Escribir un libro sobre cualquier artista muerto o grupo desaparecido (léase Elvis Presley, Lou Reed, The Beatles o The Velvet Underground) tiene poco mérito y es relativamente sencillo, porque se trata de personajes que tienen un opus acabado (solo ampliado con grabaciones post-mortem, generalmente de poco valor y con voluntad sacaperras). En cambio, hacerlo sobre un músico en activo es algo mucho más complejo. Y si, además, es un músico de culo inquieto como Prince, la tarea ya puede convertirse en titánica.
A lo largo de casi quinientas páginas (más sesenta de notas
y dieciséis de fotografías, bibliografía aparte), el novelista británico Matt Thorne (Bristol, 1974) intenta escribir el tratado definitivo sobre el genio de
Minneapolis en “Prince” (2012; Alba Editorial, 2013). Y digo intenta porque,
dada la frenética actividad del protagonista en los últimos meses, el libro
queda ya desfasado a la semana de su publicación, aunque ha tardado siete años
en elaborarse. Pero salvo ese problema, esta voluminosa biografía tiene más
aciertos que fallos. A pesar de que el autor es un fan irredento de Prince, raramente
cae en la hagiografía y tiende a ser bastante crítico con sus obras más
discutibles.
“Prince” se articula sobre dos ejes básicos: las entrevistas
con personas muy cercanas a nuestro héroe (y no hablamos de segundones, sino de
Wendy Melvoin, Lisa Coleman, Alan Leeds, Eric Leeds, Arthur
Baker y Dez Dickerson, e incluso de admiradores como Stephin Merritt y Alexis
Taylor, de Hot Chip), y el análisis exhaustivo (y cuando digo exhaustivo, no
exagero; a veces llega a agotar tanto detallismo) de las diversas etapas y
discos (los editados y los inéditos) del artista, de sus colaboraciones y de
sus pupilos (con una especial atención a sus proyectos con mujeres, desde Apollonia 6 hasta Ingrid Chavez), de su relación con el hip hop y de su carácter de pionero de la utilización de internet para distribuir su obra.
Lo mejor de todo es que Thorne, lejos de caer en la
admiración del fan que se lo traga todo, tiende a la desmitificación. Por
ejemplo, en el capítulo dedicado a la hazaña de las veintiuna noches de
conciertos en Londres: de acuerdo, reconoce que estuvo en diecinueve de esos
conciertos y en trece de los catorces shows post-bolos, pero en su pormenorizado
análisis de ellos no se corta en llegar a decir que “al principio, me
preocupaba acabar cada artículo diciendo que ésa había sido la mejor noche de
todas; ahora, mi preocupación era que cada una de las noches que quedaban iba a
ser la peor”.

En cualquier caso, con esta obra los fans del autor de
“Kiss” quedarán satisfechos, y los que no lo son, podrán admirar el trabajo obsesivo
de un personaje que, guste o no, es uno de los artistas más importantes de la
música actual. Eso sí, se habría agradecido un apéndice con la discografía
completa. Y, a nivel personal, dos últimas reflexiones: una, nunca había tomado
tantas notas al leer un libro como en este caso (básicamente, para volver a
escuchar discos o canciones a los que no presté demasiada atención en su
momento); y dos, para seguir día a día la trayectoria de Prince, más que un volumen
como este, se necesita una web, y eso es lo que hacen los creadores de Princevault, la fuente de
información más actualizada que puede encontrarse hoy en día sobre Prince.