, veinte años. En cambio –y pese a reconocer su ideología digamos “dudosa”, algo que se desprende leyendo su biografía-, las canciones de Johnny Cash han perdurado y seguirán haciéndolo durante décadas.

- En la página 123, “¿Vanguardias o borregos?”, Lenore cita Twin Peaks como el arranque de la cultura hipster. Esto si que no se sostiene de ninguna manera. En primer lugar, en España no solo lo emitió una cadena comercial, sino la más hortera y chabacana del momento, Telecinco, en la misma época de las famosas Mama Chicho. Cómo llegó a comprar la marcianaza de Lynch es un misterio, de la misma forma que, años después, tuvo el acierto de programar Expediente X. (Recuerdo que, en su momento, se dijo que era un intento de “dignificar” su programación). En segundo lugar, Twin Peaks se convirtió en un fenómeno de masas: fue portada en varias revistas, se publicaron libros… ¡y hasta apareció una colección de fascículos con los VHS de la serie! Así que, de serie de culto y minoritaria, nada de nada. Lo único minoritario fue el público que aguantó hasta el final y que la entendió.

- En la página 140, Lenore describe la tienda de Discos del Sur en Madrid como un paraíso indie elitista y esnob. Parece desconocer el boletín que editaban, La guía de las otras músicas, donde diversos especialistas (entre los que me encontraba, junto a otros compañeros como Luis Lles y Luis Lapuente) comentaban discos de esos estilos que son despreciados por la prensa y el público indie: africana, latina, reggae, soul, jazz, “ritmos del barrio” (rap y raggamuffin), techno y música de baile en sus múltiples variantes, country y blues. ¿Dónde está ahí el elitismo esnob?

- Por último, en la página 146 se encuentra la afirmación que, esta sí, ha hecho que me desternillara: ¡citar a Els Amics de les Arts como grupo indie, en el mismo saco que Belle & Sebastian!

Para terminar, mencionaré los que creo que son los dos errores principales de Indies, hipsters y gafapastas. El primero, considerar el individualismo como algo negativo. El mundo de la ciencia y del arte (y de la música, claro) está lleno de ejemplos de grandes genios que siempre han trabajado solos (su carácter perfeccionista les imposibilita para colaborar con un equipo). Pero la paradoja reside en que los hipsters no son individualistas: en el fondo, aunque quieran ser distintos, son todos iguales. Es el mismo sentimiento de los que solo escuchan los 40 Principales, las fans fatales de los grupos adolescentes o los obsesionados por el reggaetón: a su manera se creen únicos, pero todos son igual de borregos y anhelan pertenecer al rebaño.

El segundo error no es nuevo, y afectó en los años setenta a una gran mayoría de la crítica cinematográfica en España, con revistas como Dirigido Por: esa fobia antiamericana (antiyanqui, sería más propio) que destrozaba cualquier película solo por el hecho de haber sido rodada en Estados Unidos con actores conocidos, para reivindicar un cine europeo o asiático aburrido y amateur o que te tomaba directamente el pelo (estoy hablando del sobrevalorado Godard, por ejemplo). Esos mismos críticos que podían exclamar, sin apenas despeinarse, un “qué bien que se ha muerto Truffaut” porque representaba al “enemigo”. Con el tiempo, la prensa cinematográfica evolucionó y se dio cuenta de su error. El panfleto de Lenore desprende ese tufillo antiyanqui (o antianglosajón, lo mismo da) que se basa más en “prejuicios políticos” (utilizando sus propias palabras) que en términos de calidad. Aunque hablar de calidad en la cultura sea algo tan subjetivo como proclive a la discusión. Pero de ahi a ponerse a reivindicar de repente a Ismael y la Banda del Mirlitón hay un paso, y tal vez no es necesario llegar a esos extremos.

23/12/13

lo que más me gustó de 2013

Como dije en 2012: que quede claro: no me gusta hacer listas de lo mejor o lo peor. Considero que es algo altamente subjetivo. Por eso, esto no es una lista de lo mejor de 2013, sino una lista de lo que a mí me ha gustado más durante este año. Y por eso, también, no hay una numeración, porque me resulta imposible valorar qué disco o qué canción es mejor que otra. Así que os lo dejo en vuestras manos.

ÁLBUMES INTERNACIONALES

Cristian Kjellvander - The Pitcher


CANCIONES INTERNACIONALES



ÁLBUMES NACIONALES

Juan Perro & La Zarabanda - Juan Perro & La Zarabanda
Wau y Los Arrrghs!!! - Todo roto
 

CANCIONES NACIONALES



CONCIERTOS

Lucinda Williams & Doug Pettibone


Pony Bravo


Dexys
Neko Case
El Último Vecino

PELÍCULAS

Django desencadenado (Quentin Tarantino)


Las brujas de Zugarramurdi (Álex de la Iglesia)


Don Jon (Joseph Gordon-Levitt)


VIDEOCLIP


LIBRO


CÓMIC

Los capullos no regalan flores de Moderna de Pueblo


PROGRAMA DE TELEVISIÓN


SERIE


PERSONAJE DEL 2013

Mario Vaquerizo y Alberto Chicote

LO MEJOR DE LO MEJOR

Los días en BeniYork a tutiplén (bebiendo mojitos y margaritas poco después de desayunar), mi inmersión en los usos y costumbres del Poble, mi creciente círculo de amigos gracias a ti, mi nuevo tatuaje y, last but not least, TÚ.

5/11/11

recordando a Gram Parsons

Tal día como hoy nacía Gram Parsons. Para recordar al padre del country-rock, nada mejor que la crítica de uno de los mejores discos de tributo que se le dedicaron, Return Of The Grievous Angel. A Tribute To Gram Parsons, editado en 1999 por el sello Almo.

Gram Parsons es un artista de culto, y motivos no le faltan: como Hank Williams, nació bajo el signo de la fatalidad, y se quemó mucho antes que el propio Hank, al morir a los 26 años víctima de una sobredosis; su compañera Emmylou Harris se ha convertido a su vez en leyenda; y, tal vez lo más importante, fue pionero en introducir, a finales de los sesenta, el country en el rock y, de rebote, el rock en el country.

Con su presencia en grupos como International Submarine Band, Byrds y Flying Burrito Brothers, y con solo dos álbumes en solitario, edificó un estilo descrito por él mismo como "música cósmica americana". Por ello se le considera padre del country-rock y del actual country alternativo, aunque su influencia ha alcanzado a artistas de todos los estilos.

Un personaje de este calibre ha sido objeto de varios tributos, pero este, editado al cumplirse veintiséis años de su muerte, es tal vez el mejor. La razón es simple: se trata de un proyecto promovido por Emmylou Harris, quien ha sabido escoger sabiamente a los participantes, todos ellos apasionados por la obra de Parsons.

En Return Of The Grievous Angel encontramos a algunos de los herederos de Gram, pertenecientes a la facción del country insurgente, como Wilco y Whiskeytown; a colegas como Chris Hillman y la propia Emmylou; y a fervientes admiradores como Beck, Elvis Costello o Sheryl Crow. No sobra ninguno, pero sí se echa en falta la presencia de Dwight Yoakam, por ejemplo.

El repertorio escogido repasa en primer lugar canciones del disco de los Byrds Sweetheart Of The Rodeo (1968): Wilco recupera el rock'n'roll One Hundred Years From Now, y Gillian Welch desnuda hasta lo esencial, casi en tono de plegaria, la preciosa balada Hickory Wind.

La estancia de Parsons en Flying Burrito Brothers es recordada con canciones de The Gilded Palace Of Sin (1969) y Burrito Deluxe (1970): del primero proceden el precioso vals Sin City, a cargo de Beck y Emmylou, rupturista por lo respetuoso de su sonido, sin ningún desliz; la angelical Juanita, con Sheryl Crow y Emmylou armonizando sus voces a la perfección; y la insólita Hot Burrito #1, con los Mavericks y su curioso tratamiento al colocar una base de ritmo programado a este monumental temazo. Y de Burrito Deluxe, Chris Hillman y Steve Earle recuperan con brío el honky tonk High Fashion Queen.

Del primer LP de Gram en solitario, GP (1973), se incluyen dos versiones: She, que reune a Emmylou y a los Pretenders; y el plácido A Song For You, un ejercicio de estilo a cargo de Whiskeytown. Y cuatro son los temas procedentes de Grievous Angel (1974): $ 1,000 Wedding, con Evan Dando y Julianna Hatfield; Return Of The Grievous Angel, con Lucinda Williams y el ex Byrd David Crosby; el gospel con aires celtas In My Hour Of Darkness, con The Rolling Creekdippers, un supergrupo integrado por Buddy y Julie Miller, Victoria Williams, Mark Olson y Jim Lauderdale; y el inquietante Ooh Las Vegas, con los Cowboy Jukies, donde el canto de sirena de Margot Timmins se sumerge en una recreación fantasmal.

En este tributo hay solo una canción que no fue compuesta por Parsons y que apareció posteriormente en uno de sus innumerables álbumes póstumos, Sleepless Nights, donde Elvis Costello aplica su temblorosa voz para darle un carácter de nana crepuscular.

Según Gillian Welch, Parsons "abrió el alma del country para que varias generaciones lo descubrieran". Gracias a este emotivo y sincero tributo, seguro que otras nuevas generaciones también lo descubrirán.

17/7/09

el cicle de la vida amb Lila Downs

Tornem amb les entrevistes unplugged, és a dir sense retallar ni editar. Aquesta en concret, feta el 5 de maig d’aquest any, el dia de la batalla de Puebla, té com a protagonista Lila Downs. En el número de setembre de Rockdelux la podreu llegir arreglada i amb moltes més dades interessants. Però aquí la teniu sencera, tal i com es va desenvolupar.

En plena polèmica per la grip porcina mexicana, la cantant d’Oaxaca va visitar diverses ciutats de l’estat espanyol per presentar el seu darrer disc Ojo de culebra (2008). Personalment, aquesta és una de les entrevistes que més esperava fer, perquè he seguit la carrera de Lila des dels seus inicis i l’he vista actuar diverses vegades.

Viendo tus conciertos (con las proyecciones, etc.), me da la impresión de que tus intereses artísticos van más allá de la música, algo que se aprecia sobre todo en el DVD "Lotería cantada". Sin embargo, ¿por qué decidiste dedicarte a ella y no a la pintura u otra disciplina artística? Llegó el momento en que me tocaba decidir: o me dedicaba a la música o a la antropología. Opté por la música porque recordé que de pequeña la gente me decía que lo hacía muy bien, y se emocionaban mucho cuando cantaba. Eso me hizo reflexionar. Cuando escuché a Mercedes Sosa volví a la música, porque la había dejado un rato, y pensaba que podía ayudar más al mundo conociendo más sobre mi cultura, mis raíces y la importancia del grupo indígena del cual provengo. Pensé: "Bueno, ¿qué es lo que yo hago que tenga la misma fuerza que, por ejemplo, la voz de Mercedes Sosa, alguien que cuando oyes su voz lo sueltas todo?". Eso quise y todavía aspiro hacer, mover a las personas con mi voz.

Desde tu debut con el casete "Ofrenda" (94), ¿cómo has llegado a lo que haces actualmente? ¿Ha sido una evolución personal más que artística? Sí, una va con la otra. Espero que haya evolucionado artísticamente, porque escucho mi voz ahora, en las grabaciones más recientes, y me parece distinta. Y también me considero un poco diferente que antes. Para mí fue bastante difícil salir de ese encasillamiento clásico, porque sentía que me limitaba, y entonces fui hacia el otro extremo, hasta que terminé casi acabándome la voz por tratarla muy mal. Y ahora estoy en un punto medio en el que sé que también hay que cuidarse para que la voz responda.

En el álbum anterior -"La cantina (entre copa y copa…)" (2006)- fueron las cantinas; en "Ojo de culebra" las curanderas. Parece como si con tus discos persiguieras algo; una curación, una catarsis, una huida de la realidad… No sé si es una huida de la realidad, más bien es enfrentarse a la realidad que he tenido. En "La cantina" era necesario tirarme a la perdición de esa música, porque sentía mucha melancolía y mucha tristeza, así que fue necesario pasar un año o dos girando con ese material. Además, creo que es el disco que más le ha gustado a la gente. Porque es muy fácil decir "vamos a empinar la botella", ¿no? Pero al mismo tiempo me afectó en la voz, en lo personal, porque también empiezas a engendrar una energía que no es necesariamente buena, no hay mucha luz, hay más oscuridad. Con "Ojo de culebra" he podido enfrentarme a la disciplina de nuevo, a la necesidad de un balance en la vida. Pero sí, claro, son catarsis. Porque la música me ha ayudado mucho a salir de esos sentimientos por los que he pasado.

¿Intentas ser respetuosa con la tradición, o pretendes destruir los clichés asociados a la música mexicana? Es decir, cuando abordas versiones de temas tan conocidos como "La cucaracha", ¿cómo te lo planteas para no caer en el tópico? Siendo crítica y utilizando las herramientas que te da tu generación. En mi caso, un poco de hip hop y de crítica social, porque en ese tema en concreto es típico componer versos que critiquen a los políticos, se improvisan desde hace tiempo. Y creo también que hay una necesidad en mi generación de oír esas canciones, pero en otro contexto.

En tu obra hay una labor de investigación, de “arqueología” musical, herencia de tu formación como antropóloga. Me refiero en que muchas veces buscas la influencia africana, por ejemplo, o utilizas lenguas indígenas. Tiene que ver con el instinto y la naturaleza humana: creo que por eso la música popular nos acompaña tanto. Necesitamos conectarnos con ella porque expresa los temores más grandes, simplemente para olvidar los problemas que vivimos diariamente. Es importante desconectarse y cantar un tema de amor.

Me sorprende que no hayas caído en la tentación de la fusión con la electrónica como otros grupos como Nortec Collective o Instituto Mexicano del Sonido. ¿Es por alguna razón especial? A mí me gusta, y sí hemos hecho algunos temas que han sido un poco más electrónicos, como "La Bamba", por ejemplo. A mí no me molesta, al contrario. Pero no me convencen las cosas que son demasiado fáciles, y por eso siempre estoy buscando otras cosas que hacer, me motiva mucho el reto.

¿Cuándo abordaste corridos clásicos en “La cantina”, cómo reaccionaron los sectores más puristas? Había críticas, especialmente en Estados Unidos. Unos que son muy tradicionales decían que cómo se estaría revolcando en su tumba José Alfredo Jiménez al saber que una mujer estaba cantando sus temas (se ríe a carcajadas). Algún machito típico mexicano… Pero en general fue todo lo contrario de lo que esperaba: pensé que iba a ser más rechazado y fue más aceptado de lo que creía. Incluso después de "La cantina" empezaron a invitarme al Festival Internacional del Mariachi que se celebra cada año en Jalisco, Guadalajara, adonde llegan mariachis de Japón, Jamaica, Chile, Argentina, de todas partes del mundo.

Por cierto, has participado en un reciente homenaje a Chavela Vargas, aunque al principio creo que no estaba prevista tu actuación, lo cual me extrañó. Y más cuando ella ha declarado públicamente que te considera su “sucesora”. Hicimos todo lo posible para participar. Estábamos en Nueva York, y como vivimos allí parte del tiempo, vamos y venimos, al final pudimos llegar.

¿Cuál es tu mayor influencia como cantante? Yo diría que Lola Beltrán y Mercedes Sosa, porque el timbre de la voz es parecido, tengo un timbre grave. Y creo que, en espíritu, Lucha Reyes, porque soy algo brava, no me dejo de tantas cosas (se ríe). Soy buena gente, puedo serlo, pero de pronto también me defiendo.

¿Crees que tienes sucesoras en tu estilo? Sí, ahora hay unas chicas en mi tierra, en Oaxaca, que están haciendo cosas parecidas a las que yo he hecho, y me da como vergüenza de cierta manera, pero también me da mucho orgullo y mucho gusto, porque demuestra que algo he aportado.

La pregunta inevitable: desde el principio se te ha asociado con Frida Kahlo, no solo por la estética (los huipiles), sino por interpretar canciones asociadas a ella como “La Bruja” (una de sus preferidas), “La llorona” o “El venadito” (título de un cuadro de la pintora de 1946). Cuando oigo tus discos o veo tus conciertos, no puedo dejar de pensar en que a Frida le encantarían. ¿Qué significó realmente para ti? Me identifiqué con ella cuando estudiaba el textil indígena. Entonces la descubrí, porque en mi niñez no me la enseñaron en la escuela, en esa época la situación era más machista, y en los libros de historia de México no se ha abordado a Frida hasta hace poco. De pronto me di cuenta de que era un mujer que se veía muy europea en un contexto muy indígena y muy de mi región, porque yo soy oaxaqueña, y ella de madre oaxaqueña, también. Y me identifiqué con su cosmovisión: esos cuadros con el bebé que ha perdido, la madre tierra, la representación de la coyolxauhqui –la diosa de la Luna según la mitología azteca- y ese ciclo de la vida. Es muy indígena, como muy próximo a mi niñez. Mi abuela hablaba de cómo la tierra se traga la sangre cuando morimos y luego da frutos de nuevo. Los campesinos hablan de ese ciclo de la vida. Me di cuenta de que ella, aunque no era del todo indígena y su padre era alemán, podía sentirse muy mexicana. Eso me hizo sentirme muy identificada. Aunque después de un rato, cargar con ese peso de Frida, de siempre ser comparada con ella, llegó a ser mucho para mí. También tuvo que ver con la depilación de la ceja, era necesario buscar mi lado femenino.

Eres una persona con preocupaciones políticas y sociales, que has participado en distintas campañas. ¿Crees que la música es una forma de preservar la herencia cultural, una expresión política? Podemos concienciar al público. Hay canciones que tienen narrativas que son importantes para la historia en un contexto, pero yo aspiro a buscar que funcionen en todos los niveles: musicalmente, pero también con la narrativa y con la conciencia. Y eso es difícil lograrlo.

En "Ojo de culebra" hay muchos colaboradores: La Mari, Mercedes Sosa, Bunbury, etc. ¿Están todos los que querías, o alguno ha quedado fuera? Estaban Los Tigres del Norte. Queríamos invitarlos, pero tuve conversaciones con Jorge Hernández –líder y cantante de la formación- y nunca pudimos llegar a algo. Él quería que yo compusiera un tema que hablara sobre los incas, y me pareció increíble la idea, pero no pude hacerlo, tenía muchas otras cosas que coordinar. No me dio el riñón (se ríe). Espero que en el futuro pueda hacer algo con ellos.

¿Es tu disco más ambicioso? Musicalmente, gracias a la producción y arreglos de Brian Lynch, es el más elaborado en cuanto a metales. Sí, tiene un sonido más urbano y más sofisticado. Y además se arriesga con el encuentro entre influencias musicales del norte y del sur, de la frontera de Estados Unidos con México. Y eso siempre es muy difícil, porque lo que parte de la cultura anglófona es muy diferente al gusto latinoamericano en términos musicales, de búsqueda de expresiones de amor, etcétera. Afortunadamente encontré algunos temas que funcionan bien en ambos mundos, y eso me sorprende. Fueron unos tres años de trabajo.

¿Cómo escogiste las versiones de "Black Magic Woman" y "Yo envidio el viento" de Lucinda Williams? Fue poco a poco. Traduje la versión de Lucinda Williams, la probaba y no estaba segura… habían varias canciones que estaban así, como cocinándose. Hasta que no la cante y me dé cuenta de que funciona en vivo, no decido grabar una canción, y es lo que hice con "Yo envidio el viento". Y "Black Magic Woman" tampoco estaba muy segura de si iba a funcionar. En México es donde mejor ha funcionado, y eso que está en inglés; bueno, es bilingüe. En Estados Unidos también, porque es una canción que todos conocen, pero depende de quién la está cantando, supongo.

¿Se puede hablar de una apertura hacia nuevos sonidos? Me refiero, por ejemplo, a los Balcanes en "Perro negro". Sí. Esa influencia fue muy fuerte para nosotros porque conocimos a Goran Bregovic cuando tocamos en Hungría. Allí hubo un enamoramiento con esa música. Además, mi esposo Paul Cohen, que es judío, ha estado estudiando la música israelita y el klezmer. Y el klezmer es una tradición que se ha ido diseminando por diferentes partes de Europa, junto con la influencia árabe. Creo que esas dos influencias están muy hermanadas. Y ahora tenemos la fortuna de tener a Dana Leong, un músico que formó parte de Balkan Beat Box y toca el trombón en esta gira.

Participaste en alguno de los shows acústicos de Los Lobos en Estados Unidos. ¿Te influyó de alguna forma? Lo digo por la canción "Minimum Wage", que suena a su tipo de rock’n’roll. No fue intencional pensar en Los Lobos… Mira, qué bien, me gusta tu comparación. Aunque para mí, la inspiración fue Johnny Cash, esa tradición de cantar una narración, un corrido básicamente, pero en inglés. Hay norteamericanos que opinan de distinta manera que muchos personajes de la era de Bush que estaban muy en contra de los inmigrantes ilegales. Y me parece que hay otro lado en la historia: en los Estados Unidos, la historia está muy arraigada, porque si lo pensamos todos tenemos algún ancestro, algún abuelo o abuela que fue inmigrante, y que trabajó la tierra, de barrendero o de lavaplatos.

¿Crees que con Obama va a cambiar esa actitud hacia la inmigración? Espero que sí. Es un tema delicado porque la gente de derechas tiene una opinión muy errónea sobre otros seres humanos. Creo que la comodidad es la madre de la ingratitud. Tenemos mucho que reflexionar sobre esto, en especial educarnos un poco más sobre quiénes son los que están aportando los servicios básicos.

En el cine has tenido experiencias de gran éxito, como la banda sonora de “Frida”, con cuya canción ganaste un oscar. ¿Te gustaría explorar nuevos caminos, componiendo scores instrumentales? Me interesa más la parte visual del cine, y es lo que hacemos en los conciertos. Viajamos con artistas que filman tomas narrativas de diferentes temas que abordamos en las canciones. Me interesa más ese aspecto que crear la música para cine. Ahora Paul y yo vamos a componer un musical basado en la novela de Laura Esquivel "Como agua para chocolate". Hemos empezado a hacer los talleres con un grupo para la puesta en escena, bailarines y cantantes. Va a ser una experiencia nueva, en Nueva York.

Has participado en discos de Charanga Cakewalk, Brian Lynch & Eddie Palmieri, Dan Zanes y en un disco de canciones de la guerra civil española ¿Cuál ha sido tu última colaboración? He grabado la canción "Razón de vivir" con Mercedes Sosa para un disco que ha hecho con miles de personas (se ríe); eso fue muy emocionante –se refiere al álbum en dos entregas “Cantora” (Sony, 2009), donde participan, entre otros, Calle 13, Charly García, Caetano Veloso y Daniela Mercury-. Y en el futuro, ojalá pueda hacer algo aquí en España con Javier Limón.

I aquí teniu un dels clàssics de Lila Downs en directe, la seva versió de "Paloma negra":

10/2/09

M. Ward, el Sant Grial que tots buscàvem

Vols pistes? Ja les tens des de la primera cançó: For Beginners, conduïda per la veu i la guitarra acústica, ens remet al Buddy Holly més càndid i naíf o, si ho prefereixes, al Jonathan Richman dels bons temps, quan no s'obstinava a destrossar el castellà. Tot un clàssic: així és M. Ward. Saltem al cinquè tema i el cercle es tanca: una excel·lent i delicada versió del Rave On del desaparegut noi de les ulleres amb Zooey Deschanel (la seva parella al grup She And Him) en els coros.

Hold Time (4AD, 2009), el nou àlbum de Ward, és el Sant Grial que tots estàvem esperant: la prova definitiva del seu talent com autor, a l'altura dels grans genis dels cinquanta i dels seixanta, amb una sensibilitat que entronca amb el classicisme sense semblar retro. Totes les seves cançons semblen (són) hits, amb unes tornades perfectes i enganxoses –sí, com les de Never Had Nobody Like You i To Save Me–, la quintaessencia del pop i del rock'n'roll... i del folk, el country, el blues i el que se li posi a tir.

Es nota que a Ward li agrada divertir-se: es disfressa de Johnny Cash per cavalcar en el country Fisher Of Men, mira de tu a tu a Joe Henry a Blake's View, es posa eteri a la bella Hold Time, treu el bluesman rural que duu dins en l'acústic i ortodox One Hundred Millions Years, busca la intensitat dramàtica amb picades d'ullet a l’estil de les produccions de Phil Spector a Stars Of Leo i troba la bellesa en la senzillesa de Shangri-La.

I cal parlar de les versions? Aquí tenim una altra prova que el seu regne no és d'aquest món: Ward aconsegueix la proesa de fer irreconeixible el cèlebre Oh Lonesome Me de Don Gibson ralentint el ritme, en un impressionant duet amb Lucinda Williams, i de convertir la balada crooner de Frank Sinatra I'm A Fool To Want You en un instrumental conduït per una guitarra elèctrica amb aires western.

Els qui vam pensar que el seu projecte She And Him va ser injustament ignorat en les llistes del millor de 2008, solament desitgem que amb el seu nou treball com a solista M. Ward aconsegueixi les lloances que es mereix.

I si voleu saber com sona, aquí teniu un parell de vídeos. El primer pertany a la cançó Hold Time del nou àlbum.


L’altre és Fuel For Fire, interpretat en directe en el programa de televisió de Jools Holland.


23/11/08

mossegant les cançons de Lucinda

La crítica (la d'aquí i la d'allí) sembla haver-se posat d'acord en carregar-se Little Honey (Lost Highway, 2008), el nou treball de Lucinda Williams. M’és igual: després del conyàs de West (Lost Highway, 2007), no havia escoltat res tan bo des de Car Wheels On A Gravel Road (Mercury, 98).

I la raó és senzilla: aquí hi ha més arrels i menys cantautorisme asèptic, més varietat de ritmes i menys lletanies amargades, més cançons a les quals clavar les dents i menys experiments.

Al gra: em venia de gust escoltar de nou l'expressiva i estripada veu de la cantant de Louisiana aplicada a country rock enèrgic i guitarrer de reminiscències dwightyoakamesques (Real Love), rock’n’roll brut d'alt octanatge (Honey Bee i el It’s A Long Way To The Top d’AC/DC), honky tonk amb tocs de rockabilly (Well Well Well), balades country (Circles And X's), blues (Tears Of Joy i el visceral Heaven Blues, amb metàl·lics cops de chain gang inclosos, una cançó que pot estar dedicada al cel però surt de les entranyes de la terra), i fins a preciositats com Little Rock Star, amb potencial spectorià d'haver tingut una producció ad hoc, i amb un perfecte equilibri entre l’austeritat folk i l’atmosfera malsana d’un David Lynch.

No m'oblido del magnífic Jailhouse Tears -a duo amb Elvis Costello, un dels convidats del disc a més de Matthew Sweet, Susanna Hoffs, Jim Lauderdale, Tim Easton i Charlie Louvin-, i que torna a aparèixer al final del disc en una versió alternativa sense Costello i amb un so molt més country, amb pedal steel inclosa.

Ho repeteixo: en el nou àlbum de Lucinda es pot clavar les dents a totes les cançons, i pot trobar-se molta xixa.

Aquí teniu la Lucinda en directe interpretant el Jailhouse Tears, però amb David Johansen en lloc d’Elvis Costello.



I aquí Real Love en el show de David Letterman el passat 2 d’octubre:



13/10/08

una curandera anomenada Lila Downs

La vam deixar fa un parell d'anys a La cantina on, entre copa i copa de tequila, oblidava les seves penes i actualitzava les rancheras i els corridos de mascles com Alfredo Jiménez. En el seu retorn Ojo de culebra (editat com Shake Away als Estats Units amb canvis en el tracklist), Lila Downs s'ha posat en mans de curanders per a treure endavant el seu, possiblement, treball més ambiciós, ple de sorpreses.

En primer lloc, els convidats: tenim a La Mari (Chambao) a Ojo de culebra, en la qual el flamenc-chill out es barreja amb la cúmbia; a Rubén Albarrán (Cafè Tacvba) a la circense Perro negro; a la veterana Mercedes Sosa en el preciós bolero Tierra de luz; a Gilberto Gutiérrez (Mono Blanco) a la folklòrica Los pollos, amb protagonisme de l’arpa; i, què hi farem, a Enrique Bunbury a Justicia, oberta amb un recitat.

En segon lloc, les versions: l'excel·lent Black Magic Woman de Peter Green popularitzat per Santana, a duo amb Raúl Midón, amb accent en els metalls latin jazz i fragments en castellà on la cantant exhibeix el poder de la seva veu a l’estil de La Lupe o Yma Sumac; el I Would Never de Blue Nile, una balada pop jazzy on Lila li pot plantar cara sense problemes a Norah Jones; i, sobretot, el romàntic Yo envidio el viento (el I Envy The Wind de Lucinda Williams), embellit amb el solo de trompeta de Brian Lynch.

I finalment, està el so: en lloc de quedar-se estancada en la seva posada al dia del folklore mexicà, Downs obre vies inèdites fins ara. Només així poden explicar-se la irresistible fanfàrria de l'est europeu en la ja citada Perro negro, el rock’n’roll deutor de Los Lobos més recents a Minimum Wage i en el Skeleton amb metalls a l’estil de Nova Orleans, i el funk barrejat amb cants tribals a Silent Thunder.

No és que la vistosa cantant hagi deixat enrere la seva herència (ni els ritmes ni les belles llegendes que il·lustren alguna de les seves cançons). D’això en tenim la prova per exemple a Taco de palabras, una cúmbia que juga amb elements gastronòmics, o l’abans mencionada Los pollos. Simplement, l'ha enriquida, gràcies a la coproducció del jazzman Brian Lynch, autor d'uns arranjaments de metall més cuidats que mai, amb la complicitat de col·legues com Clark Gayton i Anat Cohen.

"Per favor dóna suport a la teva curandera local", ens demana Lila en els crèdits del disc. En el meu cas, ella és la meva curandera i m'ha fet sentir realment bé amb la seva nova proposta.

I aquí us deixo amb ella amb dues de les noves cançons. La primera és Minimum Wage, en directe a Nova York el passat agost:



L’altra és Tierra de luz, el seu duet amb Mercedes Sosa, en un muntatge amb fotos:



18/8/08

convertit en soci fundador de "No Depression"?

Ja vaig comentar fa temps que l’excel·lent No Depression – per a mi, la millor revista de música en general, no només d’Americana – havia plegat, al menys en la seva edició en paper.

També vaig explicar que en una carta ens comunicaven que els subscriptors es derivarien cap a una publicació similar. En el cas dels europeus, ens han passat a Maverick.

Bé, ja he rebut els dos exemplars d’aquesta revista britànica que em corresponien (juliol i agost) i la veritat és que, després de revisar-los, he decidit que no m’hi subscriuré.

L’explicació és ben senzilla: en primer lloc, en tractar-se d’una publicació anglesa, hi ha molts articles i crítiques de desconeguts artistes de country, folk i americana d’aquelles terres. Però potser el que més m’ha decidit és que no té el caràcter globalitzador que tenia No Depression: se centra més en el country pur i dur, i no parla d’artistes d’altres estils dels quals sí parlava la revista nord-americana. En definitiva, una decepció. Em volen donar gato por liebre, però no penso empassar-m’ho.

D’altra banda, aquest estiu he rebut una interessant carta de No Depression. A grans trets, explica que pensen renovar la web a partir de finals de setembre, amb blogs a càrrec dels seus editors, crítiques de discos i de concerts, notícies, articles i un arxiu amb gairebé tots els continguts dels 75 números editats.

Aquí teniu el text de la carta en la seva integritat:

"Plans for a major overhaul of NoDepression.com - the website of the former bimonthly alternative/roots-music magazine No Depression - are well under way this summer, with the new site set to be launched in late September.

NoDepression.com, which will be edited by the magazine's founding co-editor Peter Blackstock, will include regular blogs by many of the magazine's most frequent contributors, including Blackstock and fellow founding co-editor Grant Alden. The new site will also include record reviews and live reviews, features on emerging artists, news updates, the current website's popular upcoming-releases list, reader-participant discussion forums and, perhaps most significantly, a vast and cross-referenced archive featuring almost all the content from No Depression magazine's 75 issues published from 1995 to 2008.

In preparation for the September relaunch, the website is promoting the No Depression Founders Circle, a way for fans and supporters of the magazine to assist with its continued presence on the internet. In addition, those who sign up for the website's mailing list at NoDepression.com will be eligible to win an Epiphone DR-100 Vintage Sunburst acoustic guitar which has been provided by Epiphone.

New York-based web consulting firm Familiar is designing the site, with longtime No Depression co-publisher Kyla Fairchild helming the business operations. Plans are also in the works for a series of launch events in several American cities this fall.

A new No Depression "bookazine" (to be designated No Depression #76) also will be available in print-form on the shelves of bookstores nationwide in October. The publication, a joint venture between ND and the University of Texas Press, will be issued twice annually (every fall and spring). Blackstock and Alden will serve as co-editors, with Alden also reprising his magazine role as art director. A handful of book-release events at bookstores and record stores nationwide are also in the works."

Potser el més interessant és el que ells anomenen com The No Depression Founders Circle (el cercle de socis fundadors de No Depression), una fórmula de recolzament econòmic per als seguidors i fans de la revista. En definitiva, es tracta de pagar una quantitat determinada per contribuir a tirar endavant el projecte i gaudir d’una sèrie d’avantatges.

Hi ha tres modalitats de recolzament (imatge sobre aquestes línies):

- Contributor (150 dòlars): et donen una còpia del darrer número signada per Buddy Miller (l’artista que ocupava la portada), el llibre The Best of No Depression, una samarreta especial (a la imatge de dalt) del Founders Circle, accés a la nova web abans de la seva inauguració pública, i la inclusió del teu nom a la pàgina amb la llista de "socis fundadors".

- Benefactor (500 dòlars): a més de tot l’anterior, els llibres que No Depression editarà la tardor de 2008 i la primavera de 2009, i un paquet amb CD i samarretes d’algunes de les discogràfiques que sortien a la revista.

- Revelator (1000 dòlars): a més de tot l’anterior, dues entrades de concert amb accés a l’after show i a una trobada amb l’artista, i un retrat de Lucinda Williams pintat per Jon Langford, signat i numerat per l’autor.

Sincerament, m’estic plantejant recolzar aquesta nova etapa de No Depression... això sí, amb la modalitat mínima, és a dir la de Contributor, que al canvi em surt per uns 100 euros. Evidentement, si la meva situació econòmica fos més bona no em faria res fer de Revelator. Amb tot, em sentiré molt millor que subscrivint-me a Maverick, sincerament.