Estos días andan de gira por España los Cowboy Junkies. Por eso es oportuno recordar Trinity Revisited (2008), el disco donde los canadienses revisitaron (y valga la redundancia) su carismático The Trinity Sessions, volviendo al lugar del crimen.
Hay momentos que parecen irrepetibles. Hace veinte años, Cowboy Junkies se plantaron en una iglesia de Toronto (The Church of the Holy Trinity), y en un solo día y con un único micrófono grabaron el álbum The Trinity Sessions (1988), posiblemente su mejor trabajo.
Para celebrar el veinte aniversario de ese legendario disco, el grupo canadiense ha vuelto al mismo escenario, pero esta vez con varias cámaras y un puñado de amigos, para volver a interpretar íntegramente y en el mismo orden las canciones de The Trinity Sessions.
El nuevo acercamiento que propone Trinity Revisited a ese material ya conocido tiene dos valores añadidos: por un lado, la experiencia adquirida por Margo Timmins y sus compañeros a lo largo de dos décadas, que enriquece los matices de las canciones y en algunos casos los amplía (como ese Sweet Jane de Lou Reed de más de ocho minutos).
Y por otro, el talento de los amigos que colaboran con los Cowboy Junkies: Natalie Merchant (solista en To Love Is To Bury), Jeff Bird, Ryan Adams (solista en 200 More Miles) y, sobre todo, Vic Chesnutt, estremecedor en Postcard Blues, en Blue Moon Revisited, en el I'm So Lonesome I Could Cry de Hank Williams, y en el Dreaming My Dreams With You de Waylon Jennings.
Desde el tradicional cántico a capela Mining For Gold que abre el disco, hasta el honky tonk de Patsy Cline Walking After Midnight que lo cierra, Trinity Revisited es una delicia de principio a fin. Y más aún, si se tiene en cuenta que incluye un DVD con todo el concierto y un documental.
13/11/11
5/11/11
recordando a Gram Parsons
Tal día como hoy nacía Gram Parsons. Para recordar al padre del country-rock, nada mejor que la crítica de uno de los mejores discos de tributo que se le dedicaron, Return Of The Grievous Angel. A Tribute To Gram Parsons, editado en 1999 por el sello Almo.
Gram Parsons es un artista de culto, y motivos no le faltan: como Hank Williams, nació bajo el signo de la fatalidad, y se quemó mucho antes que el propio Hank, al morir a los 26 años víctima de una sobredosis; su compañera Emmylou Harris se ha convertido a su vez en leyenda; y, tal vez lo más importante, fue pionero en introducir, a finales de los sesenta, el country en el rock y, de rebote, el rock en el country.
Con su presencia en grupos como International Submarine Band, Byrds y Flying Burrito Brothers, y con solo dos álbumes en solitario, edificó un estilo descrito por él mismo como "música cósmica americana". Por ello se le considera padre del country-rock y del actual country alternativo, aunque su influencia ha alcanzado a artistas de todos los estilos.
Un personaje de este calibre ha sido objeto de varios tributos, pero este, editado al cumplirse veintiséis años de su muerte, es tal vez el mejor. La razón es simple: se trata de un proyecto promovido por Emmylou Harris, quien ha sabido escoger sabiamente a los participantes, todos ellos apasionados por la obra de Parsons.
En Return Of The Grievous Angel encontramos a algunos de los herederos de Gram, pertenecientes a la facción del country insurgente, como Wilco y Whiskeytown; a colegas como Chris Hillman y la propia Emmylou; y a fervientes admiradores como Beck, Elvis Costello o Sheryl Crow. No sobra ninguno, pero sí se echa en falta la presencia de Dwight Yoakam, por ejemplo.
El repertorio escogido repasa en primer lugar canciones del disco de los Byrds Sweetheart Of The Rodeo (1968): Wilco recupera el rock'n'roll One Hundred Years From Now, y Gillian Welch desnuda hasta lo esencial, casi en tono de plegaria, la preciosa balada Hickory Wind.
La estancia de Parsons en Flying Burrito Brothers es recordada con canciones de The Gilded Palace Of Sin (1969) y Burrito Deluxe (1970): del primero proceden el precioso vals Sin City, a cargo de Beck y Emmylou, rupturista por lo respetuoso de su sonido, sin ningún desliz; la angelical Juanita, con Sheryl Crow y Emmylou armonizando sus voces a la perfección; y la insólita Hot Burrito #1, con los Mavericks y su curioso tratamiento al colocar una base de ritmo programado a este monumental temazo. Y de Burrito Deluxe, Chris Hillman y Steve Earle recuperan con brío el honky tonk High Fashion Queen.
Del primer LP de Gram en solitario, GP (1973), se incluyen dos versiones: She, que reune a Emmylou y a los Pretenders; y el plácido A Song For You, un ejercicio de estilo a cargo de Whiskeytown. Y cuatro son los temas procedentes de Grievous Angel (1974): $ 1,000 Wedding, con Evan Dando y Julianna Hatfield; Return Of The Grievous Angel, con Lucinda Williams y el ex Byrd David Crosby; el gospel con aires celtas In My Hour Of Darkness, con The Rolling Creekdippers, un supergrupo integrado por Buddy y Julie Miller, Victoria Williams, Mark Olson y Jim Lauderdale; y el inquietante Ooh Las Vegas, con los Cowboy Jukies, donde el canto de sirena de Margot Timmins se sumerge en una recreación fantasmal.
En este tributo hay solo una canción que no fue compuesta por Parsons y que apareció posteriormente en uno de sus innumerables álbumes póstumos, Sleepless Nights, donde Elvis Costello aplica su temblorosa voz para darle un carácter de nana crepuscular.
Según Gillian Welch, Parsons "abrió el alma del country para que varias generaciones lo descubrieran". Gracias a este emotivo y sincero tributo, seguro que otras nuevas generaciones también lo descubrirán.
Gram Parsons es un artista de culto, y motivos no le faltan: como Hank Williams, nació bajo el signo de la fatalidad, y se quemó mucho antes que el propio Hank, al morir a los 26 años víctima de una sobredosis; su compañera Emmylou Harris se ha convertido a su vez en leyenda; y, tal vez lo más importante, fue pionero en introducir, a finales de los sesenta, el country en el rock y, de rebote, el rock en el country.
Un personaje de este calibre ha sido objeto de varios tributos, pero este, editado al cumplirse veintiséis años de su muerte, es tal vez el mejor. La razón es simple: se trata de un proyecto promovido por Emmylou Harris, quien ha sabido escoger sabiamente a los participantes, todos ellos apasionados por la obra de Parsons.

El repertorio escogido repasa en primer lugar canciones del disco de los Byrds Sweetheart Of The Rodeo (1968): Wilco recupera el rock'n'roll One Hundred Years From Now, y Gillian Welch desnuda hasta lo esencial, casi en tono de plegaria, la preciosa balada Hickory Wind.
La estancia de Parsons en Flying Burrito Brothers es recordada con canciones de The Gilded Palace Of Sin (1969) y Burrito Deluxe (1970): del primero proceden el precioso vals Sin City, a cargo de Beck y Emmylou, rupturista por lo respetuoso de su sonido, sin ningún desliz; la angelical Juanita, con Sheryl Crow y Emmylou armonizando sus voces a la perfección; y la insólita Hot Burrito #1, con los Mavericks y su curioso tratamiento al colocar una base de ritmo programado a este monumental temazo. Y de Burrito Deluxe, Chris Hillman y Steve Earle recuperan con brío el honky tonk High Fashion Queen.
Del primer LP de Gram en solitario, GP (1973), se incluyen dos versiones: She, que reune a Emmylou y a los Pretenders; y el plácido A Song For You, un ejercicio de estilo a cargo de Whiskeytown. Y cuatro son los temas procedentes de Grievous Angel (1974): $ 1,000 Wedding, con Evan Dando y Julianna Hatfield; Return Of The Grievous Angel, con Lucinda Williams y el ex Byrd David Crosby; el gospel con aires celtas In My Hour Of Darkness, con The Rolling Creekdippers, un supergrupo integrado por Buddy y Julie Miller, Victoria Williams, Mark Olson y Jim Lauderdale; y el inquietante Ooh Las Vegas, con los Cowboy Jukies, donde el canto de sirena de Margot Timmins se sumerge en una recreación fantasmal.
En este tributo hay solo una canción que no fue compuesta por Parsons y que apareció posteriormente en uno de sus innumerables álbumes póstumos, Sleepless Nights, donde Elvis Costello aplica su temblorosa voz para darle un carácter de nana crepuscular.
Según Gillian Welch, Parsons "abrió el alma del country para que varias generaciones lo descubrieran". Gracias a este emotivo y sincero tributo, seguro que otras nuevas generaciones también lo descubrirán.
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7/10/11
la muerte al detalle y las iCosas
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Steve Jobs, el genio detrás de Apple. |
Ayer y hoy (y
supongo que durante muchos más días), todo el mundo habla de Steve Jobs.
Algunos incluso reflexionan sobre si no nos estamos pasando con el temita.
Asunto peliagudo, el de la información post-mórtem. Ya se sabe aquello típico,
que se produce en cualquier funeral (y todos lo hemos experimentado), cuando el
sacerdote alaba las virtudes de una persona a quien no conocía, en una muestra
de hipocresía galopante. Y tú estás allí, escuchando, y piensas: "¡Pero
si era un hijoputa que puteó a todo el mundo mientras vivió!".
Pero mientras estemos en una sociedad políticamente correcta de "tragar
y callar",
estoy seguro de que nadie tendrá los arrestos para levantarse en un funeral y
exclamar: "¡Todo
eso es mentira!".
En la prensa (general o especializada, da igual) el género de las necrológicas (aparte de reflejar también esa tendencia a alabar todo lo bueno –sea cierto o no– y a omitir lo malo), ha caído en la decadencia. Dicen que hace años, en los periódicos norteamericanos, el tema se cuidaba especialmente y existían verdaderos expertos a la hora de escribir hagiografías. Pero en este país, la situación es otra. Yo tengo muy claro qué debe ser una necrológica, qué debe contar y quién debe escribirla.
Con la increíble fuente de saber (muchas veces erróneo) que supone internet, cualquiera puede glosar la vida y los milagros de cualquiera, sea un escritor, un músico, un científico o un deportista, aunque no haya leído sus libros, oído sus discos, estudiado sus teorías o presenciado sus marcas. A golpe de Wikipedia (o copiando los obituarios de Associated Press o cualquier otra agencia de noticias) de repente, y como por ciencia infusa, cualquiera se convierte en el mayor experto del fiambre.
Esto lleva a un
replanteamiento del género de la necrológica: más allá de saber dónde nació el
personaje, de qué ha muerto, en qué mes y año ha conseguido sus logros y otros
detalles que, por abrumadores, acaban por aburrir, y que, encima, puede
encontrar cualquiera, hay que aportar datos que nadie conozca o profundizar en
lo que significó.
Según esto, solo podría escribir una necrológica alguien que conociera personalmente al difunto, el único capaz de aportar datos que no aparecen en la Wikipedia. Eso, a veces, es posible, pero no siempre. ¿Cuál es entonces la opción? Buscar a alguien que, aunque no fuera íntimo del personaje, sí conociera su obra, y pudiera explicar subjetivamente (y esa es la gran diferencia respecto a las necrológicas actuales, perdidas en fechas y números inútiles pero, eso sí, muuuuy objetivos) lo que significó para él y cómo afectó a su vida.
Lo mejor será poner un ejemplo. Si muere, por decir algo, un pianista de blues de Nueva Orleans, no le encargues el obituario a un periodista todo terreno que te escribiría sobre cualquiera y te reproducirá los mismos detalles que aparecerán en todas partes, porque eso será un artículo frío, sin vida: eso sí, con muchas fechas, títulos de canciones y de álbumes e infinidad de detalles que a pocos interesan (solo a quienes padezcan un TOC) y que pronto se olvidan (a veces tengo la sensación de que de algunos personajes se escribe más cuando han muerto que cuando están vivos; qué raro, ¿no?). En ese caso, tienes dos opciones (descartamos ya la de alguien que le conoció personalmente): o le encargas la necrológica a un periodista que conoce la obra del finado (vamos, que seguía toda su discografía, por rara que fuera), o a un músico que se vio muy influido por el personaje. En ambos casos, contarán cómo les afectó personalmente la música del homenajeado, con lo que sus artículos serán más apasionados. ¿Que les faltan fechas? ¿Y qué? El día que muera Clint Eastwood, a un fan de sus películas lo que realmente le interesará es que alguien le cuente cosas que no sabía o qué sentimientos le provocaba; le importará un comino qué año dirigió "Sin perdón" o si "Los puentes de Madison" se basaba en una novela. A eso deberían tender las necrológicas.
Volvamos al caso de Steve Jobs. Por desgracia, yo no lo conocí personalmente (ni tampoco a Bill Gates, cosa que también me encantaría), pero –y supongo que como miles, millones de personas en el mundo– sí he disfrutado de sus creaciones. Esa simple experiencia (la mía y, repito, la de los miles de usuarios de Apple) me permite (nos permite) hablar de Jobs con más propiedad que el típico redactorcillo que se limita a copiar fechas y datos y a escupirlos de forma mecánica.
He contado en anteriores ocasiones que mi "ingreso" en la informática fue tardío, tras malas experiencias previas con inventos diabólicos como el Amstrad (supuestamente un ordenador; en la realidad, una máquina de escribir que te quemaba la vista con sus letras verde fosforito). Mi primer contacto con un Mac (en aquella época los llamábamos con el nombre completo, Macintosh) fue cuando trabajé como becario en el diario 'Avui', allá por 1985. Recuerdo que era uno de esos modelos primitivos, con pantalla cuadrada y pequeña.
No volvería a ver otro hasta 1990, cuando empecé a trabajar en otro periódico, el desaparecido 'Las Noticias', y allí mi relación con el Mac fue más estrecha, ya que gracias a un (en ese momento) avanzado sistema los redactores podíamos escribir y maquetar el texto. Llegados a este punto, supongo que muchos pensarán que me convertí en un loco de Apple. Pues no, ya que, por el contrario, caí en las redes de la competencia y me convertí en un pecero irreductible, otro esclavo más de la secta Windows. Esto tiene una explicación técnica: en esa época, tener un Mac a nivel de usuario doméstico era poco más o menos una proeza, por las dificultades añadidas que tenía: se encontraban pocos programas, las conexiones a internet no estaban preparadas para su configuración, no abundaban las tiendas...
Naturalmente, Apple no solo es Mac, y tendríamos que hablar del iPod, el iPhone, el iPad... El primero nunca llegué a tenerlo: nunca he sido de llevar música encima (ni en la época de los horribles walkman, ni de los pesados discman). Pienso que, como se dice vulgarmente, hay que salir de casa meado; dicho de otro modo, la música es para escuchar en casa, no en el metro ni corriendo, por mucho que quieras ir de místico a lo Murakami.
En cambio, hace poco más de un año caí en la tentación del iPhone. Yo, que era un usuario a muerte de los Motorola (y, atención, siempre de los modelos de concha o tapa, un recuerdo subliminal de los intercomunicadores de "Star Trek") y renegaba de las pantallas táctiles y todo eso, ahora no podría vivir sin mi iPhone. Es mi sueño hecho realidad, con todas las aplicaciones que siempre he deseado, por tontas que parezcan: ¿Cuántas veces has estado en un bar y has oído una canción y venderías a tu madre por saber el título? ¿Cuántas veces te has encontrado perdido en una calle de otra ciudad preguntándote dónde puedes encontrar una farmacia? Ahora tienes todas esas respuestas, y muchas más.
¿Y el iPad? Bueno, eso, al igual que el iMac con pantallón para mi casa, tendrá que esperar... a que me toque la lotería, porque de otro modo lo veo difícil. Y estoy seguro de que (lamentablemente ya sin Steve Jobs) Apple seguirá sacando iCosas de todo tipo, siempre útiles y estéticamente bellas (el diseño es una de las grandes bazas de la marca). Y uno, como si fuera Batman con sus bat-artilugios, se sentirá un superhéroe de la tecnología.
Todo eso, gracias a Steve.
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3/10/11
Treme: Tell It Like It Is (y 6)
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"Inside Treme": las interioridades de la serie. |
Como
todas las series (de éxito masivo o de culto) que se precien, “Treme” cuenta en
internet con una nutrida selección de páginas y blogs dedicadas, destripando y
analizando sus capítulos y sus personajes y el realismo de su retrato del Nueva
Orleans post-Katrina.
Entre
las más generalistas, centradas en todos los aspectos de la producción,
encontramos, claro está, la web oficial de HBO; el blog “Inside Treme”, creado
por el antes citado Lolis Eric Elie, ex columnista de ‘The Times-Picayune’; y
la sección que le dedica el portal Nola.com, con noticias, vídeos, análisis de
los personajes y de los episodios (frases, slang, referencias musicales),
fotografías, enlaces, etc.
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"La música de Treme": el podcast español. |
Sin
embargo, y dado el carácter de la serie, resultan más interesantes las webs que
hacen hincapié en los aspectos musicales. En España, el periodista Antonio
Martínez creó el blog-podcast “La música de Treme”, en el que comentaba las
canciones que sonaban en los episodios. Su éxito –fue el podcast más descargado
en nuestro país en categoría musical– motivó el salto a la antena de la Cadena
Ser el 4 de julio de 2010, emitiéndose las madrugadas de los sábados y los
domingos. En estos momentos, el blog no se actualiza, pero aún pueden escucharse (y descargarse) los podcasts.
Y en
territorio norteamericano, uno de los blogs más veteranos y completos es “Music Of Treme”. Junto a la lista con las canciones de cada episodio (con intérprete,
álbum, escena en la que aparece), incluye noticias sobre la serie e información
sobre la ciudad. Su creador es Mel Harris, quien se autodefine como “únicamente
un fan de la serie”. A través del correo electrónico, explica el origen de su
página: “Empezó después de que ‘Treme’ se estrenara en los Estados Unidos, y la
creé para dar más detalles sobre la música y los músicos retratados en ella.
HBO tiene una lista de las canciones en la web de la serie, pero si un actor
canta o toca, no da ninguna referencia sobre quién compuso e interpretó la
canción originalmente. Así que doy esta información y también cuelgo vídeos, si
están disponibles”.
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"The Music Of Treme": todo sobre la banda sonora. |
Harris
está muy satisfecho de la selección musical de “Treme” (“ciertamente es mejor
que la de cualquiera de las series sobre Nueva Orleans que se han hecho antes”),
y de la forma como se integra en la trama: “Es difícil hablar de esta ciudad
sin hacer ninguna mención a la música y/o la comida, así que funciona muy bien
en la historia. La música no es abrumadora: algunas personas me han comentado
que no se habrían percatado de algunas de las canciones de no haberlas visto en
la lista de mi blog. Algunas canciones solo suenan durante unos segundos y
normalmente de forma sutil”.
Y como
residente en Nueva Orleans, el creador de “Music Of Treme” cree que la
producción de Simon retrata la ciudad y la escena musical de forma realista: “El
hecho de que muchos de los músicos se interpretan a sí mismos y que ruedan en
la ciudad añade autenticidad a la serie. No sé cómo podría hacerse una historia
ficticia de forma más realista. No he leído muchas quejas entre los residentes
de la ciudad sobre cómo la describen”.
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2/10/11
Treme: Let The Good Times Roll (5)
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Blake Leyh, el genio tras la selección musical de "Treme". Foto: Arnold Finkelstein |
Decíamos
antes que la trama principal de “Treme” es la recuperación de la cultura, una
cultura que tiene en la música uno de sus pilares básicos. Hasta ahora, todas
las producciones (televisivas y cinematográficas) ambientadas en Nueva Orleans habían
considerado la música como un simple atrezo exótico y localista. Uno de los
principales artífices de la riqueza y calidad de la banda sonora de “Treme” es
su supervisor musical Blake Leyh, quien ya ejerció la misma función en “The
Wire”. A través del correo electrónico nos desentraña su método de trabajo.
En
“Treme” la música desempeña literalmente un papel central, no solo como telón
de fondo, sino que se convierte en un personaje más de la narración y se entrelaza
con ella orgánicamente: es el “pegamento” que une todas las piezas y está en
todas partes: en la radio, en los funerales, en los carnavales, en los bares,
en los aeropuertos y hasta en las casas. Además, se percibe el esfuerzo por
atrapar la música de forma natural, casi como en forma de grabaciones de campo
(todas las actuaciones se registran en directo, incluidos los desfiles
callejeros, y muchas de ellas se solapan).
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"Treme": la calle como escenatio. |
“Toda
la música se escoge en colaboración con los guionistas y conmigo. La música en
directo se elige sobre todo durante la fase de escritura y se incluye en el
guión. La música ‘’fuente’, la que suena en bares, coches, etc., se escoge
sobre todo durante la fase de montaje. Los guionistas y yo tenemos una amplia
colección de música favorita que siempre intentamos incluir, pero el elemento
principal que motiva la elección es responder a esta pregunta: ‘¿Qué música
estaría sonando de verdad si esta escena ocurriera en la vida real?’”, explica
Leyh.
Sin
embargo, no cree que la música tenga un papel más determinante que la propia
trama: “No, la historia es lo más importante. La música sirve a la historia. En
el nivel más básico, la historia trata de cómo la cultura salvó la ciudad, y la
música es una enorme piedra angular de la cultura, así que es necesariamente
fundamental. Pero la música sirve a la historia, y no al contrario”.
Nuevamente,
siguiendo las pautas habituales en busca de la autenticidad de las producciones
de David Simon, en “Treme” hay un cuidado especial en utilizar música que
pertenezca a la línea temporal de la historia (2006-2007 en las dos primeras
temporadas). “En ‘The Wire’ ya nos preocupamos en incluir música que fuera
adecuada al lugar y el período temporal. Y en ‘Treme’ somos muy cuidadosos en
escoger música que realmente sonara en el tiempo y el lugar en que transcurre
la historia”, reconoce Leyh.
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Ron Carter incrédulo ante las explicaciones de Albert Lambreaux. |
Los
guiones de “Treme” están plagados de referencias y guiños en los diálogos que
difícilmente captará el espectador medio. Unos cuantos ejemplos: “En Nueva
Orleans les gusta la música, pero no quieren a los músicos”; “Olvida todo lo
que te han dicho de Jesús, Buda, Alá, porque solo existe un Dios y se llama
Professor Longhair”; o “Eso es como decirle a una puta cómo debe acabar su
trabajo” (la frase lapidaria que exclama Dr. John cuando el personaje de Albert
Lambreaux enseña a tocar el contrabajo ¡¡¡al mismísimo Ron Carter!!!). “El
enfoque de David Simon sobre el ‘storytelling’ se basa en no explicarlo todo.
Todo su trabajo utiliza ese enfoque básico, contando la historia desde el punto
de vista de alguien que está dentro de ella”, aclara el supervisor musical de
la serie.
¿Y qué
decir de los títulos de cada capítulo? Todos ellos, sin excepción, pertenecen a
canciones asociadas a Nueva Orleans y a sus artistas: “Do You Know What It
Means?”, “Meet Da Boys On The Battlefront”, “Right Place, Wrong Time”, “At The
Foot Of Canal Street”, “I’ll Fly Away”, “Everything I Do Gonh Be Funky” o “All
On A Mardi Gras Day”, solo por citar algunos.
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John Hiatt: "Feels Like Rain" post-Katrina. |
Pero más
allá de los diálogos y los títulos, hay multitud de escenas con situaciones que
solo pueden ser apreciadas en su plenitud por parte del espectador si posee un
cierto background musical: a Delmond, que quiere grabar un disco que funda el
jazz moderno con la tradición de los indios, le aconsejan tener presencia en
internet (Facebook, MySpace, etc.) para llegar a más público; DJ Davis le da
discos de Public Enemy, The Clash y Woody Guthrie al rapero Lil Calliope para
que se inspire; Harley y Annie van a un concierto de John Hiatt y el primero le
explica por qué “Feels Like Rain” es una gran canción; los músicos ponen pegas
a interpretar esos temas que todo el mundo identifica con Nueva Orleans, como “When
The Saints Go Marchin’ In”, o se niegan a actuar la concurrida Bourbon Street
porque lo consideran un desprestigio y una vergüenza (y más si es en locales de
striptease). Y solo son unos pocos
ejemplos.
No solo
de jazz y blues vive Nueva Orleans; al contrario, en su calidad de ciudad
crisol de culturas, acumula todos los sonidos inimaginables. Y ese eclecticismo
es, al mismo tiempo, una dificultad: muchos seguidores de “Treme” criticaron la
primera temporada porque, por ejemplo, no contaba nada sobre la escena bounce (un
sensual subestilo de hip hop local que, de hecho, aparece desarrollado en la
segunda) y se centraba básicamente en el jazz. Leyh se defiende: “No puedes
incluirlo todo. Estamos contando una historia específica. Pero esperamos tener
una gran variedad de los diferentes estilos de la música de Nueva Orleans antes
de que la serie acabe”.
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DJ Davis & The Brassy Knoll: hip hop + brass band |
En
términos musicales, en la serie hay una lucha constante entre la tradición y
los sonidos modernos: el jefe de la WWOZ quiere que se emitan lo que podríamos
llamar “canciones típicas asociadas a Nueva Orleans”, pero Davis quiere poner
bounce; Albert Lambreaux pertenece a los Indians pero su hijo Delmond está
metido en el jazz moderno… Y, nuevamente, ficción y realidad se entrecruzan: la
fusión que quiere llevar a cabo Davis con su grupo no está muy lejos de lo que
los orleanos Galactic han hecho en álbumes como “From The Corner To The Block”
(2007). “Personalmente, me gustan todos los estilos en la historia de la música
de Nueva Orleans. Aunque los músicos y las bandas necesariamente se centran en
una parte determinada de la música, en la serie intentamos mostrarlo todo
–replica Leyh–. No creo que Galactic estén intentando combinar lo viejo y lo
nuevo, solo están cogiendo de todas las tradiciones musicales de la ciudad. Lo
mismo ocurre con The Brassy Knoll, nuestra banda ficticia. A McAlary le
apasionan las brass bands, el bounce y el hip hop, así que es natural para él
combinar todo eso. Nueva Orleans es una ciudad pequeña y la comunidad musical
es muy dinámica; hay muchos músicos que se ponen una máscara en una banda de
los indios del Mardi Gras y también interpretan bounce”.
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Elvis Costello: recordando la grabación de "The River In Reverse". |
Y
queda, claro está, la enorme cantidad de cameos de músicos que aparecen a lo
largo de la serie, interpretándose a sí mismos, ya sea en conciertos, en
grabaciones o con breves diálogos. La lista es sencillamente increíble, pero
ahí va una aproximación de los más destacados: Kermitt Ruffins, Tremé Brass
Band, Coco Robicheaux (montando el pollo, y nunca mejor dicho, al sacrificar a
un ídem en los estudios de la WWOZ como parte de una ceremonia vudú), Trombone
Shorty, Galactic, Elvis Costello y Allen Toussaint (durante la grabación de su
disco conjunto “The River In Reverse”, de 2006), Dr. John, John Boutté, McCoy
Tyner, Ron Carter, Donald Harrison, Pine Leaf Boys, Dumpstaphunk, Terence
Blanchard, Cassandra Wilson, Jon Cleary, Lloyd Price, Irma Thomas, Dave
Bartholomew, Christian Scott, Bonerama, Dirty Dozen Brass Band, The subdudes,
Mem Shannon, Shawn Colvin, Big Freedia, Walter “Wolfman” Washington, John Hiatt, Henry
Butler, Cyril Neville, Chris Thomas King, Iguanas, Lucinda Williams…
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Dr John: presencia inevitable. |
Esta apabullante
selección, cómo no, responde también al rigor “histórico”, al incluir
únicamente a artistas que realmente estuvieran en la ciudad en ese período
post-Katrina. “Sí, solo se utilizan a músicos que estuvieran realmente
presentes en esa época. Es una manera sencilla de mantener la ‘autenticidad’ de
la historia”. El colmo de la obsesión por reconstruir lo que pasó realmente se
puede ver en el último capítulo de la segunda temporada, ambientado durante la
celebración del New Orleans Jazz & Heritage Festival, con conciertos de
Lucinda Williams y The Iguanas. “Ambos tocaron realmente en 2007, pero
recreamos sus conciertos para la serie”. Impresionante.
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John Boutté, la voz de Nueva Orleans. |
Por
último, y no por ello menos importante, no puede olvidarse el brillante tema
principal que abre la serie, “Treme Song”, interpretado por un (hasta el momento)
desconocido John Boutté. Una canción incluida en su álbum “Jambalaya” (2003) y
que ahora, con la fuerza de las imágenes documentales de la careta, cobra una
relevancia especial que, además, encaja perfectamente con el espíritu de la
serie. John es hermano de la cantante de jazz y gospel Lillian Boutté, y es un
ejemplo del carácter único de la ciudad, al albergar una pléyade de dinastías
familiares de músicos: Marsalis, Andrews, Neville, Batiste… Leyh nos da una
primicia: “Actualmente estoy produciendo su nuevo álbum. Creo que es ‘La voz de
Nueva Orleans’ y uno de los cantantes norteamericanos actuales con más talento.
Supimos desde el primer momento que ‘Treme Song’ era la canción perfecta para
la serie”.
Aprovechando
el tirón de la serie, se han organizado diversos conciertos benéficos. El 28 de
agosto de 2010, en el quinto aniversario del Katrina, diversos artistas asociados
con la banda sonora -John Boutté, Irma Thomas, Kermit Ruffins, Lloyd Price, Jon
Cleary, James Andrews, Coco Robicheaux, Paul Sanchez, Rebirth Brass Band y
Mardi Gras Indians, entre otros- actuaron en el House Of Blues de Nueva Orleans
en el espectáculo "A Night Of Treme”, a beneficio de la fundación Make It Right, para apoyar su programa de construcción de casas seguras y sostenibles
para las familias del distrito noveno que lo perdieron todo. El show sirvió
también como avance de la banda sonora.
Posteriormente,
el 12 de febrero de 2011 se montó otro concierto con The Pfister Sisters, John
Boutté, Tom McDermott, Matt Perrine, Washboard Chaz, Glen David Andrews y
varios actores de la serie, cuyos beneficios se destinaron a la New Orleans Musician's Clinic y The Roots Of Music. Y actualmente está en marcha una gira denominada
“A Night In Treme”, con una formación cambiante de músicos de Nueva Orleans que
incluye a Rebirth Brass Band, Donald Harrison y Glen David Andrews, entre otros.
“Una de las consignas específicas de la serie ha sido ayudar a la comunidad
musical de Nueva Orleans de cualquier forma que pudiéramos. Utilizamos música
controlada por artistas locales siempre que sea posible como una manera
específica de devolver el dinero a la economía local”: las palabras de Leyh
corroboran, nuevamente, que “Treme” no es una producción más que se aproveche
de una localización atractiva, sino que tiene entre sus objetivos formar parte
de la vida de su comunidad.
Con
todo, es inevitable que haya generado el merchandising habitual, en este caso
con la edición de la banda sonora y el DVD de la primera temporada. Es una
lástima que la gran cantidad de excelente material musical filmado ex profeso
para la serie no se incluya en los DVDs –en cambio, pueden descargarse previo
pago en iTunes–. Pero está claro que, cuando termine esta producción (tenga
tres, cinco o las temporadas que sean), debería publicarse una caja con varios
CDs –algo similar a “Doctors, Professors, Kings & Queens: The Big Ol' Box Of
New Orleans” (2004), por ejemplo-, que recogiera todas las canciones que han
sonado a lo largo de sus capítulos. Por desgracia, no hay planes de hacer algo
parecido, según confiesa Leyh: “Todo es una cuestión económica. La gente ya no
compra discos, y es un reto incluso editar la banda sonora de la serie.
Personalmente, me encantaría ver una enorme caja con la música de la serie,
pero no sé si eso pasará”.
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Treme: Fear, Hate, Envy, Jealousy (4)
Muchos
se llenan la boca diciendo que “Treme” es una serie coral, pero no lo es en el
sentido lineal de una película de Berlanga, por ejemplo, sino que toma el
modelo más enrevesado inaugurado por “Vidas cruzadas” (Robert Altman, 1993),
con personajes que, por un motivo u otro, se interrelacionan e interactúan a lo
largo de los episodios, aunque se cuenten sus peripecias en paralelo.
Una de
las muestras más evidentes de la obsesión por la autenticidad que impregna
todas las producciones de David Simon la encontramos en el hecho de que muchos
de los protagonistas de la trama están inspirados en personas reales, algunas
de los cuales se han convertido en asesores de la serie. Aquí tenemos una lista
de los principales personajes de “Treme”:
Antoine Batiste: músico a pesar de todo |
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Davis (en el centro), grabando su álbum. |
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Janette Desautel: el arte gastronómico de Nueva Orleans. |
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Creighton Bernette: la revolución será televisada... en YouTube. |
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Albert Lambreaux: orgullo indio. |
Delbert Lambreaux: nouveau swing. |
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Harley y Annie: ganándose la vida en las calles. |
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1/10/11
Treme: My Darlin' New Orleans (3)
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"The Big Easy", la serie |
“Treme”
no es la primera producción televisiva ambientada en Nueva Orleans, con música
y corrupción policial como telón de fondo. En este sentido, no se puede olvidar
“The Big Easy” (1996-97; emitida en TV3 como “The Big Easy. Corrupció a Nova
Orleans”): la serie, basada en la película del mismo título de Jim McBride de 1987
(retitulada en España “Querido detective”), duró dos temporadas de veintidós y
trece episodios, respectivamente, y su tema principal estaba compuesto por el
recientemente desaparecido Wardell Quezergue y Chief “Smiley” Ricks.
Pero lo
que mucha gente no sabe es que “Treme” no es la primera serie grabada (y
ambientada) en el Nueva Orleans post-Katrina. El honor se lo lleva “K-Ville”
(abreviatura de Katrinaville), una producción de la Fox de 2007, centrada en la
acción policial tras el paso del huracán. Fue un fracaso: solo duró una
temporada e incluso alguno de los inicialmente previstos trece episodios no se
llegó a emitir, hasta que en mayo de 2008 se anunció oficialmente su
cancelación. “K-Ville” no gustó nada en la ciudad, entre otras cosas, por no
reflejar fielmente la realidad. Sin embargo, Eric Overmyer, cocreador de
“Treme”, escribió un extenso mail donde defendía esa serie.
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"K-Ville": el fracaso |
Eso sí,
“K-Ville” pretendía cuidar mucho el aspecto musical y ser “auténtica”. Pero una
cosa son las intenciones y otra los resultados: el tema principal era la
canción “Comin’ Back”, que tomaba como base "Wade: Hurricane Suite:
Aftermath" de Dr. John, perteneciente al álbum “Sippiana Hericane"
(2005) … añadiéndole el rap de un tal Bombay, para hacerla más asequible a
todos los públicos y no caer en la trampa de un sonido supuestamente “demasiado
localista”.
Y
llegamos a la serie creada por David Simon y Eric Overmyer. El origen de
“Treme” se remonta a varios años atrás. En el making of incluido en la edición
en DVD de la primera temporada, Simon explica: “Eric y yo queríamos hacer una
serie en Nueva Orleans incluso antes del Katrina. Teníamos la idea de grabar
una serie que tratara sobre la cultura musical de la ciudad, entre otras cosas.
Por supuesto, la tormenta le dio mayor impulso a ese proyecto”.
La
acción de la primera temporada de “Treme” transcurre tres meses después del paso
del Katrina, con las calles aún tomadas por el ejército, coches abandonados,
casas destrozadas, problemas en el suministro de agua, gas y electricidad,
dificultades para subsistir económicamente, problemas con la sanidad pública y
las compañías de seguros… Y en medio de ese panorama, la música surge como
tabla salvadora para levantar el orgullo de una comunidad que no se da por
vencida. Con un total de diez capítulos, esta primera temporada se abre con un
piloto de ochenta minutos que presenta a los principales personajes, y se
cierra con otro de similar duración con un flashback que explica lo que les
pasó al huir de la ciudad antes de la llegada del Katrina.
Contrariamente
a los rumores según los cuales la segunda temporada supondría un retroceso en
el tiempo para contar la vida de los protagonistas antes del paso del huracán,
la acción de esta se inicia catorce meses después, el 1 de noviembre. La
historia incorpora varias subtramas importantes a lo largo de once capítulos:
la corrupción policial y política, el regreso del crimen a la ciudad y la
especulación urbanística -temas que se traducen en la incorporación de nuevas caras:
el policía Terry Colson (David Morse), quien de hecho aparecía brevemente en la
primera temporada, y el especulador texano Nelson Hidalgo (Jon Seda), dispuesto
a todo para lucrarse a costa de la desgracia ajena–. Pero, sobre todo, irrumpe la
violencia, que se ceba en los personajes y los golpea brutalmente: así, vemos
como son víctimas de asaltos, violaciones, allanamientos de morada e incluso
tiroteos mortales. Las localizaciones también se amplían, y la ciudad de Nueva
York cobra una especial relevancia de la mano de algunos de los protagonistas
“desplazados” allí.
Si
comparamos ambas temporadas, nos encontramos con un problema: la primera tuvo
un final tan espléndido, cerrando todas las historias paralelas, que podría
haber terminado allí sin necesidad de una continuación. Así, la segunda
temporada, aunque nos proporciona el placer de contemplar la evolución de los
personajes, y a pesar de conservar unos niveles altísimos de calidad y
autenticidad, pierde algo de fuelle cuando se adentra en tramas policiales y se
convierte en otro drama criminalístico del montón. Curiosamente, la resolución
de esta segunda temporada es tan cerrada como la de la primera, con lo que la
serie corre el riesgo de alargarse innecesariamente, por mucho que tenga el
prestigioso sello de David Simon.
"Treme": carácter documental |
Se ha
discutido mucho sobre cuál es la historia principal de “Treme”. En el fondo,
responde a ese axioma clásico según el cual la creatividad se agudiza e
incrementa en situaciones de escasez de medios o falta de libertad y, por eso, y
por extraño que parezca en los tiempos televisivos intrascendentes que corren, la
trama trata más sobre la recuperación de la cultura de la ciudad (no solo la
música en sus diferentes usos; también la gastronomía, otro de sus grandes
valores) que sobre la recuperación de las casas que el viento y el agua se
llevaron. Eso no excluye el carácter documental de las imágenes, llevado a
extremos enfermizos en pos del rigor: al tono documental de las escenas
callejeras hay que sumar la labor de ambientación, al recrear barrios demolidos
que hoy ya están reconstruidos… o casi. La verosimilitud es muy fácil de
comprobar: basta con hacer una búsqueda en YouTube para encontrarse escenas
reales (musicales, básicamente) que parecen recién salidas de la pantalla del
televisor… ¿o es al revés?
Aparte
de la impecable supervisión de David Simon, no podemos olvidar la participación
en este proyecto de grandes guionistas como el escritor George Pelecanos, y de
reputados directores como el ex colaborador de Spike Lee, Ernest Dickerson, y
el también actor y cantante Tim Robbins.
Por
último, el éxito de la serie “Treme” ha originado la creación de diversos
documentales, como “Tremé Life”, un filme de James Demaria aún pendiente de
estreno, protagonizado por los vecinos reales del barrio y con la
participación, entre otros, de Kermit Ruffins, y “Bury The Hatchet” (Aaron
Walker, 2010), sobre los indios del Mardi Gras, que podrá verse en la próxima
edición del festival Beefeater In-Edit de Barcelona.
En Estados
Unidos, la primera temporada de “Treme” se estrenó el 11 de abril de 2010 y,
tan solo dos días después de la emisión del primer capítulo, HBO anunció su
renovación para una segunda, que llegaría el 24 de abril de 2011. En mayo de
este año se confirmó que se filmaría una tercera temporada. Esto es lo que está
asegurado hasta el momento, aunque en declaraciones a ‘The Wall Street Journal’,
Simon explicó su intención de llegar a las cinco temporadas, que culminarían
con el desastre de BP en el Golfo de México y la Superbowl.
En
España la primera temporada la estrenó TNT el 2 de mayo de 2010, y la segunda
se ha estrenado el 25 de septiembre de 2011.
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Treme: Ain't Got No Home (2)
El huracán
Katrina asoló Nueva Orleans a finales de agosto de 2005: el ochenta por ciento
quedó inundado cuando los diques de contención del lago Pontchartrain cedieron.
Balance: más de 1.800 muertos, con 182.000 edificios completamente destruidos y
cerca de medio millón de viviendas con daños.
En
2010, durante la visita que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama,
realizó a la ciudad en el quinto aniversario de la tragedia, aseguró en un discurso
que Nueva Orleans se ha convertido en un “símbolo de resistencia y de sentido
comunitario”. Y habría que añadir: “y en una explosión de creatividad”.
El 21
de agosto de 2010, Andrea Aguilar escribía en ‘El País’ un artículo titulado
“El Katrina como una de las bellas artes”, donde explicaba cómo la tragedia
había inspirado series, documentales y libros… eso, sin contar con la
innumerable cantidad de discos de tributo para recaudar fondos y los álbumes
con canciones relacionadas. Desde el punto de vista literario, podemos destacar
el libro de Dave Eggers “Zeitoun” (Mondadori, 2010) y la obra de teatro de Rob
Florence “The Hurricane Katrina Comedy Festival” (2010).
En el
terreno del documental, habría que citar títulos como “Faubourg Tremé. The Untold Story Of Black New Orleans” (Lolis Eric Elie y Dawn Logsdon, 2008); “Trouble The Water” (Tia Lessin y Carl Deal, 2008), nominado al Óscar; y, claro está, el
ambicioso y monumental “When The Levees Broke. A Requiem In Four Acts” (Spike
Lee, 2006), realizado para la HBO. Para la misma cadena, el director
afroamericano volvió a Nueva Orleans para dirigir una especie de secuela, “If God Is Willing And Da Creek Don't Rise” (2010), donde retomó a algunos de los
personajes varios años después.
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Treme: Going Back To New Orleans (1)
Agosto de 1992.
Estoy desayunando
en el comedor del Hotel Le Meridien, en el 614 de Canal Street. Como dicen los folletos, "a
deluxe hotel located in the heart of the business district at the entrance to
the French Quarter". Sí, la
descripción es exacta: solo tengo que cruzar la calle para adentrarme en
Bourbon Street y perderme por el Barrio Francés de Nueva Orleans. Mientras
apuro mi café, se me acerca una camarera afroamericana, y señalando mi camiseta
(una del Festival de Jazz de Barcelona cuya edición no recuerdo) me dice que,
si me gusta “ese tipo de música”, debo escuchar una emisora. Coge una tarjeta
del hotel y escribe en el reverso: "Radio Station WWOZ 91.7 FM 90.7 FM".
Desde ese verano
fatídicamente olímpico le han ocurrido muchas cosas a Nueva Orleans: trece años
después, también en agosto, el paso del huracán Katrina dejaría graves secuelas
en la ciudad, y muchas de sus calles –incluso Canal Street- acabaron inundadas.
El hotel Le Meridien ya no existe y su lugar lo ocupa actualmente el JW
Marriott New Orleans. Afortunadamente, la WWOZ aún emite, e incluso la llevo
sintonizada en mi iPhone.
Sé que para muchos será
difícil de entender, pero mi viaje a la ciudad criolla supuso para mí un cambio
personal como el que dicen experimentar quienes van a la India: desde ese
momento, mi visión de lo que era la música se trastocó por completo, y durante
muchos años me dediqué a zambullirme en el crisol estilístico de Louisiana,
descubriendo talentos inimaginables de rhythm’n’blues, funk, zydeco, cajun, jazz,
rock’n’roll… la mayoría de ellos
ninguneados y despreciados por la industria musical y la prensa
especializada de este nuestro fantástico país.
Y
entonces llegó “Treme”, una serie que, de no haber sido una obra de los
creadores de la sobrevalorada “The Wire”, habría pasado totalmente
desapercibida en España. Y ahora, de repente, todos los críticos son expertos en la música
de Nueva Orleans cuando antes la despreciaban o sencillamente la ignoraban.
Bueno, amigos, dejadme deciros algo: “Treme” es LA SERIE que llevaba años
esperando.
Y es
ahora cuando las palabras que me regaló Willy DeVille (en una entrevista que
algún día verá la luz en este blog) cobran un verdadero sentido: “Definitivamente,
Nueva Orleans no es como América. Es un lugar donde van todos los criminales,
los que se esconden de la policía, los piratas… Todos los marginados y los
artistas van allí. Es una ciudad muy excéntrica, la gente está loca; pero no
les preocupa. Solo quieren tomar una copa, tocar música y pasar un buen rato”.
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28/9/11
75 años con Jerry Lee y sus bolas de fuego
Mañana, día 29 de septiembre (mi onomástica, por cierto),
Jerry Lee Lewis cumple 75 años. Él es y será para mí el verdadero Rey del Rock.
Lo demás son imitaciones burdas para complacer a las masas (va por ti, Elvis).
La mejor manera de celebrar el cumpleaños del señor Bola de
fuego es con un montaje de actuaciones de su mejor época, la década de los
cincuenta y los sesenta. Felicidades, maestro.
recordando a Miles, la gallina de los huevos de oro
Cuando la dama de la guadaña se lo llevó, más de un
programador de festivales debió sufrir un colapso al ver desaparecer a una de
las gallinas de los huevos de oro más rentables. Miles Davis pertenecía a esa
categoría de músicos que llenan recintos año tras año, eso sí, sin repetirse
nunca.
Para reniego de los puristas que se la cogen con papel de
fumar, Miles se desmarcó del tradicionalismo, para demostrar que el jazz es una
cosa viva que se nutre de constantes aportaciones (el funk y los ritmos urbanos
en su caso), y creó un sonido que, siendo maliciosos, podríamos decir que
sobreviviría perfectamente sin su trompeta.
Producido por el propio Miles durante los conciertos de su
última época (del 88 al 90), en ciudades como New York, Roma, Montreux y Osaka,
Live Around The World (Warner, 1996) recoge algunas de sus mejores
interpretaciones en directo. En la mayoría de los cortes, se acompaña de una de
sus mejores formaciones, con el saxo Kenny Garrett, el excéntrico
bajista/guitarrista Foley, y el batería Ricky Wellman, procedente de los Soul
Searchers del pope Go-Go Chuck Brown.
Fiel retrato de lo que el trompetista
ofrecía en vivo, el disco incluye blues à la Miles (New Blues), dignificaciones
de pop de derribo (el Time After Time de Cindy Lauper o el Human Nature del
bobo Jackson, desfigurado hasta alcanzar la excelencia), y funk irresistible (Intruder,
Wrinkle, Full Nelson).
Está muy bien que un artista siga editando discos después de
muerto pero, puestos a rescatar grabaciones de Miles, ¿qué me dicen de sus
colaboraciones con Prince? Como esta, por ejemplo...
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